Una gigantesca palabra preside el escenario del Liceu en el montaje que de Manon Lescaut -la de Puccini, no la de Massenet- trae Àlex Ollé a Barcelona, después de haberla estrenado en Frankfurt en 2019. La pandemia impidió que el Gran Teatre la programara con anterioridad. Pero ahí llega, del 17 de marzo al 1 de abril, justo a tiempo para dar la bienvenida a la primavera en seis únicas funciones protagonizadas por la extraordinaria soprano lituana Asmik Grigorian, la inolvidable Rusalka del verano pasado.
Cuatro letras de 7,2 metros de altura que simulan piedra pero están fabricadas con madera, hierro, gasa y plexiglás componen la palabra. AMARamor en ingles. Unas veces aparecen del derecho, otras del revés a lo largo de los primeros actos; semi ocultas, medio a oscuras… hasta revelarse por completo en el trágico final de esta ópera, la tercera de Puccini y la que supuso su primer gran éxito. Es el hilo conductor, un concepto que, explica el escenógrafo Alfons Flores, es puramente dramatúrgico, pues se sitúa claramente un favor de la protagonista.
Àlex Ollé conecta con las preocupaciones del siglo XXI, ofreciendo una reflexión sobre el amor, la identidad y los sueños de una generación que busca un lugar en el mundo.
Manon es a menudo tildada de egoísta, una femme fatal tan apasionada como calculadora, alejada, aparentemente, del modelo que heroína romántica que lo entrega todo y hasta enloquece por amor. Esto es, las heroínas que describiría a posteriori Puccini: Tosca, Mimì, Cio Cio san… Pero aquí conecta con las preocupaciones del siglo XXI, ofreciendo una reflexión sobre el amor, la identidad y los sueños de una generación que busca un lugar en el mundo.
“No juzgamos a Manon, sino que transmitimos sus sentimientos y decisiones”, dijo Flores durante la presentación, este miércoles, de este título en el Liceu. “Porque sería muy fácil simplificarla; en cambio, seguimos a una persona que intenta escapar de la miseria y de las situaciones extremas de forma ilegal, enfrentándose a un mundo que refleja la realidad de muchas personas inmigrantes de hoy”.
No juzgamos a Manon, seguimos a una persona que intenta escapar de la miseria de forma ilegal, enfrentándose a un mundo que refleja la realidad de muchas personas inmigrantes de hoy”.
Efectivamente, Ollé, uno de los directores de La Fura dels Baus, se ha sumergido en la novela homónima que el Abad Prevost escribió en 1731 y que da lugar al libreto de la ópera que Puccini estrenó en 1893 en el Teatro Reggio de Turín (tres años después llegaba al Liceu). Y ha comprobado, en esta ocasión, la traslación de la trama a la actualidad funciona como un reloj. “Plantea la figura de Manon como una metáfora del mundo actual, marcada por la promesa de felicidad inmediata y las tensiones entre la libertad personal, el deseo y la presión social”, advierte Ollé, para quien este será el último trabajo para el Liceu como artista residente del teatro de la Rambla.
Igual que la joven de Prevost / Puccini aparece atrapada por una sociedad moralista que le deja por única salida meterse a monja, la Manon de Ollé es una joven atrapada en un sistema que promete bienestar y éxito rápido, a menudo a costa de la propia libertad: Manon es captada en la estación de autobuses a su llegada a Occidente por el viejo y rico Geronte, para que rinda en el puticlub.
“Es una joven sin papeles que llega a Europa en busca de un futuro mejor. Una mujer con iniciativa, con ganas de comer el mundo. Pero su verdadero amor no es solo Des Griex, sino también el deseo de un futuro mejor al que no quiere renunciar”, explica Ollé. Quien asegura que contar con la soprano Asmik Grigorian es un lujo. “Es una de las mejores cantantes del momento, pero además es una actriz extraordinaria. Y para un director de escena, eso es lo mejor que puede suceder.
Es una mujer con iniciativa, con ganas de comer el mundo. Su verdadero amor no es solo Des Griex, sino también el deseo de un futuro mejor al que no quiere renunciar”
La soprano lituana se mostró especialmente emocionada por volver a interpretar el papel y hacerlo en Barcelona. “Manon Lescaut es casi como una hija para mí. La creamos juntos en 2019 y regresar con el mismo equipo y el mismo reparto, con los que ha crecido una amistad, es una sensación maravillosa”. No obstante, igual que ella crece y cambia, también su personaje lo hace, no en vano, resaltó, la propuesta escénica subraya también el carácter humano y complejo de Manon.
