‘Tendramento’
★★★★✩
Autoría, dirección e interpretación: Judit Colomer y Pau Vinyals
Lugar y fecha: Sala Beckett (13/III/2026)
Caja negra, negrísima. Una mesa de madera cruda de ensamblaje japonés, una silla casi metafísica en su simplicidad artesanal y una pantalla encendida, al fondo a la derecha. En la pantalla vemos dormir, como en una película experimental de Warhol, una criatura. Cámara fija, visión justa. El que duerme plácido es Fortià, el vástago de la escenógrafa Judit Colomer y el actor y autor Pau Vinyals. También son los codirectores, coautores e intérpretes de tendramento, el particular ejercicio de autoficción compartida (para poner una etiqueta) que ofrecen al público en la sala baja de la Beckett.
Es algo más que un ejercicio de transparencia narcisista, por cómo evoluciona la dramaturgia de una domesticidad convencional, a una catarsis individualizada.
Notas no escritas que se acumulan en la cabeza mientras se desarrolla el relato de la fragilidad de la convivencia: Secretos de un matrimonio de Ingmar Bergman, escenas sueltas de John Cassavetes y Gena Rowlands, conferencia performativa, la energía anfetamínica de Oriol Pla en gola, los artículos-denuncia publicados. Complicidades y diferencias que no salen del marco normativo. Una pareja como tantas; productiva en un entorno precarizado que puede costarse casa, hijo, perro y terapias de pareja. Con el privilegio de disponer de las herramientas intelectuales y emocionales para relacionarse con bastante comodidad con ideas complejas y poseer la oportunidad y los medios para sublimar sus conflictos en un escenario.
No es o no parece un ejercicio de transparencia narcisista. Es algo más, por cómo evoluciona la dramaturgia de una domesticidad convencional, sin obviar el “chico conoce a chica”, a una catarsis individualizada. Quizás el tránsito hacia el reconocimiento mutuo, con la guía de Paul. B.Preciado.
Un relato de pareja -con la paternidad siempre presente- que evoluciona hacia confesiones separadas de sus respectivos debates internos no resueltos. La normatividad salta por los aires como la mesa pierde sus patas, convertida en pesada colcha de negociación. El momento para dejar el guion de banda (ella) y desprenderse de la máscara (él). Pasada la laguna estigia, surge la oportunidad para la ternura que da título al espectáculo.
Pau y Judit no han engendrado esta función para hacerse daño sino para sanar o demostrar que lo intentan. Cada uno con su energía: Pau, actor físico, voluntariamente clownesco, desbordante en su conquista del espacio que ella crea. Literalmente, subiéndose por las paredes. Judit, que nunca se había enfrentado a la responsabilidad de la interpretación, firme en sus enunciados, con un dominio escénico notable. Dos antagonistas en la administración de sus recursos que se encuentran cuando la lacerante verdad entra en la ecuación como un pellizco –que el espectador también siente- y la parte no resuelta de sus biografías se apodera de la función. Mientras, Fortià sigue durmiendo tranquilo.
