La opinión de Manuel Polgatiz, periodista y comentarista deportivo.
En su despedida de la Copa Libertadores, O’Higgins dejó una serie de sensaciones para analizar con la cabeza fría. A pesar de las horas ya transcurridas, estoy pica’o por varias cosas:
1) No vi al equipo aguerrido ni con los dientes apretados para sacar la tarea adelante. No vi correr sangre de lucha en una etapa clave, tanto deportiva como económicamente.
2) El rival colombiano, en su tierra como en Rancagua, era totalmente abordable. La falta de gol, nuevamente nos hizo morisquetas y exige corrección inmediata.
3) Hubo exceso de confianza en la última línea, no me dicen que Robledo es Maldini, ni que Brizuela es Elías Figueroa. Si el portero Carabalí ha sido figura, es porque a los “Celestes” les llegan y harto.
4) Claro que el físico es un punto a mejorar, pues, para competir en estas lides hay que tener mejor preparación.
5) Nos farreamos la opción de avanzar, por emborracharnos más de dos semanas con el triunfo ante Bahía.
Después de estas breves reflexiones y mirando el vaso medio lleno, tenemos el valor de rescatar:
1) El regreso correcto a competencias internacionales. Sin grandes actuaciones, pero con rescatables rendimientos personales de algunos futbolistas, que, si continúan en la misma senda y sin creerse el “hoyo del queque ni soberbios como el gobierno saliente”, pueden dar el salto de sus vidas.
2) Un equipo más consolidado y mayor trabajo. Se nota cierta madurez benevolente y experiencia, que debe y tiene que ser reforzada por parte de los directivos. Abrir la billetera para contratar con escaso riesgo, es menos costoso que cortar un proceso, como le acaba de ocurrir al “porfiado” Francisco Meneghini en la Universidad de Chile.
3) Apoyo irrestricto de la hinchada y simpatizantes. Osados, apasionados, responsables, fervientes, intensos e incondicionales ante la victoria y el llanto. Un aplauso de pie para todos los que conforman esta familia, que ojalá siga creciendo a la luz de más puntos en cada torneo.
En resumen, después de tanto tiempo a la “sombra” como los reos y contando los días con marcas sobre la pared; después de tantas rabias acumuladas, nos vamos “con la frente en alto y las manos limpias (dijo el otro…)”, a la espera de las auditorías externas, que confirmen o digan lo contrario.