Y defendió la producción contemporánea por cuanto acerca la ópera al público actual. “Si queremos que el público de la ópera siga creciendo, necesitamos historias que pueda comprender y con las que pueda conectarse”. Para ella, los sentimientos que atraviesan la obra siguen siendo universales: “Son exactamente las mismas emociones que cuando fue escrita”.
Grigorian se está revelando como una soprano atómica, capaz de combinar en su carrera papeles de voz potente y poderosa con otros de carácter más liviano. Títulos esclavos con otros puramente italianos. Así, este verano aparecerá tres veces en el Festival de Salzburgo: debutará carmende Bizet, será la Lady Macbeth de la ópera de Verdi y la Senta de El holandés errante de Wagner… “Y Manon es otro papel que exige mucho, tanto vocal como emocionalmente. En realidad, llevar mi voz por direcciones opuestas o distintas contribuye a su salud ya mantenerla en equilibrio”, aseguró. Y agradeció el don que le permite llegar antes al agotación mental que al vocal.
Educada en la URSS -”algo que nunca olvidan en Estados Unidos, cuando canto en el Met”-, Grigorian es hija de cantantes líricos de categoría. Su padre, Gegham Grigorian, que intentó dejar la URSS sin éxito, hizo carrera en San Petersburgo, con Valery Gérgiev, y ha sido una de las voces a tener en cuenta en el propio Liceu. Tal como recordó el director artístico de la casa, Víctor García de Gomar, Geghan Grigorian cantó hasta 16 funciones en Barcelona, con papeles valientes que dejaron un gran recuerdo: desde 1996 participó en óperas como Fuerza del destino, Norma y Don Carlos.
“Todavía hoy hay muchos países en los que se educa a las mujeres para pensar que lo mejor que pueden conseguir en la vida es un marido rico -apuntó la soprano, volviendo a la cuestión de Manon-. Vivimos en un mundo que está cambiando, pero mi generación creció creyendo que todo lo que haces debe ser por los demás. Aprender que está bien hacer cosas por ti misma es un proceso que muchos aún no comprenden. En muchas culturas, sacrificarse por los demás se considera algo bueno y noble, mientras que buscar tu propio camino, como Manon, se juzga como egoísta. Sin embargo Manon elige seguir el amor verdadero en lugar de la seguridad de un matrimonio acomodado. ¿Qué es al final el amor real? Es la pregunta que plantea esta ópera”, concluyó la cantante, haciendo una reflexión sobre la autonomía, la ética y los desafíos en un mundo lleno de contradicciones y sociales.
La producción que el Liceu alquila a la Ópera de Frankfurt, también establece paralelismos con fenómenos contemporáneos como el culto a la apariencia o las influencia de las redes sociales, cuestionando la distancia entre lo que se muestra y la verdad de cada individuo.
El vestuario lo firma otro habitual del equipo de Àlex Ollé, Lluc Castells. Y el reparto lo completan el tenor Joshua Guerrero, como Renato Des Griex, si bien no está en forma para cantar el día de la première, por lo que ocupará su lugar Ivan Gingazov. Lescaut es Iurii Samiolov y Geronte di Ravoir es Donato di Stefano. Josep Pons dirige la orquesta, con un coro que, según cuenta Ollé, está muy activo en los dos primeros actos. La acción promete ser muy cinematográfica, “con una verdad y una naturalidad en la actuación que el público disfrutará”, aventura Ollé.
El de Manon en manos de Puccini es sin duda uno de los papeles más cinematográficos de la historia de la ópera. El compositor que se adentra en el verismo considera a Verdi el padre, pero no olvida que Wagner ya ha marcado el futuro de la ópera. Junto con Richard Strauss, Puccini marca el debut de las mujeres fatales que luego coparían el cine. Es la fascinación por la mujer libre, apasionada, valiente, que él tiñe con orquestaciones que pintan imágenes y con melodías que conmueven. Puccini anticipa el cine moderno y las bandas sonoras, mostrando a las mujeres como nunca antes en la ópera.
El público abonado a LiceuOPERA+ tendrá la posibilidad de ver el estreno digital de la función de Manon Lescaut de Giacomo Puccini en el Liceu el domingo 19 de abril (17 h).

