Párate a pensar. ¿es lógico? invertir cerca de millones de euros en un dispositivo de alta gama, con un diseño milimétrico y una ingeniería de vanguardia, para acabar envolviéndolo en una funda de silicona de tres euros de baja calidad. comprada en cualquier tienda, con el consiguiente riesgo que ello conlleva?
Estoy cansado de ver como cientos de usuarios compran el último y flamante iPhone, uno de los nuevos teléfonos ‘Ultra’ de Android o cualquier tope de gama, con su correspondiente sistema de refrigeración o disipación de calor y lo envuelven con una funda plasticosa de tres al cuarto.
Aunque una simple vista parezca una decisión inofensiva que solo afecta a la estética cuando el plástico empieza a amarillear, la realidad es que una funda de mala calidad puede convertirse en el peor enemigo de tu teléfono móvil.
Los problemas de las fundas de baja calidad
El principal problema de estas fundas baratas radican en los materiales y en la absoluta falta de precisión durante su proceso de fabricación. Los fabricantes de accesorios certificados realizan pruebas de conductividad térmica y ajustes mecánicos rigurosos, algo que brilla por su ausencia en los productos de bajo costo que inundan el mercado. Esto genera una serie de riesgos invisibles que afectan directamente al funcionamiento interno y que, a largo plazo, pueden derivar en averías caras que ninguna garantía oficial cubrirá, al considerar un daño derivado del uso de accesorios no homologados.
Pero, el mayor peligro de estas fundas baratas es como evitan que el propio smartphone disipe el calor.
Los procesadores modernos generan una cantidad ingeniosa de energía térmica cuando jugamos, grabamos vídeo en alta resolución o utilizamos protocolos de carga rápida. Por eso, los teléfonos están diseñados para disipar ese calor a través de su chasis, ya sea de aluminio, cristal o titanio, exponiendo la superficie al aire.
Y es aquí donde una funda de silicona barata, fabricada con una baja porosidad y sin cámaras de aire internas, actúa como un aislante térmico perfecto. Es como ponerle un abrigo de lana al móvil en pleno agosto.

¿Y qué pasa cuando el calor no puede salir? Que el móvil arde. En términos más técnicos, el dispositivo experimenta lo que técnicamente conocemos como Thermal Throttling o estrangulamiento térmico. Lo que sucede es que el sistema operativo, para evitar que los componentes se fundan, reduzca la sobrecarga del procesador.
Es por eso que empezarás, no solo a nota que el móvil se calienta más de lo normal, sino que funcionará a tirones, tendrá una lentitud extrema y acabarás usando un teléfono con una experiencia de usuario frustrante que, por desconocimiento, acabarás achacando al propio teléfono.
Pero lo más grave no es el rendimiento inmediato, sino el daño silencioso a la batería. El calor persistente acelera la degradación química de las celdas de litio, reduciendo su capacidad máxima y su vida útil en cuestión de meses.
Además, las fundas económicas suelen tener un ajuste pobre, dejando holguras donde se filtran granos de arena o polvo. Al no contar con materiales de calidad como forros internos de microfibra, estas partículas actúan acaban tapando conectores y arañando la carcasa del teléfono.
Así que ya sabes, pasa de esas fundas de 3 euros e invierte un poco más en tu teléfono.
