Y el espectador se puso de pie, aplaudió hasta desgastarse las palmas de las manos; bufanda al viento, sonrisas y abrazos. E incredulidad. Ni el más optimista de los madridistas, como Álvaro Arbeloa (“siempre somos favoritos”, dijo en la previa), se podía imaginar el 3-0 al Manchester City de Pep Guardiola en una primera mitad de ensueño del Real Madrid, fiel a su ADN ya su leyenda en la Champions por su pegada que supera cualquiera aritmética, con un Fede Valverde a lo Alfredo Di Stéfano marcando un ‘hat trick’ en apenas 21 minutos, con el último gol brotando de una acción Técnica que merece un párrafo y que recordó a Leo Messi, protagonista tantas veces sobre el césped del Bernabéu.
El fútbol, decía Guardiola, es imprevisible. Difícil, eso sí, que rosará tanta sorpresa. Nada fue lo que pareció en los primeros 12 minutos. El de Santpedor, que no daría al Madrid por ni muerto aunque lo certificase un forense, apostó por una alineación ofensiva y veloz, con Semenyo, Doku, Savinho y Bernardo Silva jugando de mediocentro. Y poco tardó en abrir en canal el centro del campo blanco.
Hasta en siete ocasiones en apenas 12 minutos los ingleses pisaron área con peligro y despertaron el runrún del Bernabéu. Doku le recordó a Trent lo que era la Premier, pero sus centros no encontraron artillero. Un tiro de Silva lo atajó Courtois y otro se fue rozando el palo. Quizás demasiado confiado el City, sin colmillo para marcar y sin dientes para morder al Madrid, los locales fueron sacudiéndose la presión y ganando confianza hasta que llegó el 1-0.
No le hace falta al Madrid ni triángulos ni cuadrados. Su fútbol brota solo de la materia prima. Courtois lanzó un pase al espacio a Fede Valverde, quien superó a su par y se embocó a la meta de Donnaruma. El portero italiano recordó los fantasmas del Bernabéu, que le persiguieron en aquella Champions de 2022 en la que se vino abajo con el PSG.
El uruguayo se lanzó un autopase y el meta reconoció la mano creyendo que estaba fuera del área. El capitán no perdonó la puerta vacía. Así iniciaba su mejor noche de blanco.
No reaccionó el City, frágil como en sus peores momentos del curso pasado, inconcluso en el juego, empequeñecido por el ímpetu de un Real Madrid que encontró piernas en Pitarch, Mendy o el propio Vinícius, más solidario que de costumbre. Él mismo inició la jugada del 2-0. Una escapada por la izquierda que acabó en Valverde, quien controló y resolvió de zurda de tiro cruzado con una facilidad pasmosa. No era una pierna, era un martillo. Y también un pincel, como en el gol del 3-0 en el minuto 41.
Valverde es instinto con una virtud que escasea, el golpeo. Es un ‘todocampista’ que en la previa ya asumía cualquier rol. Se desmarcó en el área en un ataque posicional del Madrid y recibió el pase suave y milimétrico de Brahim, sorpresa en la alineación. Era una jugada para un trapecista, no para una decatleta como él. Con un toque, hizo un sombrero de una ejecución técnica complicada y remachó con la derecha. El balón se elevó y cayó mansamente para convertir el Bernabéu en una sala de fiestas. Hasta Vinícius lo aupó mientras Guardiola regresaba al banquillo, cariacontecido con la que le estaba cayendo a su equipo.
El problema del City no se corrigió en la segunda mitad. Entró Reijners pero el Madrid se parapetó bien atrás, en un bloque de cemento de apenas 20 metros en el que Valverde se incrustaba en ocasiones como quinto defensor. Brahim y Vinícius pudieron incluso hacer el 4-0 en el minuto 47, pero Donnaruma desbarató la osadía, al igual que nueve minutos después. Un penalti a Vinícius, que recibió el pase de Güler, lo lanzó el brasileño con una paradinha como la de Lewandowski y lo despejó el portero italiano. El extremo pidió perdón. Nadie se lo tuvo en cuenta en el Bernabéu.
El banquillo del City parecía el camarote de los hermanos Marx, no paraban de levantarse asistentes a charlar con Guardiola, que se llevó las manos a la cabeza en el minuto 74 con una pérdida de Pitarch y un remate a bocajarro de O’Reilly. Pero surgió el pie derecho milagroso del que faltaba en el relato blanco en la Champions, Courtois.
El City se fue enmarañando en la nada y el Madrid mantuvo el ritmo pese a los cambios, empujado por un Bernabéu que se había olvidado de noches así. El City está en la lona, pero no muerto. Tampoco cualquier forense tendría la razón con un equipo de Guardiola.
