Estos días han fallecido dos amigos, Raúl del Pozo y Alfredo Bryce Echenique. Vamos con el primero. Raúl del Pozo nació en Cuenca en 1936, en una familia que no era precisamente adinerada. Raúl mereció de sobra sustituir todos los días en la … última página del ABC al maestro Paco Umbral porque Raúl siempre fue un maestroprimero de la vida y luego de la periodismo. Hablamos de un amante de la libertad que fue muy pícaro, hospitalario en los afectos y divertido hasta reventar.
No recuerdo en qué evento, pero sí que fui con uno de mis mejores amigos. Raúl apareció, cambió el cartelito de un nombre por el suyo y se colocó al lado del homenajeado, genio y figura. Luego, mientras nos endilgábamos unas copas en el madrileño Chicote, formuló aquello de: ¿Nunca te has tirado a tu mejor amigo con dos copas? Nos partíamos de risa, solo que Raúl lo había utilizado años antes con el director de un periódico para no delatar la homosexualidad de un compañero. Recuerdo con alegría y ahora con cierta tristeza que aquella noche de conversación y borrachera acabó bien entrada la madrugada en un local clandestino de burlangas, jugadores de cartas, otro de los vicios y virtudes de Raúl.
Con mi padre el político se llevaba de maravilla, solo que mi padre también le conoció, así que camino de un tentadero taurino le pidió que viniera en el coche conmigo, para poder eludir contarle lo que el periodista, sin duda, intentaría sacar. Era una tienta en una de las fincas de la familia Lozano. Raúl del Pozo era un magnífico amigo del ganadero y empresario taurino José Luis Lozano. El gran valor de la amistad de Raúl radicaba en que nunca te juzgabaque es lo que suelen hacer los buenos amigos, aunque poseía una lengua larga y afilada que, sin embargo, deslizaba en cada frase una sonrisa benefactora, y por supuesto manejaba una de las mejores plumas del siglo pasado y el presente.
De sus novelas a destacar sin ningún género de dudas la primera: ‘Noche de tahures‘. Recuerdo que la leí en una exhalación, atrapado en el mundo clandestino de los jugadores de cartas. La clave residía en un tatuaje que tenía una mujer en el pubis. Y había en la novela palacios y cabañas, ricos y pobres. Raúl no hacía diferencias entre nobles y plebeyos, lo que le engrandecía.
Buen amigo, prepara un trago para cuando me toque.
