Regresó al Liceu el tenor peruano Juan Diego Flórezquien, con más de 25 años de carrera, continúa conquistando: aquí, como en el Auditorio Nacional de Madrid hace unos días, agotó las localidades. Una parte importante de su carrera teatral ha estado ligada al coliseo barcelonés, la del ‘bel canto’; aquí debutó en 1999 en un concierto dirigido por Ricardo Muti y más tarde volvería con ‘Maria Stuarda’, ‘Semiramide’, ‘La Cenerentola’, ‘La fille du régiment’, ‘Linda di Chamounix’, ‘La Sonnambula’ y, hace ya 11 años, ‘Lucia de Lammermoor’. Hola, salpicado de recitales. En julio pasado interpretó en dos conciertos el musical de Bernstein ‘West Side Story’, pero los liceístas nunca le han visto en ópera francesa ni tampoco en los títulos verdianos que ha incorporado, aunque ha cantado algunas arias de estos ámbitos en sus apariciones en concierto.
Reencuentro en el Liceu
En este regreso y junto al campo acompañamiento del maestro Vicente Scalera Desde el piano, Flórez repasó esa trayectoria incluyendo algunas de las arias que le han hecho famoso, dejando varias sorpresas para las propinas y trufando la primera parte con canciones que le permitían tomar aliento entre las escenas operísticas. La música de Mozart arrancó la velada con un aria de concierto y dos fragmentos del protagonista de la ópera ‘La clemenza di Tito’. A estas alturas Flórez ya había mostrado sus cartas: dicción perfecta, fraseo elegante, control del ‘fiato’, facilidad en la emisión y agilidades convincentes. Las subidas al agudo se escucharon siempre seguras a partir de las rossinianas “Le Sylvain” y “Quell’alme pupille”, de ‘La pietra del paragone’, para acabar la primera parte con “Viens, gentille dame” de ‘La dame blanche’ de Boieldieu.
Después de impuso repertorio zarzuelístico, primero con Chapí y “Flores purísimas” de ‘El milagro de la virgen’, para seguir con “Por el humo se sabe” de ‘Doña Francisquita’ de Vives y la romanza de ‘El trust de los tenorios’ de Serrano, antes de regresar a los compositores franceses siendo aclamado con “Pourquoi me réveiller?” (Massenet) y “Salut! Demeure chaste et pure” (Gounod).
Verdi y sus ‘I Lombardi’ cerraban el programa con el aria de Oronte, antes de un generoso festival de propinas con el aria de ‘Fille’ y varias canciones en las que se acompañaba él mismo con la guitarra, fascinando al público.
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