Todo surgió como una revelación, o por casualidad, como suceden muchas cosas. La bailaora y creadora Mercedes de Córdoba vio una imagen de Marga Gil Roësset, y fue un enganche brutal. «No conocía este movimiento, ni el olvido al que han sido obligados. Luego … vi el documental de ‘Imprescindibles’ de Las Sin Sombrero. Mi enfado fue grande porque como artista y mujer, ni siquiera las conocí pero es que hoy siguen sin estar en los libros de texto. Hay una desinformación grandísima, últimamente se las está reivindicando más, pero creo que se merecen más», nos comenta por teléfono De Córdoba.
Luego hizo un Work in Progress dedicado exclusivamente a Marga Gil Roësset. Un tiempo antes se conectó con Marga Clark, mi tía, y sobrina de Marga Gil Roësset, que colaboró con textos, poemas y recitando las cartas de Marga. Mi tía abuela Marga Gil Roësset (1908-1932) era una ilustradora y escultora descomunal. Tenía un talento innato, un estilo propio (lo que distingue a los genios) y un punto visionario. Se dejó la vida a los 24 años.
Un hecho que marcó a la familia de mi madre, y una herida profunda en mi abuela, la editora y profesora de inglés, Consuelo Gil Roësset, de quien Mercedes de Córdoba canta la nana ‘La luz de dios’ con música de mi abuelo, el compositor José María Franco Bordons. Al menos nos queda la fuerza, la luz, de una parte sorprendente de la obra de Marga Gil Roësset.
El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía cuenta en la sección ‘Mujeres en Vanguardia’ con la escultura ‘Virgen con niño’ de Marga Gil Roësset. Y esperamos que más obras se puedan ver en los grandes centros de arte españoles.
Hay algo arrebatador e inspirador en Las Sin Sombrero, esa generación de mujeres ilustradas y avanzadas a su época, grandes creadoras y dotadas de un grandísimo talento. En ‘Olvidadas (a Las Sin Sombrero)’ Mercedes de Córdoba se centra en tres de ellas: María Zambrano, Concha Méndez y Marga Gil Roësset. «Un día me surgió la idea y me dije, lo que tengo que representar es la relación mía a la hora de conocerlas. Ese intento constante de querer sacarlas a la luz. Y contar su historia a través».
Un ‘leit motiv’ fue un audio de Concha Méndez. De niña un hombre le preguntó a su hermano que quería ser de mayor. Y ella dijo, aunque no la habían preguntado, dijo «yo quiero ser capitán de barco». Y ese hombre le dijo, «anda niña, cállate, que las niñas no sois nada». «Ese audio me remató, y sabía que tenía que estar».
Hay algo arrebatador en esa generación de mujeres ilustradas y avanzadas a su época.
La poderosa fuerza, con sus luces y sus sombras, y el arraigo a las raíces del flamenco sirve de vehículo perfecto para acercarse a esta generación sin igual. «Experimenté ira, enfado. Y después, muchísimo amor al investigarlas. Tiempo después he podido ponerlas en lo alto del escenario. Es mi granito de arena, de reivindicarlas para que no se las olvide. Por esa igualdad y normalidad. Para que se estudien estas mujeres, que aparecerán en los libros de textos. Esa es mi finalidad. Este espectáculo es una invitación a que el público salga del teatro y tenga la curiosidad de buscarlas. Al principio me daba muchísimo vértigo. Pero había algo que me empujaba. Es una creación dura pero también hay mucha ironía.que creo que hace bastante falta en los tiempos que corren», explica Mercedes de Córdoba.
La danza, el flamenco y montar una compañía.
«El flamenco está muy arraigado a la tierra, al alma, a las sensaciones, a una forma de sobrevivir y de vivirlo. Es la manera más honesta que encontró para poder expresarme sin utilizar la palabra, y para desahogar mi mundo interior, o incluso crear otros. Es algo que para mí es indispensable para seguir con salud mental, la verdad. Para quienes nos dedicamos al arte, a la cultura en general, el arte, a quienes nos gusta, no vemos la vida sin esto. Si todo el mundo se preocupase más por ella, el mundo sería mucho mejor», confiesa de Córdoba.
Imaginamos que montar una compañía es casi un deporte de riesgo, ¿no? «Es un medio suicidio. Una compañía privada es de locos. Yo creo que eso es algo que tengo impregnado porque he vivido justo esa transición, ni soy muy mayor, ni soy muy joven. He tenido la suerte de poder vivir en la Compañía Andaluza de Danza, con Eva Yerbabuena (todo el mundo conoce mi paso por ahí), con Joaquín Grilo, con Javier Barón… O sea, he vivido muchos proyectos. La experiencia es lo que te da la sabiduría. Y la calidad va unida de las experiencias, no solamente del talento», confiesa De Córdoba.
«La danza es un veneno y mi antídoto, y creo que es la que me quita el sueño y me lo da»
¿Para usted la danza lo es todo? «Lo es todo mi familia. Pero la danza entra en mi familia, por supuesto. Yo siempre digo que es un veneno y mi antídotoy creo que es la que me quita el sueño y me lo da. El camino de un artista es durísimo: luchar contra el sistema, el mundo en el que vivimos, el dinero, que esté todo politizado… Es súper complicado, la verdad, pero luego cuando se abre ese telón y ese tiempo de la obra, puede con todo. Y luego meterte en el estudio y crear: yo es que voy, y me aíslo del mundo», concluye Mercedes de Córdoba.
