El calendario de competiciones satura y asfixia a los jugadores. A partir de esta evidencia, podemos entender la inestabilidad en el rendimiento del Barça y las subidas y bajas a la hora de aplicar el vertiginoso y exigente manual de Hansi Flick. Como si ya estuvieran a punto de replicar el modelo fracasado del baloncesto, los grandes equipos de fútbol no pueden ofrecer una continuidad lo suficientemente sólida para exigirles un espectáculo que justifique una masiva venta de entradas. Ayer, contra el Rayo, el Barça no jugó bien. Solo el acierto de una jugada a balón parado permitió ganar tres puntos que tienen el mismo valor –y un mérito que no deberíamos menospreciar– que si se hubiera jugado como en la segunda parte contra el Newcastle.
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