Koundé se había suspendido en el aire, con el cuello torcidopara marcar por segunda vez y coronar en tres minutos el levantamiento del Barça frente al Eintracht. Entonces, a uno de los cafres que poblaban el sector de la afición alemana se le ocurrió lanzar una bengala encendida a los aficionados azulgrana. Mientras el fuego rojo ardía, toda clase de objetos fueron arrojados hacia abajo con total impunidad. En definitiva es la UEFA la que permite que el 5% de las entradas sean para los aficionados rivales. Desde el palco, y con un canapé entre pecho y espalda, esas cosas no deben dar miedo.
Pudo al menos la hinchada azulgrana se dio cuenta del gusto de ver cómo el Barça salvaba una complicada noche que, por momentos, hizo recordar el tormento de 2022, cuando el Eintracht se sacó de encima a los azulgranas en la Europa League.
Era tal el temor por que se repitiera aquel esperpento, cuando más de 30.000 hinchas alemanes se convirtieron el Camp Nou en un Biergarten, que el Barça hizo cuanto pudo por controlar la situación y enjaularlos a casi todos (unos 2.400), aunque ello llevará no llenar todas las plazas disponibles de su estadio en obras (quedaron libres unas 7.000). No fue sencillo, eso sí, que los guardias de seguridad controlaran la entrada a aquellos aficionados germanos que se vistieron de arriba a abajo con parafernalia del Barçacon la camiseta del Eintracht debajo, rezando para que nadie les pidiera la identificación en la puerta.
Los aficionados del Eintracht encienden bengalas en el Camp Nou. / JORDI COTRINA
Había un punto donde nadie miraba. En los accesos se congregó un grupo de trabajadores turcos de una subcontrata de Limak (Ekstreme Works). Protestaban por haber sido despedidos después de denunciar impagos tras jornadas «de 12 horas, los siete días de la semana y sin papeles en regla». Pocos reparaban en su presencia. Estaban a la sombra de los focos y de lo que ocurría en el interior del campo.
Los resultados van ligados de manera íntima a la gestión del vestuario. No lo tiene fácil Hansi Flick, especialmente con sus vacaciones sagradas. Tiró de meritocracia con Eric García por mucho que Frenkie de Jong, recurso en la nana del segundo tiempo, estaría ya a su disposición. El neerlandés, en siete temporadas con el Barça, tiene una hoja de servicios de cero goles y una asistencia en Champions.
decisión preocupante
Fue más preocupante la decisión tomada por Flick respecto a Lewandowskique tocó diez veces la pelota en el primer acto. La buenaventura goleadora de Ferran Torres, que venía de tomar un ‘hat trick’ en La Cartuja ante el Betis, exigía algo más de tacto con el delantero valenciano. Por mucho que Lewandowski torciera el gesto el otro día y considera que debe seguir siendo relevante en los partidos de postín. Ni mucho menos lo fue ante el Eintracht, un espectro excepto cuando se marca en una acción invalidada por fuera de juego de Raphinha.
Ese episodio y un disparo de un central, Gerard Martín, fueron las únicas veces en que el Barça creó algo de peligro frente al muro alemán dispuesto por Toppmöller. Algo que no debía esperar a Flick, porque no hubo manera que el técnico azulgrana encontrara soluciones en ese tramo al monumental atasco más allá de inutilizar la izquierda intercambiando a Raphinha por Fermín.

Gerard Martín despeja un balón ante Knauff. / JORDI COTRINA
El ultradefensivo Eintracht, que había llegado a Barcelona sin arietes (están lesionados Jonathan Burkardt y Michy Batshuayi), tuvo claro desde el principio que fiaría su suerte a las carreras de Knauff, que acostumbra a jugar de extremo. Fue suficiente para que marcara en el primer chut a puerta de los suyos en una transición muy mal leída por un Barça que se las prometía felices rondando el 80% de posesión. Pedri no se atrevió a dar una coz cuando el Eintracht inició la contra, Gerard Martín fue en busca de un centro cuando lo más coherente hubiera sido esperar, y Knauff se aprovechó de la tibieza con la que Balde defendió su carrera. Marcaron los alemanes y sus seguidores, en la zona alta del Camp Nou, lo celebraron tirando vasos hacia abajo y encendiendo siete bengalas.. Todo aderezado con gritos de «puta Barça»constantes en su jaula.

Los jugadores del Barça felicitan a Koundé. / Jordi Cotrina
Verse por detrás en el marcador por quinta vez seguido no sentó bien a los jugadores del Barça. Hasta tal punto que Pedri, quien mejor acostumbra a domar el caos, se dejó llevar por la desesperación. Lamine Yamal abría los brazos porque nadie acudía a ayudarle cuando tenía que encarar a dos defensores a la vez. Y el Eintracht, un equipo presuntamente seductor, se sentía seguro con su traje defensivo y juntando sus líneas en los últimos 30 metros. Tampoco tuvo reparos en perder tiempo las veces que hizo falta, ante la cólera de los analistas del Barça sentados en la tribuna.
Flick, con un cabreo de aúpa al acabar el primer tiempo, supo corregirse a lo grande en la reanudación incorporando a Rashford por Fermín. El movimiento fue clave para reponerse en la Champions. El inglés, al que le sobra clase para ser importante sin espacios, amaneció brindando una rosca portentosa que Koundé cazó lanzándose en plancha. Tres minutos después colorearía el francés su faena, otra vez con su pelo ensortijado como estaca, y completando su primer doblete de siempre. Y homenajeando, sin saberlo, a Jorge Ilegal el día que se fue con la música a otra parte. «Soy un macarra, soy un hortera. Voy a toda hostia por la carretera».
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