¿Es justificable reseñar con calidad y entusiasmo de estreno la reedición de un libro? La respuesta es un enfático sí si el libro en cuestión es de Denis Johnson (Múnich, 1949-2017) y si es nada más y nada menos que este ‘ … Ángeles’ que significó el debut de un poeta en la novela e inicio de la carrera de un gran narrador.
Novela de carretera descarrilada y recorriendo vía crucis de pareja maldita –por fin sin el último de ese añadido derrotados en sus ediciones en Anagrama–, ‘Ángeles’ no sólo inaugura sino que, en perspectiva ya posteriori, con Johnson hoy considerado uno de los más grandes escritores de su generación, se reconsidera como secuela de la vietnamita ‘Árbol de humo’ (aquí sabemos cómo terminó Bill Houston).
Y de cuya génesis sabemos más y mejor a partir de lo que revela la reciente y muy recomendada biografía del autor: ‘Flagrant, Self-Destructive Gestures’, de Ted Geltner. Ahí, sí, los gestos flagrantes y autodestructivos de alguien quien ya era poeta admirado pero, también, adicto a casi todo y descubriendo que la prosa paga mucho mejor que el verso.
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‘ángeles’
Así, Johnson (como lo hizo John Cheever para su ‘Falconer’) se postula y consigue, por un año, puesto de maestro de escritura en la cárcel de máxima seguridad de Florence, Arizona. Está allí para documentarse. Y tiene por alumnos a muy exitosos asesinos en serie. Y alguno hasta escribe muy bien. Y se hace amigo de ellos. Y le preguntan si a sus padres no les inquieta eso de que ande por ahí enseñando a asesinos en prisión. «Prefieren que enseñar en prisión a que esté en prisión», les responde Johnson. Y uno de ellos lo mira fijo y le pregunta si no estará allí nada menos y nada más que para robarles sus vidas. Y, sí, de nuevo: algo de eso hay. Bastante. Mucho. Pero a cambio de todo eso, en 1983, Johnson les devuelve a ellos y regala a nosotros una obra maestra.
Y da algo de vértigo pensar que habrá sentido un debutante en la novela Denis Johnson ante las loas de gente como John Le Carré, Richard Ford, Robert Stone y Philip Roth. Más tarde, David Foster Wallace consideraría a ‘Ángeles’ como «un libro totalmente americano» y una de las más grandes a la vez que poco reconocidas, ante lo que vino después, óperas primas (y, sí, Johnson como uno de esos contados casos de escritor celebrado por generación anterior y generación posterior de colegas).
Todo lo que terminó con hitos como ‘Sueño de trenes’ y ‘El favor de la sirena’ comienza aquí y –luego de esa secuencia antológica con asalto a banco y hasta alcanzar esas estremecedoras páginas finales– aquí vuelve a comenzar. ‘ángeles’ despliega otra vez sus alas. Historia maldita y pecadora, sí, pero también buena nueva.
Y sus alumnos a la espera en ese corredor carcelario de la ejecución de la pena de muerte la leyeron y le escribieron que la novela estaba muy bien, pero que cambiarían algunas cositas.
Y Johnson agradeció y tomó nota.
