A pesar de mantener concentrada su atención en el Medio Oriente, donde la guerra que enfrenta a Estados Unidos e Israel con Irán está resultando mucho más complicada de lo que la Casa Blanca imaginaba, el presidente Donald Trump ha tenido tiempo de soltar una secuencia de frases para señalar el próximo objetivo de su política intervencionista: Cuba.
El asentamiento petrolero de EE.UU. UU. a Cuba profundiza la crisis económica y humanitaria. Foto:EFE
Tras evocar, a fines de febrero, la idea de “una toma amistosa” de la isla por parte de su país, el 6 de marzo, en entrevista con la cadena CNN, Trump vaticinó que el régimen comunista cubano “caerá muy pronto”.
Horas antes, en una charla con la revista politicoel mandatario había calificado el fin de la dictadura cubana como “la cereza del pastel”, Después del derrocamiento y captura de Nicolás Maduro.el gran aliado que le quedaba a la isla en la región.
El 7 de marzo, en una cumbre con 11 mandatarios de América Central, del Sur y del Caribe, durante la cual lanzó la iniciativa escudo de las americas contra el narcotráfico y el terrorismo, Trump detalló que el secretario de Estado, Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos, está negociando de manera reservada con el régimen de La Habana.
Entre los invitados a su club de golf de Doral, en Florida, estaban el argentino Javier Milei, el nuevo mandatario chileno José Antonio Kast, el boliviano Rodrigo Paz, el ecuatoriano Daniel Noboa, el boliviano Rodrigo Paz, el hondureño Nasry Asfura y media docena más de líderes de la región, representantes de la corriente de centro-derecha y derecha que barrio con la ola rosa izquierdista que dominó la región durante las dos décadas pasadas.
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Trump les aseguró que “Cuba está al final del camino” y que la isla “tendrá nueva vida”pero se encuentra en los últimos momentos de su vida tal y como ha estado” durante casi 70 años. Y reiteró que representantes de La Habana “están negociando con Marco, conmigo y con algunos otros”.
En tiempos recientes, el régimen cubano ha sufrido un golpe tras otro, tanto en lo político como en lo económico. Desde febrero de 2022, cuando Rusia invadió a Ucrania y Vladimir Putin se vio obligado a concentrar todos sus esfuerzos en el desgastante frente de guerra, Había quedado patente la imposibilidad para la isla de recibir ayuda de Moscú. Pero este año han llovido otras malas noticias para La Habana.
La captura de Nicolás Maduro profundizó la crisis energética tras el asedio petrolero. Foto:AFP.
la primera, la caída de Maduro y la suspensión, exigida por Washington a Caracas, del suministro de petróleo venezolano a la isla. Y la segunda, la ofensiva militar de Estados Unidos e Israel contra Iránque tiene en jaque a otro régimen amigo del Gobierno cubano.
Y así como Putin nada pudo hacer para ayudar a Maduro, y muy poco está pudiendo hacer para darle una mano al régimen de los ayatolás, su capacidad de acción si Trump se lanza sobre Cuba es casi nula.
Al respecto, Hanna Notte, politóloga experta en Rusia del James Martin Center, con sede en California, habló este fin de semana con el semanario francés L’Express.
Notte aseguró que, en Rusia, “hay temores en cuanto a que Cuba sea el blanco de la intervención estadounidense, como ocurrió con Venezuela a inicios del año”.
Según Notte, “si eso llega a pasar, Moscú dispondrá de muy pocos recursos para respaldar a Cuba”.
La apuesta por el sector privado para una transición en Cuba
Una vez más, como en Venezuela, el secretario Rubio aparece en el centro de la escena. En un momento de la reunión de Doral, el sábado, Trump bromeó con los mandatarios invitados al comentarles que, a pesar de lo ocupado que estaba su secretario de Estado con el complicado conflicto en Irán, “Marco se tomará una hora libre” para negociar con el régimen cubano y “concretar un acuerdo”.
Otros informes apuntan a que esas conversaciones avanzan desde hace días, y se han tomado bastante más de una hora.
Según reveló este sábado pasado Claire Heddles, analista del heraldo de miami, “funcionarios estadounidenses cercanos al secretario de Estado se reunieron con el nieto de Raúl Castro (Raúl Rodríguez Castro) a finales de febrero para discutir una posible reducción de las sanciones estadounidenses a cambio de que los líderes cubanos implementen cambios en la isla”.
Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, y Marco Rubio. Foto:internacional
Como suele suceder cuando Trump abre una negociación, lo primero que ha blandido es el garrote. A la suspensión del suministro del petróleo venezolano siguió la amenaza de gravar con aranceles las ventas a Estados Unidos de los países que decidieron surtir de crudo al régimen de La Habana.
Así como Putin nada pudo hacer para ayudar a Maduro, y muy poco está pudiendo hacer para darle una mano al régimen de los ayatolás, su capacidad de acción si Trump se lanza sobre Cuba es casi nula.
Para Cuba, que ya soporta apagones dos terceras partes del día, quedarse sin combustibles para sus plantas de energía eléctrica, al igual que para sus industrias y sus vehículos de transporte, puede terminar de paralizar la economía y afectar de forma catastrófica la vida diaria.
