La Casa Blanca publicó un documento oficial de 33 páginas que redefine la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos para el hemisferio occidental, en el que aparece una pieza central: el “Corolario Trump de la Doctrina Monroe”una actualizacion que busca recuperar la primacía estadounidense en América Latina ante el avance de China, Rusia y otros actores extrahemisféricos. A juicio de la administración republicana, este rediseño geopolítico será determinante para las próximas décadas y se sostiene en dos verbos que atraviesan todo el texto: “alistar y expandirse”.
Ante ese criterio, Estados Unidos planea profundizar sus alianzas con gobiernos que ya considera confiables, ampliar su influencia donde detecte vacíos y garantizar el manejo de recursos naturales estratégicosa los que se presentan como esenciales para el desarrollo tecnológico, energético y militar del siglo XXI, además de su proyección global sostenida.
De este modo, la referencia histórica funciona como un marco conceptual: la Doctrina Monroeproclamada en 1823 por James Monroe con el conocido lema “América para los americanos”buscaba impedir nuevas incursiones europeas y bloquear cualquier intento de recolonización. A partir de 1904, Teodoro Roosevelt agregó un corolario que habilitó intervenciones directas de Estados Unidos en países latinoamericanos bajo el argumento de “estabilizar” a los Estados que “amenazaran” sus intereses.
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La nueva iniciativa retoma ese espíritu intervencionista con una fórmula más explícita. A partir de la página 16 afirma: “Estados Unidos reafirmará y hará cumplir la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el Hemisferio Occidental (…). Negaremos a los competidores no hemisféricos youna capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales en nuestro hemisferio”. Aunque las potencias no están nombradas, la lista es conocida: China, Rusia, Corea del Norte e Irán, además de Venezuela, Cuba y Nicaragua.
Allí, en esa misma sección, el documento especifica que Estados Unidos “debe reconsiderar su presencia militar” en la región y propone un giro en la política de defensa. Explica que el nuevo escenario requiere mayor despliegue, mayor control y mayor capacidad operativa. Y lo resumen en cuatro líneas de acción:
–Reajuste militar global. Washington desplazará recursos desde zonas que considera menos prioritarias hacia el hemisferio occidental, al que presenta como un “frente crítico para su seguridad”.
–Mayor presencia naval y de Guardia Costera. Habrá más operaciones para asegurar rutas marítimas, frenar la migración irregular, reducir el tráfico de personas y drogas y controlar corredores estratégicos en momentos de tensión.
–Operativos selectivos contra los cárteles. El documento plantea reforzar la frontera y combatir organizaciones criminales con la posibilidad de usar fuerza letaldejando atrás la estrategia centrada solo en la aplicación de la ley.
–Acceso militar ampliado. Estados Unidos buscará abrir o consolidar instalaciones en puntos estratégicos.
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También incorpora un enfoque económico: plantea que el fortalecimiento de la influencia estadounidense dependerá de su capacidad para competir con China en materia de inversiones, infraestructura, tecnología y energía.
Qué implica el término “alistar” en la política de seguridad estadounidense
El documento oficial de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos incorpora el binomio “alistar y expandir” como eje del nuevo diseño geopolítico que la Casa Blanca quiere imponer en el hemisferio occidental. Allí sostiene que el país necesita Fortalecer su posición frente al avance de actores extrahemisféricos y, para eso, combina dos líneas de acción: rearmar su red de aliados y ordenar la gestión de recursos estratégicos que serán determinantes.
Según ese esquema, “alistar” funciona como el primer movimiento y define cómo pretender Estados Unidos reconfigurar su influencia política, económica y de seguridad en la región. El concepto abarca desde la relación con gobiernos aliados hasta el tipos de tareas que esperan que esos países asuman dentro de su arquitectura de poder.

Así, el documento describe cuatro ideas centrales:
–“Alistaremos a amigos ya establecidos en el hemisferio” para controlar la migración, detener los flujos de drogas y reforzar la estabilidad y la seguridad tanto en tierra como en el mar. Esta es la base del andamiaje operativo que Washington quiere reconstruir en la región.
