La extrema derecha francesa aspira a continuar con su proceso de implantación por todo el país como parte de su objetivo declarado de “conquista del poder”. El actual presidente de RN, Jordan Bardella, ha afirmado que aspiran a hacerse con la alcaldía en “decenas de ciudades”, entre ellas Marsella o Toulon. Y sus aliados de la Unión de las Derechas por la República aspiran a gobernar en Niza.
Las cosas han cambiado considerablemente desde que Marine Le Pen —hoy pendiente de que la justicia confirme o anule en julio la inhabilitación que le impide concurrir a las elecciones presidenciales— sucedió a su padre a la cabeza del entonces llamado Frente Nacional, en 2014. La nueva líder decidió hacer de la implantación local una etapa clave de su estrategia de normalización, transformar la imagen del partido para que no fuera percibido como una opción política extrema y marginal y salir así del aislamiento que le imponían las otras formaciones. Contar con un número importante de alcaldes y diputados era una condición indispensable.
