Caminar por el parque se ha vuelto una experiencia curiosa. No es raro cruzarse con mujeres que parecen preparadas para una misión táctica, con chalecos voluminosos que parecen antibalas. Sin embargo, no hay peligro; es la fiebre del arrugando. Como relata la periodista Emma Rosenblum en el Muro Calle Diarioestamos ante una “explosión de interés —que roza la obsesión— por el bienestar en la perimenopausia”.
Sus amigas, cuenta Rosenblum, han pasado de disfrutar de una cena con pasta boloñesa a avergonzarla por usar pesas de dos kilos y no “tragar yogur griego por cubos”. Esta escena, que se repite en millas de hogares, refleja un cambio de paradigma: la generación que creció con el ideal de la delgadez extrema está intentando envejecer de forma distinta a sus madres y abuelas, esas que terminaban con la espalda encorvada y fracturas de cadera tras un simple traspié.
Para entender por qué nuestras amigas están levantando pesas como si les fuera la vida en ello hay que mirar a las hormonas. Según Clínica Mayola perimenopausia es ese período de transición —que puede empezar a los 30 oa los 40 años— donde el estrógeno y la progesterona suben y bajan como en una montaña rusa.
Esta caída del estrógeno no solo trae a los famosos sofocos o la irritabilidad. Como explican en Clínica Clevelandel estrógeno es el guardián de nuestros huesos. Cuando desaparece, el cuerpo empieza a descomponer el hueso más rápido de lo que puede fabricarlo. Los datos de Salud de Harvard hijos implacables: a partir de los 40 años, la inactividad y los cambios hormonales pueden robarnos masa ósea a un ritmo del 1% anual. De hecho, en los 5 a 7 años posteriores a la menopausia, una mujer puede perder hasta el 20% de su densidad ósea, según advierte la médica Jennifer Wagner.
La nueva “fe” del gimnasio
Durante décadas, la salud femenina. se limitó a la salud reproductiva. “Parecía que una noche te acostabas premenopáusica y al día siguiente te despertabas postmenopáusica”, explica la Dra. Mary Jane Minkin es Medicina de Yalemi. La realidad es mucho más compleja y ha sido sistemáticamente ignorada. En España, la ginecóloga Blanca Fernández, de la Policlínica Gipuzkoa, advierte en el portal ConSalud que el 80% de las mayores de 40 años están preocupadas por los síntomas, pero solo un 57% consulta a un médico. Es el resultado de años de “resignación innecesaria” y falta de investigación.
Sin embargo, esa narrativa está dando un vuelo. El Portal El buen comercio señala que la cultura de la delgadez nos ha hecho un flaco favor, creando generaciones de mujeres con osteoporosis. Ahora, el objetivo es evitar la “sarcopenia” (la pérdida de músculo con la edad).
Como explica el investigador Christopher Hurst es La conversaciónel entrenamiento de fuerza es el “estándar de oro” para un envejecimiento saludable. No se trata de estética, sino de “independencia y dignidad”. Hurst aclara que no hace falta levantar el camión de la basura: con una o dos sesiones por semana donde se llegue a la fatiga muscular (sentir que no puedes hacer una repetición más) es suficiente para ver cambios significativos. Incluso las personas de 80 y 90 años pueden beneficiarse, subraya el experto.
El fenómeno de los “soldados de la salud”
Aquí es donde debemos separar el trigo de la paja. ¿Necesitan todas mis amigas levantar su propio peso corporal?:
- El entrenamiento de fuerza: Es innegable, la base para un envejecimiento saludable. Al “estresar” el hueso mediante el levantamiento de pesas o el uso de bandas de resistencia, se activan las células formadoras de hueso. desde harvard añaden quea diferencia del cardio, la fuerza protege específicamente la columna, la cadera y las muñecas, los puntos más críticos de fractura.
- El mito del chaleco lastrado: el guardián puso a prueba esta tendencia y la conclusión es mixta. Si bien añade dificultad al paseo, los expertos en el portal tres alertan sobre los riesgos: “Cargar peso sin una base de fuerza puede causar compresión en la columna y estrés en las articulaciones”. Además, los estudios que aprovechan su efectividad para crear hueso suelen ser pequeños y realizados en personas que también hacían ejercicios de impacto.
- La trampa de la proteína: Sí, el hueso necesita proteína, pero como dice la Dra. Espiga en el WSJno hay por qué vivir “engullendo pechugas de pollo” como si no hubiera un mañana si no tienes un riesgo clínico elevado.
- La fiebre por el DEXA: Lo que antes era una prueba para personas mayores, hoy es el nuevo “selfie” de salud. El escáner DEXA mide la grasa, el músculo y el hueso. Aunque médicos como la Dra. Miriam Bredella dicen que la prueba está infrautilizada en mayores de 65 años, figuras de la longevidad como el Dr. Peter Attia defienden su uso temprano (a los 30 o 40 años) para detectar la “grasa visceral” y tener una base de referencia antes de que llegue el desplome hormonal.
El musculo como seguro de vida
A pesar de la avalancha de información, algunos expertos piden calma. La Dra. Karen Tang comenta en el WSJ que, aunque la concienciación es buena porque “mucho de esto es prevenible”, el exceso de información puede convertirse en una fuente de estrés innecesario. “Para la persona promedio, se trata de modificaciones sencillas del estilo de vida: algo de ejercicio de carga y algo de entrenamiento de fuerza”, asegura. No hace falta saltar como un canguro por la ciudad ni comer un camión de pollos al día.
Incluso la ginecóloga Blanca Fernández, en declaraciones recogidas por Comunicaeinsiste en que no debemos olvidar otros pilares: cuidar el suelo pélvico (para evitar la incontinencia) y considerar la Terapia Hormonal Sustitutiva si los síntomas merman la calidad de vida, ya que hoy en día es una opción segura y eficaz.
Este interés masivo por la densidad ósea no es solo una moda de Instagram; es el despertar de una generación de mujeres que se niega a ser “invisible” o “frágil”. Sin embargo, hay una línea fina entre cuidarse y sucumbir a una nueva forma de presión estética disfrazada de salud.
Como concluyen las expertas es ConSaludla perimenopausia es un proceso fisiológico natural, pero “natural no es sinónimo de dolor”. El objetivo final de levantar pesas o comer brócoli no debería ser alcanzar un ideal de aptitud física inalcanzable, como señala La conversación, mantener la independencia y la dignidad. Poder subir las escaleras, cargar las bolsas de la compra y levantarnos de una silla sin ayuda cuando tengamos 80 años.
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