Cuando Pedro Sánchez llegó a la Moncloa con la moción de censura del 2018, designó a Carmen Calvo vicepresidenta con un poder amplio. Un esquema clásico en el que el entonces joven presidente depositaba su confianza en un dirigente con experiencia y bagaje. Pero en el 2020 Sánchez cambió de esquema y optó por un segundo escalón coral, con la entrada de Unidas Podemos, pero no solo por eso. Cuatro vicepresidentes por este orden: Calvo, Pablo Iglesias, Nadia Calviño y Teresa Ribera.
Así, incorpora perfiles de solvencia contrastada en Europa, el de Calviño en materia económica, y el de Ribera en cuestiones energéticas. Trataba de ganar influencia en Bruselas en dos ámbitos que intuyó cruciales. Cuando llegó la pandemia, España se empujó para lograr los fondos Next Generation. Y con la guerra de Ucrania, fue determinante el papel de Ribera para que la UE aceptara la “excepción ibérica”, que ahorró subidas de la electricidad. Las dos llegaron sin peso orgánico en el PSOE. Sánchez también aprovechó para lanzar un mensaje feminista en pleno auge del movimiento.
En el 2021, cuando el presidente llevaba tres años en la Moncloa, prescindió de Calvo. Decidió que ya no necesitaba un número dos de perfil político. Se dijo que quedaba expuesto, sin escudo. Mantuvo a Calviño y Ribera, a las que se sumó Yolanda Díaz tras la salida de Iglesias. Desde el 2023 se produce un goteo de relevos en el Consejo de Ministros. Calviño se fue al Banco Europeo de Inversiones y Ribera es número dos de Ursula von der Leyen en la Comisión Europea. Varios ministros han sido o serán candidatos autonómicos. Con ellos, Sánchez controlará esos territorios. Como María Jesús Montero en Andalucía, su mano derecha en el PSOE.
Carlos Cuerpo, recomendado por Calviño, será el vicepresidente primero. Es un perfil de cualificación técnica más que un político. Pero las vicepresidencias mantienen el esquema: primero Economía (Cuerpo, como lo fue Calviño), Sumar (Díaz) y Energía (Sara Aagesen, promocionada por Ribera). El objetivo es idéntico: moverse con solvencia en Bruselas en el frente económico y energético, ahora por la guerra de Irán.
Los ministros Félix Bolaños y Óscar López siguen siendo puntales del presidente. El segundo deberá enfrentarse a Isabel Díaz Ayuso. Y Sánchez sigue echando mano de Bolaños para los líos domésticos. Como ministro de la Presidencia coordina al Gobierno. Le entregó la cartera de Justicia para lidiar con uno de los focos más hostiles, la judicatura. Y en los últimos tiempos ha reforzado su labor de diálogo con los grupos parlamentarios, de Podemos a Junts, el flanco más débil del Ejecutivo.
A estas alturas, Sánchez deja claro que cree que su mejor vicepresidente político es él mismo.
