Bogotá no debería liderar ese ranking. Es la ciudad con mayor desarrollo económico del país, la de mayor acceso a servicios de salud, la capital con más infraestructura hospitalaria. Y sin embargo, tiene sistemáticamente la proporción más alta de bajo peso al nacer (BPN) a nivel nacional. Ese dato —difícil de explicar con las herramientas tradicionales de la epidemiología— fue la chispa que surgió una investigación de varios años liderada por la Universidad de los Andes, con el apoyo de la Fundación Éxito y la Secretaría Distrital de Salud de Bogotá.
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El resultado de ese trabajo es el libro ‘Bajo peso al nacer en Bogotá: Determinantes sociales y ambientales’, publicado en febrero de 2026 por Ediciones Uniandes, con Luis Jorge Hernández Flórez y Diana María Pineda Ruiz como investigadores principales. La obra recoge cinco años de datos (2018-2022), analiza registros del Sivigila y del Dane, incorpora variables ambientales y sociales raramente consideradas en estudios anteriores, y concluye con un conjunto de recomendaciones concretas para tomadores de decisiones en salud pública.
El libro Bajo peso al nacer en Bogotá: Determinantes sociales y ambientales. Foto:Unaindes
“La motivación fue un dato preocupante e inexplicable: Bogotá, siendo la capital y la ciudad con mayor desarrollo del país, tenía sistemáticamente la proporción más alta de bajo peso al nacer a nivel nacional, y esa proporción venía aumentando”, explica Hernández Flórez, profesor de la Facultad de Medicina de los Andes y salubrista con décadas de experiencia en salud pública. En el periodo estudiado, la cifra pasó de 13,48% en 2018 a 15,24% en 2022, una tendencia ascendente que contrasta con el comportamiento del resto del país.
Más allá del consultorio: el aire que respiran las embarazadas
Una de las contribuciones más novedosas del libro es la incorporación de variables ambientales como determinantes del BPN. El estudio encontró que la exposición a monóxido de carbono (CO) durante el tercer trimestre de embarazo aumenta la probabilidad de que el bebé nazca con bajo peso en un 3%; el dióxido de azufre (SO₂), en un 1% adicional; y el dióxido de nitrógeno (NO₂), en un 0,6%. Incluso la precipitación —asociada a variabilidad climática— mostró efectos sobre el peso al nacer, especialmente en el segundo trimestre.
Para Hernández Flórez, esto representa una brecha crítica en los protocolos actuales de atención materno-perinatal. “Incorporar el ambiente en las Rutas Integrales de Atención en Salud (RIAS) materno-perinatal es urgente: actualmente esa ruta no contempla intervenciones sobre contaminación del aire, ruido ni cambio climático”, señala. “Dado la evidencia encontrada, eso es una brecha crítica”.
La exposición al aire contaminado durante el embarazo aumenta el riesgo de bajo peso al nacer. Foto:Mauricio Moreno. EL TIEMPO
La investigación utilizó métodos de interpolación espacial para cruzar la ubicación de residencia de las madres con datos de calidad del aire registrados por estaciones de monitoreo en distintas zonas de la ciudad. El resultado es un mapa de riesgo que superpone geografía, contaminación y salud infantil.
El libro es también una radiografía de la inequidad urbana. Los datos muestran con claridad que el BPN no se distribuye aleatoriamente en el territorio: las localidades con mayor prevalencia son San Cristóbal, Ciudad Bolívar, Rafael Uribe Uribe y Usme, todas ubicadas en estratos 1 y 2, y concentradas en las Subredes Sur y Centro-Oriente. “Más del 90 % de los casos de BPN se concentran en los estratos 1, 2 y 3, lo que confirma que el BPN es, ante todo, un indicador de inequidad social”, subraya el investigador.
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A esto se suma la situación de la población migrante. El 12,2 % de los registros del Sivigila analizados en el estudio correspondía a población venezolana, y las mujeres migrantes tienen un 10 % más de riesgo de tener un bebé con bajo peso al nacer que las demás gestantes.
La inseguridad alimentaria también aparece como un factor determinante: está presente en el 28 % de los hogares de bebés nacidos con BPN, y en el 13 % de manera severa. El régimen de aseguramiento en salud también marca diferencias: las madres en régimen subsidiado o sin aseguramiento tienen mayor riesgo, ya menor cobertura de aseguramiento, menos controles prenatales.
Controles prenatales: mucha cantidad, poca profundidad
Otro de los hallazgos preocupantes del libro es que Bogotá ya tiene una alta cobertura de controles prenatales, pero eso no ha reducido la tasa de BPN. La explicación que propone la investigación es que el problema no es cuantitativo sino cualitativo: los controles no están identificando ni abordando los determinantes sociales y ambientales que realmente inciden en el peso al nacer.
“Mejorar la calidad —no solo la cantidad— del control prenatal es clave”, sostiene Hernández Flórez. “El problema es que los controles no están identificando ni abordando los determinantes sociales y ambientales”.
Bogotá tiene muchos controles prenatales, pero no están funcionando, advierte el texto. Foto:iStock
El libro también identifica la prematuridad como la variable clínica con mayor valoración con el peso al nacer, lo que sugiere que entender por qué los partos son prematuros es una línea prioritaria de investigación e intervención. Además, como hallazgos novedosos, el estudio señala que el estrés psicosocial de las gestantes y los problemas de salud bucal —como la gingivitis— son también factores predictores de bajo peso al nacer, dimensiones que los estudios clásicos sobre el tema habían ignorado sistemáticamente.
Un llamado a actuar antes del embarazo
Las recomendaciones del libro, consignadas en su quinto y último capítulo, apuntan hacia una transformación profunda de la política de salud materno-infantil en Bogotá. El primer llamado es ampliar la mirada más allá del embarazo: “Adoptar un enfoque de curso de vida que comience por la salud de la mujer antes de gestar, incluyendo consulta preconcepcional, salud oral, salud mental y nutrición previa”, plantea el investigador.
Luis Jorge Hernández, profesor Universidad de los Andes. Foto:archivo particular
El libro también propone priorizar territorialmente las zonas de Los Cerros Orientales, Ciudad Bolívar, Usme y San Cristóbal como áreas de intervención urgente, tanto en salud como en adaptación climática. Y hace un llamado a trabajar en clave de Bogotá-Región con Cundinamarca, pues ambos territorios comparten determinantes, servicios y población materno-infantil.
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Finalmente, los autores subrayan la necesidad urgente de mejorar los sistemas de información. “El subregistro es altísimo en variables clínicas, nutricionales y sociales”, advierte Hernández Flórez. “Sin datos de calidad, la vigilancia epidemiológica no puede orientar políticas efectivas”.
El libro ‘Bajo peso al nacer en Bogotá: Determinantes sociales y ambientales’ está disponible a través de Ediciones Uniandes.
EDWIN CAICEDO
Periodista de Medio Ambiente y Salud
@CaicedoUcros
