El mito, el chaval normal, la batería, el novio de Ana Currael que puso música y cantó las letras de Nacho Canut¿de qué huías, Eduardo? De la tormenta que se veía en la lejanía, la de la edad y la madurez. Cascaborra Ediciones publica esta biografía en viñetas sobre Eduardo BenaventePegamoide, fundador de Parálisis Permanenteicono pop de la inocencia en tiempos perversos, una obra de Juanra Fernández y Julepe.
El dibujo, en las trazas más profundas de la oscuridad, una la pintura con la viñeta, la abstracción con la narrativa de la Transición y la primera Movida. Eduardo Benavente, cantando por Celeste Carballopor Alaskapor Silvia Superestrella. Bauhaus y Lagartija Nick. La evolución del pop nuevaolero, del Rastro al Rockola, pasando por El escaparate. España nunca fue punk, ni after punk, España fue fría, azul, siniestra. Oscuridad y ojos hundidos, primero por la inocencia y, después, por las anfetaminas y los narcóticos. De este salgo. Un niño normal, un crio de Madrid, Poch, Sabino y Loquillo, Jaime Urrutia. En el Ritmo del Garajede 1983, ya habían llegado Loquillo y Desechables. Y esa canción, Accidente de circulaciónla versión oscura y tóxica de Autopista.
Todas las referencias están en las láminas de Autosuficienciadesde el comienzo, la inocencia, los primeros grupos, Tequilala mezcla de la Unión, Mecano, Hombres G., la belleza de Ana Curramucho Luisa Brookscine MOD, jóvenes airados, la chupa de cuero con corbata de Carlos Berlanga, el niño del tocadiscos, el expresionismo alemán, del Gabinete del Doctor Caligari a monstruos Delaware Tod Browningtres cipreses, más que un sello, un estadio mental otoñal sacado de los versos de Dámaso Alonso. Llegar a la Edad de Orodespués de que Nacho se hubiera marchado a Dinarama (más elegante, bossa), a pesar de que Benavente hubiera llevado a la oscuridad de Esteban Rey (escuchad, por favor, el último concierto de Pegamoides, 26 de noviembre de 1982 en la discoteca Yoko Lennon’s de Bilbao, editado por Subterfugio“Llegando hasta la final“, y el sonido de Toti en la batería, de Eduardo en la guitarra, escuchad cómo suena Redrum oh La línea se cortó).
El flexi de El jardín/ Volar regalo de los últimos conciertos. Con Canut&Benavente.
La llamada de Eduardo a su padre, horas antes de fallecer. El silencio, las inundaciones, el hotel, lugares de la España prosaica: “Las cosas que no viste/las cosas que podrías haber visto”
Parálisis Permanentecomo el tebeo Autosuficienciano es únicamente Eduardo, es Ana Curra y es Nacho Canut, por supuesto. Toda la imaginería heredada de Londres, de 1978, un año después de la explosión, donde los muertos vivientes, devotos de Sid viciosose hundían en la heroína punk y el frío de la abstinencia propiciaba la formación de bandas que parecían sacadas de tebeos de Ordenanza, broma asesina, La cura oh Siouxsie y las banshees). Antes de Ana estuvo ella, la batería de las Mo-Dettes, que venían de la misma semilla que Las rendijasciegas de belleza y pantano, soñando escapar de Brixton para acudir al psiquiátrico de Napa, en California, donde Los calambres tocaron en directo ese año, 1978, el del comienzo, el del nuevo final)
Las canciones, Un día cualquiera en Texas (La matanza de Texas1974), Unidos (Las siamesas diabólicas de Brian de Palma, 1972), Tengo un pasajero (la primera de Extranjeroclaro…), y el retorno del diablo y las películas de explotación para “quiero ser santa“, El resplandor (si Redrum lo ponía en la pared del Hotel, aquí no nos andamos con tontadas), jugando a las cartas… en el cementerio. Los muertos vivientes de Jorge Romero. Y es que esas canciones, esas letras más las versiones de Héroes (que es Berlín y es Lou ReedSí bowiclaro, Eno e Iggy, que viene con quiero ser tu perrorevisando la versión de Las Vulpes), que revisará mil años más tarde Amaral y tendrá en su cabeza Ray Loriga para vender la literatura en los noventa.
