Piensa por un momento en un oviraptor. Ese curioso dinosaurio que no volaba y era bastante grande, ¿cómo se las apañaba para incubar sus huevos? Hasta hace poco, la comunidad científica estaba dividida. Unos apostaban a que dejaban el trabajo al calor del entorno, como hacen hoy las tortugas o los cocodrilos. Otros defendían que se sentaban sobre ellos para darles calor corporal, al igual que las aves actuales. Pues bien, el misterio por fin parece tener respuesta. Un nuevo estudio publicado en Frontiers in Ecology and Evolution ha tirado de modelos térmicos y simulaciones para salir de dudas.
Para arrojar algo de luz a este tema, un equipo de investigadores en Taiwán, liderado por los doctores Tzu-Ruei Yang y Chun-Yu Su, decidió que la paleontología tradicional de toda la vida no era suficiente para este caso. Así que sacaron su lado más ingenioso. Construyeron desde cero un modelo físico a escala real del Heyuannia huangiuna especie de oviraptor que pesaba unos 20 kilos, medía metro y medio, y paseaba por lo que hoy es China hace más de 66 millones de años. En cuanto a los materiales, estamos hablando de madera y espuma de poliestireno para el esqueleto, junto con algodón y plástico de burbujas para simular la textura del animal. Además, como los huevos de esta especie son rarísimos y no se parece a nada que exista hoy en díatuvieron que fabricarlos a medida usando resina fundida.
Un experimento a escala real para desvelar un gran misterio.
Con su “dinosaurio” ya montado, recrearon sus característicos nidos en forma de anillos dobles. Es un diseño bastante peculiar porque, al estar colocados de esa forma, era prácticamente imposible que un oviraptor tocara todos los huevos a la vez. Al someter este montaje a distintas temperaturas, descubrió algo increíble. Resulta que, si hacía frío, los huevos de los bordes llegaban a estar hasta seis grados más fríos que los del centro. Esta diferencia es tan enorme probablemente provocaba que las crías nacieran en días distintosalgo que los biólogos llaman eclosión asíncrona. En cambio, en condiciones más cálidas, la diferencia apenas llegaba a medio grado. Esto nos dice que en zonas soleadas, la luz del sol ayudaba a regular la temperatura del nido.
Si nos fijamos en la mayoría de las aves cuando incuban, se sientan, tocan cada huevo y transmiten su calor manteniendo una temperatura casi perfecta. Pero para el oviraptor, con esos nidos en forma de círculo gigante, lograr algo así era inviable. Los investigadores llegaron a la conclusión de que encontraron la solución trabajando en equipo: el dinosaurio ponía parte del calor corporal y el sol hacía el resto. Eran “coincubadores”. Quizás no era el método térmico más eficiente del mundo en comparación con los pájaros actuales, pero fue un paso evolutivo para pasar de enterrar los huevos a tener nidos semiabiertos.