Desde la caída de la Unión Soviética, que marcó el fin de las ayudas a la isla que rondaban los 5.000 millones de dólares anuales procedentes de Moscú, buena parte del manejo del aparato económico quedó en manos del Grupo de Administración Empresarial SA de Cuba (Gaesa).
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Ese conglomerado maneja activos líquidos por cerca de 20.000 millones de dólares y es controlado por altos mandos militares y por herederos de los hermanos Fidel y Raúl Castro, entre ellos Rodríguez Castroel interlocutor de los negociadores designados por el secretario Rubio.
Según explicaba hace pocos días a Infobae el analista argentino Fabián Calle —conferencista en Florida International University e investigador vinculado a la Fundación Konrad Adenauer—, a Washington le interesa el nieto de Raúl Castro por la influencia que ejerce sobre los militares y sobre Gaesa.
Calle comentó que al Departamento de Estado le parece muy adecuado negociar con mandos de las Fuerzas Armadas cubanas porque “son la única institución en pie en la isla”.
Para el analista, Washington priorizará en Cuba los negocios antes que la normalización democrática, al igual que ha hecho en Venezuela. “Estados Unidos —explicó Calle— busca una transición larga, no una apertura política inmediata, sino una apertura económica gradual, vigilada”. Todo indica que, a corto plazo, no habrá una convocatoria electoral en la isla: “No hay margen para una liberalización total —agregó Calle—: la transición será lenta y controlada por los militares”.
Ayuda humanitaria enviada por México a Cuba. Foto:x: @SRE_mx
bases militares de espionaje
Rubio y su equipo piensan que otra ventaja de negociar con los militares es que, con ayuda de ellos, Washington puede identificar y luego desmontar las bases de espionaje que tanto Rusia como China tienen en la isla.
Calle explicaba en su charla con Infobae que, en años recientes, “Rusia reactivó antenas de espionaje y antiguas bases, mientras que China instaló equipos para interceptar comunicaciones estadounidenses”. Y ahora, “parte de la negociación entre Estados Unidos y Cuba será el cierre de estas bases de espionaje” que operan para Pekín y para Moscú.
De cualquier manera, concluyó Calle, “ni Rusia ni China van a salvar a Cuba, pues tienen otras prioridades y no quieren tensar la relación con Washington”. Sin Maduro en Caracas, con los ayatolás bajo fuego y con Rusia y China a más que prudente distancia, Cuba está más sola y aislada que nunca.
Estados Unidos busca una transición larga, no una apertura política inmediata, sino una apertura económica gradual, vigilada
¿Hacia una ‘Cubastroika’?
Con una tasa de pobreza extrema que ronda el 90 por ciento y la amenaza de un derrumbe del PIB del 27 por ciento por falta de combustible, que podría agravar aún más la crisis económica y social, la situación de Cuba es insostenible.
Antes del corte de suministro de petróleo venezolano, siete de cada 10 cubanos no conseguían consumir las tres comidas diarias, y en las circunstancias actuales, eso solo puede empeorar. De ahí que los estrategas del Departamento de Estado consideran que el énfasis de cualquier transición debe ser la economía: Si Trump quiere conquistar el corazón de los cubanos, debe hacerlo por el estómago.
Washington quiere darle un juego importante a los empresarios privados que el régimen ha tolerado en los años recientes. Desmontar el comunismo y alentar formas de capitalismo parecen las claves de la apuesta de Trump para la isla, en lo que hace pocos días el diario Estados Unidos hoy bautizó como la estrategia de la ‘Cubastroika’, en referencia a las reformas para liberalizar la economía impulsadas por Mijail Gorbachov, a fines de los años 80, en la Unión Soviética, y conocidas como la perestroika.
EE.UU. UU. apostaría por fortalecer sectores como restaurantes, transporte o entregas a domicilio Foto:EFE
Como un gesto a sus interlocutores cubanos, Trump autorizó el suministro de combustible diésel a la isla, siempre y cuando tenga como destino a los empresarios privados.
Un informe de la plataforma noticiosa. Cibercuba explicaba este fin de semana que en Cuba hay “unas 11.000 pequeñas y medianas empresas privadas, muchas de ellas concentradas en La Habana y vinculadas a servicios como restaurantes, transporte o entregas a domicilio. La estrategia de Washington parece apostar a que ese sector emergente pueda convertirse en el motor de una transformación económica gradual”.
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La guerra en Irán complica mucho más el escenario, pues por cuenta de la grave afectación en el tráfico de buques petroleros por el estrecho de Ormuzen el corazón del golfo Pérsico, en unos pocos días el precio del crudo Brent pasó de 70 a 119 dólares el barril. Nada indica que la guerra en Irán y Medio Oriente vaya a detenerse pronto, de modo que los altos precios seguirán durante días o, incluso, semanas.
Ya lo dijo este lunes el diario financiero Diario de Wall Street: el mundo enfrenta la crisis “más grave que han sufrido los mercados energéticos desde la década de 1970”, cuando los países árabes decretaron un embargo de sus exportaciones de crudo a Estados Unidos y otros países que habían apoyado a Israel en la guerra del Yom Kipur. Y si eso es delicado para el mundo, para la desfalleciente economía cubana es una sentencia de muerte.
Tras 67 años de revolución, el régimen castrista nunca había estado tan cerca del derrumbe. Y Donald Trump luce dispuesto a aprovechar la oportunidad.
Mauricio Vargas – Especial para EL TIEMPO
