Ni Irán puede ganar una guerra al resto del mundo ni Occidente puede permitirse una nueva recesión mundial. Por lo que no tardando mucho se tendrá que llegar a un acuerdo. Como dice la sabiduría popular, después de la tormenta viene la calma. Pero antes las cosas aún empeorarán.
El objetivo de los ayatolás es crear el caos hasta que el precio del barril alcance los 200 dólares. La economía no lo podrá aguantar, y menos a través de medidas menores como trata de hacer el Gobierno español. Es como intentar curar el cáncer con tiritas. Israel y Estados Unidos consideran que la guerra está casi ganada. Buscan confiscar el uranio iraní para impedir la fabricación de misiles nucleares, ya que los intentos previos para detener el programa nuclear han fallado. Para los israelitas, la situación representa una cuestión de supervivencia, especialmente tras el compromiso del nuevo líder supremo de la República Islámica, Mojtaba Jamenei, de “vengar la sangre”. Tanto su padre como su esposa perdieron la vida, y él estuvo cerca de sufrir el mismo destino.
Recuerdos naturales
La ONU estima que más del 40% de los conflictos armados en los últimos 60 años están vinculados al control de recursos naturales: el gas y el petróleo, los más destacados.
Lo que inicialmente buscaba desmantelar la estructura militar de Irán y propiciar una negociación que permitiera una transición hacia un sistema más flexible y pacífico, semejante a otros existentes en el Oriente Medio, ha terminado transformándose en otro conflicto relacionado con el petróleo. La ONU estima que más del 40% de los conflictos armados en los últimos 60 años están vinculados al control de recursos naturales, siendo el gas y el petróleo los más destacados. La Guardia Revolucionaria de Irán, que es el cuerpo militar más poderoso del país y quien controla el programa de misiles balísticos, sabe que cerrar el estrecho de Ormuz es su arma más poderosa para forzar a los israelíes y americanos a sentarse a la mesa de negociación. Es un cuerpo de fanáticos religiosos con la misión de proteger la Revolución Islámica, por lo que son extremadamente peligrosos.
Existe el riesgo de que los sectores más radicales se conviertan en Irán en una situación similar a la de Numancia, incluso si los mercados ejercen presión sobre China y Rusia para promover la paz. Ningún actor está interesado en una guerra prolongada ni en una depresión económica superior a la generada por la pandemia de la covid o el conflicto en Ucrania. La disponibilidad de municiones determina la continuidad de la guerra, y únicamente los aliados del país persa pueden suministrarlas.
Considerando que la esperanza es lo último que se pierde y que no hay mal que por bien no venga, es posible imaginar un escenario en el que el régimen de los ayatolás no posee armamento nuclear. Asimismo, la eliminación de la guerrilla de Hezbulah en Libia y el cese del conflicto en Gaza podrían contribuir significativamente a la estabilización del Oriente Medio. Por otro lado, Rusia podría exigir a Estados Unidos que utilice su influencia para propiciar una resolución negociada del conflicto en Ucrania. En América Latina, las negociaciones encaminadas hacia la reconciliación en Venezuela muestran avances favorables. Finalmente, se prevé que Cuba alcance un acuerdo con Estados Unidos, priorizando el diálogo y la negociación sobre escenarios de crisis o colapso.
Todo esto debe lograrse en menos de ocho meses, antes de las elecciones de medio mandato de noviembre, cuando Donald Trump tendrá que mostrar a sus partidarios que sus acciones han servido para contrarrestar a los enemigos de Estados Unidos.
