El apellido redondo va ligado a recuerdos de elegancia y jerarquía en el Santiago Bernabeu. Los dejaron para la eternidad un mediocentro único, Fernando Carlos, cuya historia de blanco se cerró de forma abrupta el 24 de mayo de 2000, antes de una despedida definitiva tres años después, con la camiseta del AC Milan, del estadio en el que 23 años después su apellido volvió a estar presente con la titularidad de su hijo Federico.
Fernando Redondo, alejado del ruido, con una vida fuera del foco entre Argentina y España, centrado en temas familiares, vivió un momento especial en el encuentro del Real Madrid ante el Elche. el equipo que marcó su carrera, del que es uno de los grandes iconos de los 90, ante el club que apostó por su hijo federico, tras su paso por el Inter de Miami de Leo Messi.
Con el 5 a la espalda que apenas pudo lucir su padre en el Bernabéu, volvió un Redondo al coliseo madridista. Para Fernando era el número de su demarcación. Un 5 puro argentino, mediocentro de tanta potencia física que él solo se bastaba para asumir el peso del centro del campo.
Lo lució en el Tenerife cuando dio el salto al fútbol español desde Argentinos Juniors. Su protagonismo, la personalidad al mando del juego y su alta dosis de calidad técnica, provocaron que el real madrid presidido por Ramón Mendoza pagase 500 millones de pesetas (3 millones de euros) por el argentino.
Le esperaba con los brazos abiertos su compatriota Jorge Valdano en el banquillo y una leyenda como Manolo Sanchís portaba el 5. En algún encuentro lo pasó ante el futbolista que lo lucía con orgullo en la albiceleste de Diego Armando Maradona. Pero en el momento que la normativa de LaLiga cambió, y los números dejaron de ser del 1 al 11 para los titulares, Fernando tuvo que jugar con el 6.
Llegó a jugar 228 partidos en seis años imprimiendo su liderazgo y carácter en las conquistas de dos Copas de Europa, dos Ligas, una Copa Intercontinental y una Supercopa de España. Convirtió en arte la demarcación de pivote defensivo. Recuperador y organizador. Figura imprescindible en el equilibrio que aportaba el sentido táctico al fútbol del Real Madrid. Una gran capacidad para romper líneas del rival conduciendo el balón pegado al pie. Un reto arrebatarselo por su corpulencia y el buen uso de los brazos. Pura elegancia.
Su adiós, cuando Florentino Pérez fichó a luis figo para alcanzar la presidencia del Real Madrid, fue muy dolorosa para el madridismo que lo despidió como una leyenda en mayo de 2000. “Florentino se había comprometido en la campaña a traer a Figo, costaba mucho dinero y el Milan ofrecía por mí 18 millones de euros. Era mucho dinero por un futbolista de 31 años. Me dijo que el club quería aceptarla”, aseguró posteriormente Fernando, cuya carrera cayó en picado en Italia por una grave lesión.
Más de dos décadas después, un Redondo volvió a pisar el césped del Bernabéu. Un día especial para Federico que intentó aportar criterio al juego del Elche en un escenario complejo, por muchas bajas que tuviese el Real Madrid. Acabó saliendo en fotos del partido por una falta sobre Brahim al borde del área que dio paso al primer gol del rival.
Jugando al límite en una acción posterior sobre Aurélien Tchouaméni en la que el centrocampista francés pidió penalti tras sentir el impacto del centrocampista argentino cuando iba a rematar. Disfrutó de 64 minutos hasta que fue sustituido por Eder Sarabia y de una experiencia paras el recuerdo en el templo en el que su padre es ídolo.
