La tarde en que Frenkie de Jongvestido de negro de arriba a abajo, se acercó al despacho del presidente Juan Laporta para firmar la renovación de su contrato, el pasado octubre, en la camiseta que ambos sostuvieron para los fotógrafos del club quedó inscrito un año: 2019. Una frontera que, si se cumple con lo acordadodebería llevar al neerlandés a haber sido jugador del Barça durante una década.
Y todo ello da que pensar ante alguien que, pese a su incidencia tanto en el vestuario (alabado constantemente por sus compañeros, es el tercer capitán) como en los diferentes entrenadores que le han instruido y otorgado galones. (Ernesto Valverde, Quique Setién, Ronald Koeman, Xavi Hernández y Hansi Flick)nunca ha llegado a formalizar una relación sentimental con la hinchada. Su juego, útil para los futbolistas que buscan un apoyo y para los técnicos que ven necesaria su presencia en zonas poco o nada atractivas del campo, no casa con lo que exige el espectáculo.
La última vez que De Jong fue titular con el Barça fue en El derrumbe en Stamford Bridgedonde, pese a que intentó no perder la compostura, no logró sostener al equipo en una noche en que la imponencia física de los británicos le exigía una mayor graduación sin Pedri a su vera. Desde entonces, y Mientras De Jong lidiaba con un problema doméstico y superaba un proceso febril, el Barça ha disfrutado de sus mejores momentos esta temporada.enhebrando triunfos frente al Athletic (4-0), el Alavés (3-1), el Atlético (3-1) y el Betis (3-5). El neerlandés sólo jugo la última media hora en La Cartuja, cuando ya todo estaba decidido.
Las cifras
Será esta noche, si Flick lo considera conveniente, cuando De Jong vuelva al once inicial junto a Pedri, binomio con el que el técnico alemán más a gusto se siente. Ante la visita del Eintracht, De Jong cumplirá 50 partidos de Champions con el Barça. Una cifra ya importante, pero que revela un dato inquietante: nunca ha marcado un gol en la Champions (tampoco con el Ajax) y apenas suma una asistenciahace ya cinco años, en la fase de grupos frente al Ferencvaros, con un pase a Ansu Fati.
Frenkie de Jong, en la víspera del duelo frente al Eintracht. / Alejandro García / EFE
De Jong, claro, no acostumbra a rondar el área rival. Pero, aún así, sorprende que en un equipo tan dado a amontonar goles (59 tantos en los 21 partidos entre Liga y Champions de esta temporada), el neerlandés nunca se decide a tomar responsabilidades también en el frente ofensivo. Sobre todo cuando toca romper líneas y generar ventajas mediante el pase interior, no a través de conducciones.
Es De Jong un futbolista querido en la caseta por sus compañeros. Y Laporta, pese a que hubo un tiempo en que torcía el gesto con las condiciones contractuales pactadas durante el guateque salarial del gobierno de Bartomeu, también tiene una buena consideración del neerlandés. Le han convencido sobre ello entre todos, desde el director deportivo, Deco, hasta el propio Flick. Pero en un mundo en que con cumplir ni mucho menos basta, tiene De Jong aún que demostrar en su séptima temporada como azulgrana que, a sus 28 años, la madurez viene acompañada de un paso adelante que no se ha producido.
Lo necesita este Barça que, tras levantarse a lo grande en una Liga que domina tras la derrota del clásico, necesita avanzar posiciones en la Champions para asegurarse un lugar en el top-8. Posición de privilegio necesaria para evitar una ronda eliminatoria de más, pero también para asegurar un mejor destino con la vuelta en casa. Para ello, los de Flick deberían ganar todo lo que les queda en esta fase liguera, comenzando este miércoles con el Eintrachty continuando con el Slavia en Praga (21 de enero) y el Copenhague en el Camp Nou (28 de enero).
Un mal recuerdo
El regreso del Eintracht a Barcelona inquieta más por el recuerdo de la invasión de su hinchada en abril de 2022 (cuando más de 30.000 aficionados alemanes tomaron el Camp Nou para celebrar la eliminación azulgrana en los cuartos de final de la Europa League), que por las virtudes actuales del conjunto que dirige Dino Toppmöller. Sin delantero centro (son baja Jonathan Burkardt y Michy Batshuayi), y con una defensa de papel pese a jugar con una estructura de tres centrales (viene de encajar un 6-0 frente al Leipzig y, con 29 tantos encajados, es el equipo más goleado de una Bundesliga en la que marcha séptima), el equipo alemán apenas ha conseguido cuatro puntos en esta Liga de Campeones, siendo barrido por el Atlético (5-1), el Liverpool (1-5) o el Atalanta. (0-3).

Más de 30.000 aficionados alemanes tomaron el Camp Nou el 14 de abril de 2022. / JORDI COTRINA
Aunque en los despachos del Barça de lo que más se habla es del freno a los aficionados alemanes. Si bien la directiva azulgrana decidió que el club sólo vendiera entradas a sus socios y que el Eintracht sólo pudiera contar con el 5% de localidades que exige la UEFA (cuya jaula ya está instalada en la zona del lateral del Spotify Camp Nou para alrededor de 2.250 entradas), es difícil saber si habrá más de esos 300 socios del Barcelona que hayan intentado revender sus entradas y que acabarán ante el Comité de Disciplina, o si las localidades a las que tiene derecho la UEFA para cumplir con sus compromisos comerciales acabarán en manos de quien no debe.
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