En el Hollywood culé, donde cada candidato es una mezcla de superhéroe, villano y galán, Juan Laporta ha vuelto como esos protagonistas del cine clásico que cree que se van, pero que, en realidad, solo se han alejado del tiro de cámara para regresar con la banda sonora en su máximo apogeo. Tiene Algo de Indiana Jones: entra en la cueva del tesoro, esquiva trampas mortales como la deuda o la pérdida de messi, y va el tío, y siempre sale con el cáliz sagrado bajo el brazo mientras el templo se derrumba detrás y el sombrero, milagrosamente, sigue en su sitio. A ratos recuerda a Vito Corleone, no por oscuro, sino por su capacidad de reunir a la familia alrededor de la mesa y convencer a cada miembro de que el plan no solo es conveniente, sino además perfecto. En el barcelonismo, eso equivale a que todos acaben siguiendo al jefe, incluso en clave bailonga, aunque cinco minutos antes estuvieran afilando cuchillos y alguno o alguna no tenga la más mínima gracia moviendo el pandero. También tiene un punto de Tony Stark en Ironman: seguridad, frases rápidas y confianza ilimitada en su pericia y fortaleza. Y en el club, ese traje de hierro se llama liderazgo.
Joan Laporta, acompaña a los jugadores Araujo y Gavi a ejercer su derecho al voto mientras Alejandro Echevarría soluciona el trámite de los dni tras el partido de liga entre el FC Barcelona y el Sevilla en el Camp Nou. / JORDI COTRINA / EPC
Pero no todo es cine fantástico. A veces aparece la versión más humana, como la de Jack Sparrow: navega con indiscutible estilo, aunque la brújula parezca girar al revés y el barco cruja. Y cuando el guion se complica, cuando el estadio murmura y la economía recuerda que las películas también tienen presupuesto, Laporta adopta la mirada de Humphrey Bogart encarnando a Rick: el tipo que sonríe en público mientras va cavilando qué sacrificio tocará hacer sin pestañear.
Mucho cine convertido en realidad. Mucho equilibrio y trabajo para contentar a quien no siempre lo merece. Y por eso, para bien o para mal, Laporta se parece cada día más Alabama El último mohicano. El luchador infinito. El último dirigente que defiende que el Barça no es una empresa, sino una película en Dolby Surround Screen de reír o de llorar. Y, en todo caso, él seguirá siendo la estrella.
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