La celebración de la Copa del Mundo de esquí de fondo de Oslo nos dejó una imagen surrealista en el mundo del deporte: la del esquiador británico Gabriel Gledhill entrado a meta completamente borracho tras consumir numerosas bebidas alcohólicas durante el recorrido.
A Gledhill, británico de 23 años, recientemente se le denegó el permiso de residencia en Noruega tras cinco años viviendo y trabajando como camarero en la ciudad de Lillehammer. tras la salida del Reino Unido de la Unión Europea y por no cumplir con el nivel de ingresos mínimos al año para recibir el permiso de residencia en el país.
El británico se convirtió en protagonista involuntario de la prueba después de aceptar numerosas bebidas por parte de los aficionados presentes en el recorrido, entre los que se incluían cervezas y chupitos. “Me ofrecieron mucha cerveza, alcohol y snus, por lo que terminé bastante borracho, pero fue muy divertido. Esta podría ser mi última carrera aquí, así que tuve que aceptar todas las ofertas de cerveza y alcohol que hicieron”, relató a la agencia noruega NTB.
Gledhill también afirma que, durante el recorrido le ofrecieron enjuague bucal, algo que le hizo vomitar durante gran parte de la prueba. “Sentí lo que era a los 20 segundos y lo vomité. Y luego devolví durante casi todo el recorrido. Aún no me creo que alguien me ofreciese enjuague bucal”, afirmaba. Una carrera que, además, nos dejó otra escena surrealista ya que las esquiadoras de la prueba femenina dieron caza a Gledhill.
Una actuación que ha generado debate en Noruegasobre lo sucedido ya que su compatriota Andrew Musgrave aplaudió la actitud de Gledhill. “Sintió que no iba deprisa y es lo bueno que tiene la prueba de Kollen: si no vas rápido, te tomas una cerveza y salchicha y disfrutas”, relató a la NTB.
Sin embargo, Petter Skinstad, experto en esquí de fondo en TV2, criticó con dureza el episodio protagonizado por Gledhill. “Creo que lo que hizo fue muy estúpido y demuestra una falta de respeto increíble. Está muy bien llevarse bien con el público, pero emborracharse una carrera de esquí y poner en riesgo la prueba femenina es una tontería. Le encanta ser el centro de atención en redes sociales y en televisión pero el entretenimiento llega a un límite, y creo que Gledhill lo alcanzó”.
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