Más allá de lo escabroso, está lo sensual, la portada de El actocon el hombre medio, mediocre, el hombre español, esperando su propia Ana Curracon su peluca blanca, su combinación negra. Hasta en lo sexual puede haber problemas legales. Benavente la chuta, el largo camino hacia la nada y el regreso, soltando a Ana. Ana, la otra protagonista, con Alberto García-Alix y El Ángella otra contracultura. Escuchar a Eduardo Benavente, en la Edad de Oro, con Paloma Chamorro, ya fantasma, balbucear influencias, demuestra que el mito tenía los pies de barro. Benavente era bello y entusiasta, pero no hubiera liderado ninguna revuelta. Era un chico, un chico de la calle viviendo su canción.
Por eso no es un blanco y negro cualquiera, el dibujo de Autosuficiencia parece sacado de lugares de la ciudad oscura, Eduardo encaja en la ciudad de los cuervos, con los ojos hundidos y esa lluvia eterna, ¿qué queda por ver? Nunca se hará otra vez de día. Es Madrid que deslumbra en su propia cenizacon botas y chupas de cuero, uniforme de Los Ramones, el power pop, los locales de ensayo de Tablada, las buenas y las malas semillas. El cuello infinito, la Pin Up eterna, esa instantánea de Ana Curra, arte pop.
El encuentro con Bonezzilos bellos Álex de la Nuez y Tesa Arranzantes de ser atrapado por Cthulhu. Delaware Groenlandia al Pacifico. Los Pegamoides no querían más imperdibles, como muchas chapas en la chupa, un jersey de pico, una corbata, el levantar del chico de los Berlanga, que escribía Francisco Umbral (que luego volverá a aparecer). Toti, otro más, otro en este tebeo coral y bello (Plástico y Escaparate). El estampado animal, los ojos profundos de Juan Constantino, los fanzines con tipografía de olivetti. Luego, arrastrados, crestas y calvicie, Peter Murphy y Glen Danzig. No-dettes, el beso Sid. Los cocodrilos, con sus colmillos afilados, recorren las calles de Nueva York, ahí se ha desplazado el suicidio y las cajas de ritmos.
“Son tan jóvenes que no creen en la muerte”.
Y llegamos a la moda, la futura, la de Ramoncín con triángulo de Bowie, con Umbral volteado por los Pegamoides y los huevos de Ramón (con perdón), mientras trasiega whisky con optalidones y se acuesta con jóvenes estudiantes de Filología Hispánica. escribe Crónicas borbónicas. Qué nos queda, esos sintetizadores que se van de ritmo, esas guitarras afinadas con cuerdas rotas, Nacha Pop, Radio Futura, Pegamoides, Zombies.
Necesitan algo más oscuro. La gran dualidad: cuanto más oscuro, más luz. Fotos en los cementerios para todos. Y Helmut Félix Bolzen la legión. El recuerdo del Madrid, pronto volveremos a él, de la Falange, de Edgardo Neville y mariano jose de larralos disparos de las tropas de asalto. La Legión Cóndor, Brian Jones disfrazado de las SS. Había que asustar, había que salir en prensa. Hola, somos Gabinete Caligari y somos fascistas.. El videoclip de Autosuficienciacon pasillos de clase media ahorrando para comprar un apartamento en la playa, mucho esfuerzo, el hijo yonqui, la niña que estudia. Y los punks, y las guitarras, y las casetes, y los freaks del cementerio. Rojo y negro, anarquistas con camisetas sin mangas, con la Estrella de David. Rafa y sus gafas de pasta, lo veo todo negro, los Buzzcocks, Pronto llegará Manchester, pero no estará Eduardo para verlo.
Pronto el punk rock de El choque se mezclará con la rumba y volverán las camisas de topos, pero no estará Eduardo para verlo, ni él ni Poch, camino los dos del limbo, jurelandiadonde por la mañana se juega al billar y se toman botellines y, por la noche, la ciudad sumergida devora a los hijos de Lux Interior. No hay más belleza que en lo incorruptible. Y este tebeo lo refleja de maravilla.
El acto, todo lo sexual, los sencillos, los temas perdidos, las letras de Ana, también. La estación final¿necesitábamos un mártir para avanzar? ¿Qué contesta a todas estas preguntas? No ese chaval, él era ritmo y belleza. Naciones Unidas Pierrot triste. Que se enfrentó a la eternidad. Que dejó todo sembrado de dudas, dónde estarías ahora, Eduardo. Porque ya no quedan muchos. Y los que quedan, beben vinagre. Vinagre viejo. Nada de dulce sangre.