–“Cultivando y fortaleciendo nuevos socios”mientras se refuerza el atractivo estadounidense como socio económico y de seguridad preferido. La Casa Blanca busca ampliar su círculo de influencia y recuperar espacios disputados por China y Rusia a través de inversiones, acuerdos comerciales y cooperación militar.
-Según el documento, estos países deben detener la migración ilegal y desestabilizadoraneutralizar cárteles, acercar la fabricacion y desarrollar economías locales privadas. En otras palabras, se espera que los aliados actúen como un soporte directo de la estrategia estadounidense para contener delitos transnacionales, ordenar cadenas de suministro y favorecer la relocalización de industrias.
–“Recompensaremos y alentaremos” a los gobiernos, partidos y movimientos que coinciden con los principios estadounidenses y con su hoja de ruta estratégica. Al mismo tiempo, la Casa Blanca aclara que no descartará a administraciones con visiones distintas, siempre que compartan intereses y manifiesten voluntad de cooperar. Este punto busca evitar que países no alineados migren hacia la órbita de China o Rusia.
Qué implica el término “expandir” en la política de seguridad estadounidense
Luego de detallar el concepto de “alistar”, la Estrategia de Seguridad Nacional avanza sobre el segundo pilar que estructura la mirada geopolítica de la administración republicana: “expandir”. Aquel eje explica cómo pretender ensanchar su presencia política, económica y militar en América Latina, en un momento donde China, Rusia e Irán consolidan posiciones que Washington considera riesgosas para su seguridad.
Allí, en las páginas 18 y 19 del documento, la Casa Blanca describe un enfoque que combina diplomacia, competencia estratégica e intervención directa en sectores críticos. La idea de “expandir” apunta a reconstruir una liderazgo que, según el propio documento, Estados Unidos “dejó erosionar durante las últimas décadas”.
De esta manera, los puntos centrales del concepto son:
–Profundizar lo que ya está y sumar lo que falta. Estados Unidos buscará reforzar las alianzas que consideran confiables y, al mismo tiempo, tejer nuevas sociedades en países donde detecten vacíos o avances de actores extrahemisféricos. El objetivo es que Washington sea percibido como el “socio preferido” frente a alternativas.
–Recursos bajo supervisión natural aliada. El texto remarca que el hemisferio occidental posee minerales críticos, energía, rutas marítimas y polos tecnológicos indispensables para el siglo XXI. Bajo “expandir”, Estados Unidos quiere asegurar el desarrollo de esos recursos junto a gobiernos alineadospara evitar que potencias rivales obtengan control sobre “activos estratégicos”.
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–Respuesta directa a la influencia externa. El documento admite que competidores globales lograron avances “importantes” en la región y califica esa situación como “un error estratégico” de la política estadounidense. Por eso propone una corrección de rumbo: revertir esas presencias y restablecer la preeminencia en toda América Latina.
–Ventaja comercial para las empresas estadounidenses. La estrategia plantea que los acuerdos con países de la región deben transformarse en contratos exclusivos para empresas de Estados Unidos. Además, sostiene que la Casa Blanca debe hacer “todo lo posible” para expulsar a compañías extranjeras —principalmente chinas— de obras de infraestructura clave, desde energía y litio hasta telecomunicaciones y puertos.
–Competencia tecnológica y digital. Aunque no lo menciona de forma explícita en este tramo, el texto deja entrever que la expansión también incluye redes de fibra óptica, ciberseguridad, sistemas 5G y equipamiento sensible, áreas donde Washington busca frenar la presencia china y promover proveedores estadounidenses.
–Un liderazgo regional como condición de seguridad interna. La Casa Blanca remarca que ser dominante en el hemisferio occidental no es solo un objetivo diplomático, sino un requisito para su propia prosperidad económica, su estabilidad interna y su estrategia global frente a potencias que disputan influencia.
VM/ML
