“El Gobierno entero está en la misma. Fingimos demencia. Hacemos como si el Caso Libra no existiera, o como si los viajes de Adorni no existieran“. La frase fue el modo que encontró un importante funcionario de la Casa Rosada para describir la forma de actuar que se multiplicó entre los miembros del Gabinete en los últimos días, cuando esas dos tormentas comenzaron a crecer hacia un tamaño que hoy todavía es imposible de calcular.
El Presidente parece convencido de que esa es una buena estrategia que se puede replicar en otros planos, y por eso mantuvo en su agenda un estrafalario viaje a Hungría, para volver a participar de un seminario de la CPAC, la franquicia de conferencistas de derecha que lo tiene casi como participante fijo en diferentes países del mundo. Pocos días después de regresar de España, donde participó de una feria similar, Milei decidió embarcarse en la aventura mágica.en la que probablemente se cruce con el primer ministro húngaro Víctor Orbánque el mes próximo se juega su cargo en las elecciones. Allí, en las horas que pasarán en Budapest, Milei podrá hacer cuentas y calcular si le conviene mantener en su refugio estatal redituable al jefe de gabinete.Manuel Adorni, que cada día agrega una mancha más a su pelaje, o soltarlo para que vuelva a procurarse el sustento en la selva del sector privado.
En algunas ocasiones, esa idea, la de actuar como si un problema no tuviera visibilidadle sirve a los gobiernos para pasar un mal momento que no alcanza a empañar un buen panorama. No es el caso de lo que le sucede hoy a Milei.
El mercado parece haber detectado que similar demencia no alcanza. Ayer, el Riesgo País llegó a los 633 puntos, el nivel más alto del año. Eso ocurrió un día después de que el ministro de Economía aseguró que el Gobierno tiene el dinero para pagar los vencimientos de la deuda. En rigor, ya dejó de ser relevante si Luis Caputo dice o no la verdad: los inversores actúan como si lo que sale de la boca del ministro no fuera cierto. Es duro decirlo, pero en los mercados financieros -y Caputo lo sabe bien- las intenciones cuentan poco.
No hay que buscar entre los grandes agentes del mercado para detectar esa desconfianza, el propio Caputo recordó el jueves la enorme avidez de los ahorristas por comprar dólares que explotó el año pasado y que, según parece, sigue con mucha vitalidad en 2026.
Hay una pregunta que se hacen varios economistas que miran con simpatía lo que hizo el Gobierno hasta ahora. ¿Va a cambiar Milei o piensa seguir con esta economía que cada vez deja más visibles sus problemas?
Ahora, con los números oficiales en la mano, ya se sabe que los vectores del crecimiento que eligió el gobierno libertario -las exportaciones que generan la minería, la energía y el agro- son muy importantes pero no alcanzan para mantener a flote un país como la Argentina. Los dos primeros, a pesar de que cada vez crecen más rápido, generan cada vez menos puestos de trabajo. Si la principal apuesta del modelo económico de Milei no genera empleo, ¿qué perspectiva tienen los otros rubros?
Desde hace varios años la literatura económica viene alertando sobre los problemas que genera para el empleo la aceleración de la robotización en la industria. Las sociedades más pobres, o los países con ingresos medios, como la Argentina, parecían una salva de esa enfermedad de ricos, porque los salarios bajos demoran las inversiones para conseguir más productividadcomo el montaje de líneas de producción y de procesos robotizados. Producir con personas, en los países menos prósperos, seguía siendo más barato que comprar robots.
Pero hoy pasa otra cosa. La velocidad con la que avanza la Inteligencia Artificial, y sobre todo el bajo costo que todavía tienen esas plataformas para sus usuarios, ya están rompiendo puestos de trabajo, sobre todo en sectores como la industria del conocimientopero también en escritorios dedicados a proveer servicios.
¿Qué piensa Milei sobre esta nueva normalidad? Varias veces el Presidente se sacó fotos con titanes de Sillicon Valley y anunció la llegada de empresas que desarrollan Inteligencia Artificial a la Argentina, pero nunca dijo cómo se prepara el país para enfrentar este futuro desconocido. Es verdad que las petroleras locales se verán beneficiadas por los precios que trajo la guerra de Israel y Estados Unidos contra Iránpero si incluso en esas lagunas de abundancia hay despidos, no es difícil darse cuenta de que hoy casi no quedan empleos en la Argentina que no estén en alguna medida en riesgo.
En la Argentina, como siempre ocurre, esas tormentas globales aparecen reforzadas por catástrofes locales. El presionado monetario y el ajuste fiscal que impulsó Milei trajeron la consecuencia que anticipan los libros: el enfriamento del consumo y de otras variables de la economía. Pero el Gobierno no previó que, a esta altura del partido, la inflación sigue viva. Un 3% mensual, según dicen los economistas, es un número que tiene sus propios problemas: uno de ellos es la inercia, que le pone a la variación de los precios del mes siguiente un piso difícil de romper. Hoy, el equipo de Milei se encuentra con que las tres anclas que imaginó siguen bien enterradas -el dólar tiende otra vez a bajar, la base monetaria se reduce y el superávit fiscal se mantiene- pero el barco de la inflación hace crujir sus cabos y mantiene alguna vela desplegada. ¿Tiene futuro esa organización económica o Milei tendrá que desempolvar, otra vez, el pragmatismo que alguna vez exhibió y dejar de fingir demencia?
