Cuando tenía 19 o 20 años, Germán Delibes Caballero escribió un par de folios contando algunas anécdotas que había compartido con su abuelo, Miguel Delibes, durante unos días de caza. Mucho tiempo después, haciendo limpieza en el trastero, se reencontró con aquellos textos … olvidados, que acabaron convirtiéndose en un libro, ‘El abuelo Delibes’ (Destino)en el que volcó recuerdos (suyos, de sus primos) compartidos con uno de los nombres propios de la literatura española del siglo XX. Sobre él –el libro, el abuelo, el escritor– habló en el Aula de Cultura ABCen un acto celebrado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid e introducido por Carlos Aganzo que funcionó como retrato íntimo y cercanísimo de Delibes. Como un primerísimo primer plano.
Fue un recorrido más o menos cronológico: empezó con la Guerra civil («en una guerra no gana nadie, pierden todos») y siguió con su llegada a ‘El norte de Castilla’. Se plantó en la redacción con unas caricaturas: al director le hicieron gracia y las publicó. Firmaba como MÁXIMO: la M de Miguel, la A de Ángeles, su novia entonces y después su esposa, y la X del futuro incierto que tenían por delante. En esa redacción se enteró de la noticia del premio Nadal con su primera novela. Era 1947 y el título era ‘La sombra del ciprés es alargada’.
«Para nosotros fue un abuelo que nos defendía ante nuestros padres y nos daba la propina»
Germán Delibes Caballero
Desde ‘El norte de Castilla’, donde acabó siendo director, denunció la situación paupérrima de los campesinos de castilla. Tuvo muchos problemas con la censura, así que siguió sus denuncias con un libro, ‘Las ratas’visto con recelo por el régimen. «A Fraga no le gustó nada», decía él.
El año más importante de su vida, aseguró el nieto, fue 1974. Fue cuando le nombraron academico de la RAEpero sobre todo fue cuando falleció su mujer, Ángeles, que tenía 51 años. Dejó de escribir durante un tiempo. Cuando dio su discurso de ingreso en la Academia, escribió unas palabras de homenaje a su mujer: «Con su desaparición ha muerto la mejor mitad de mí mismo». Luego llegó ese libro inmortal, ‘Señora de rojo sobre fondo gris’que publicó 17 años después de su muerte: no olvidaba. «Es la novela predilecta de sus nietos», contó Delibes Caballero. «La abuela Ángeles nos conoció a Elisa (otra nieta) ya mí, pero apenas teníamos un año cuando ella murió». Siempre estaba presente en las dedicatorias que firmaba a sus nietos. Un ejemplo: «Que seas tan feliz como la mujer de rojo, pero con más tiempo». Otro: «La señora de rojo resucitaría con gusto solo para conoceros». Esto lo escribió en 2008. Nunca olvidó.
Delibes sostenía que una novela necesitaba un hombre, un paisaje y una pasión. Definido el hombre, su nieto pasó a repasar algunos de los paisajes de su vida. También sus casas. como la casona de sedanodonde la familia se juntaba y donde vitoreaban a Induráin oa despotricar contra Julio Salinas cuando falló aquel gol clarísimo en el mundial del 94 contra Italia. «Para nosotros fue un abuelo que nos defendía ante nuestros padres y nos daba la propina», insistió Delibes Caballero. Y recordé: «Él era un cazador que escribe, y no un escritor que caza. Nos transmitió su pasión por la naturaleza, el deporte, el Tour de Francia, el tenis». También le gustaban el póquer y el Real Valladolid. Era un hombre de muchas pasiones y muchas novelas. Todas escritas a mano. «No puedo interponer una máquina entre mi cabeza y el papel», repetía. Cuando le enviaba cartas a sus nietos dibujaba animalitos entre las palabras. «Nos encantaban».
Por cierto, su última novela, ‘El hereje’se la dedicó a Valladolid. «Escribió ‘El camino’ en 3 semanas. Pero tardó 3 años en escribir ‘El hereje’», apuntó el nieto.
A Delibes lo despidieron más de 20.000 personas. Y por supuesto toda su familia. Delibes Caballero acabó el acto como acabó su libro: «Gracias, abuelo. Te quieres, Ger».
