Resulta fascinante cómo el banco de españa ha convertido un episodio aparentemente menor de su propia historia, como la ampliación de su sede en los años treinta del siglo pasado por José Yárnoz, en un relato que, apoyándose en un deslumbrante ejercicio de … investigación y recuperación patrimonial, excede lo que lo motiva para acabar deviniendo trascendental respecto a muchos escenarios –algunos, a priori, inimaginables– que se deslizan de aquella actuación.
Ello es posible gracias al comisariado ya la institución, que asumió el propio edificio y la colección como una suerte de palimpsesto; Esto es, una suma de registros dispersos, pero facultados, según sean formulados, para arrojar luz sobre la Historia sin obviar incluso la crítica institucional.
Esta revisión del patrimonio nos lleva desde lo documental (planos, fotos o filmaciones) y la cultura material (colección artística, mobiliario, cartelería, señalética o numismática) a la cultura simbólica, a la transmisión de valores y arquetipos, tanto del organismo económico del país como de la ciudadanía, que, cuales alegorías, ocupan esas piezas.
Yárnoz, con la construcción del Patio de Operaciones y la Cámara del Oro, procuró una ‘gesamtkunstwerk’ (obra de arte total), ya que atendió a todos los aspectos del proyecto (desde el arquitectónico al de las artes aplicadas) y consideró para ese plan integrador y homogeneizador el ‘art decó’, surgido triunfante de la parisina Exposición de Artes Decorativas de 1925.
Escenario inesperado
He aquí uno de esos escenarios –digamos– inesperados, una muy pertinente revisión y recepción patria de este estilo a partir de numerosas fuentes, con fastuosos vitrales saturados de colonialismo. Sin desatender otros aspectos, el comisariado se centra en las vidrieras y en el portentoso ‘cielo vítreo’ del patio de operaciones del banco, desarrollados por el madrileño taller de Maumejean Hermanos en torno a 1932.
En las imágenes, foto de época de las estancias del Banco; ‘Trabajador en cadena de montaje’, fotografía de Antoni Arissa Asmarats; y placa fotográfica de modelos atribuidas a J. Viñas.
Este es el corazón de la propuesta, que alienta parte de los cinco ámbitos de la muestra: la iconografía de los sectores económicos del país (industria, pesca y campo) y la de sus trabajadores, definida como arquetipos heroicos y poderosos, fruto de la idealización, alegorías de un porvenir glorioso.
En definitiva, hagiografía visual que proyecta el poder, la oficialidad. Sin embargo, frente a ese ejercicio de construcción identitaria y de enunciación del ‘exemplum virtutis’ proyectado en las vidrieras y la claraboya –es apabullante el espacio dedicado a las primeras con sus bocetos–, se emplean obras de arte, fotos de la ampliación y documentales sobre la acuciante situación agraria en la España de los treinta para desmitificar esas imágenes ideales.
La realidad actúa como literal envés, ya que esos cuerpos idealizados se encuentran al otro lado de la pared, espalda con espalda, a los abnegados y famélicos albañiles del banco. La exposición nos introduce en esta contradicción, no eludiendo el conflicto y escenificando la esperanza, complejidad y dificultad del progreso y modernización del país.
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‘Alegorías del porvenir’

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Lugar:
Sala de exposiciones del Banco de España (Madrid) -
Dirección:
Plaza de Cibeles, s/n. -
Comisarios:
Álvaro Perdices y Yolanda Romero -
Duración:
Hasta el 30 de mayo -
Valoración:
****
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Debe destacarse el inicio, una genealogía de la imagen de lo rural y los trabajadores del campo y el mar en el primer tercio del siglo pasado, con obras de Torres-García, Arteta, Sorolla, Palencia o Solana. ‘Alegorías de un porvenir’ participa de una constelación de magníficas exposiciones que, desde los márgenes, se conforman en reveladores relatos de la España del XX.
