Veníamos de siete años de sequía. Tocaba una ración de maná. Por fin ha llegado, después del séptimo y el octavo, Espejismo Nº 9 de 091, editado por Universal. Sabías que «Piezas de desguace» nos emocionaría, desde el comienzo de arpegios orgánicos, las guitarras acústicas, el recuerdo del tiempo, el iluminado, el vagagundo del Dharma nunca acaba de marcharse del todo, solo necesita un poco de tiempo para tomar aire. Juegos de voces que vuelven al cementerio de automóviles: marcas y modelos que ya no se fabrican. No hay manual de instrucciones para la vida. Es cuestión de intuición, ya lo suponíamos. Poderosa energía en «Nadie quiere oír tu llanto». Es una escuela con unas pocas lecciones básicas, las de Pablo Collins y El choquey así, un tipo como Pablo se acercaba a la frontera, cogido de la mano de Jaime. Leyendo a Dennis Johnson y sus ángeles derrotados, nos damos cuenta de que no hay nada como electrificar un tema de Los Amaya para capturarle un beso a Juana, veníamos aquí para entender que nadie puede imitar a los 091aunque no queden cocodrilos, el charol de las botas es cómodo. Como el buen vino, la batería deja una semilla que germinará hacia el cielo, escucho «Va vestida de nube», el medio tiempo que retoma la sed bíblica como alivio para el paso del tiempo. No te marchas hasta Mojave si tienes a los chicos que buscaban a proscritos cantando a los ojos pálidos y tristes (azul). Sigo, hacia el aceite de la mina, «Los cantes de la sinrazón» viene con ganas, 091 siempre tiene un espejo cerca, si no se reconoce, lo amenaza, hasta que las guitarras vuelven al redil.
La guitarra amenazante, el bajo que no deja muñeco con cabeza, y las voces de José Antonio y José Ignacio, ese empaste que nunca falla.
Un, dos, tres, si le metes a la batería un órgano, si la voz hace un garabato con letra firme, somos el recuerdo que queda, la espuma del último trago de cerveza de un gigante. Cristo y Lovecraft, el cocodrilo y el cruce de caminos. Me dejo llevar hasta «Dormir con un ojo abierto», fusión de blues, los devotos de la Virgen del Pantano estamos de enhorabuena, han publicado un nuevo libro de versos. No hay excusa para no chasquear los dedos en la madrugada, es tiempo de recordar que en mi barrio, en San Martín, recibimos instrucciones el primer día: chocolate, ron y mantenerse atento. Salva uno de los originales del profeta, nieve y crisálida, los 091 lo bordean en este tema. Esto sí que es un clásico, otro más.
El bajo de Jacinto Ríos aparece como un niño travieso, dejando claro que no está bien olvidar que la mayor parte de las revueltas terminaron con derrota sin que nadie se diera cuenta ni siquiera de que habían comenzado. Eso «Antes de que salga el sol», bien con la impronta de Los reemplazosde cuando los ochenta se echaron encima del rock con sus baterías poligonales y solo los que escucharon, entre sueños: «En la mañana tintineante, iré siguiéndote» pudieron sobrevivir. Los últimos profetas del pop tienen que darse cuenta de que los primeros evangelistas están muertos.así que solo queda Pequeño Richard grabando los filetes que le pagaba a lennonSanta Teresa con carmín, las mujeres que dejaron a Johnny efectivolas pastillas, los acordes pintados sobre la Biblia, todo suena a «Una revelación». Y cerramos, con el espíritu de Fernando Arbex sobrevolando todo, vigilando a unos de sus chicos favoritos, en la majestuosa «Puede que el tiempo», con la que el sabor de boca, el recuerdo de la sapiencia, nutritivo. Siempre 091. Majestuosa esta vuelta.
