Pienso mucho en las últimas veces. La última vez que visitarás un lugar, la última vez que te reirás con tus amigos, la última vez que le darás un beso a tus hijos, la última vez que harás el amor. Lo malo de las últimas veces es que nunca sabes que son la última vez.
Yo no sabía aquel día en Alcalá de Henares, el año pasado, que sería la última vez que vería cantar a Robe. Esperaré con ilusión y ansia los conciertos programados para el Movistar Arena, pero no llegaron. Y ahora, no habrá más canciones salidas del corazón, la mente y los huevos de Robe Iniesta. Perdónenme la grosería, pero hablamos de Robe.
A Robe ya le habían matado. La noticia de su muerte se convirtió en un bulo hace años. Él se lo tomó “con alegría de saber que mentían”, según me contó. “MIs el momento idóneo para que hablen bien de ti”, dijo.
Pues vamos a ello. Robe empezó a vender chucherías, ojalá haberle comprado algo, regaliz, para darle las gracias disimuladamente. Se pagó su primera maqueta vendiendo papeletas. Si comprabas una, te darían el disco cuando lograran grabarlo. Túnicapezó con Extremoduro en el 87. Los que hemos vivido en el siglo pasado nos referimos así a los años.
En el 89 sacó Roca Transgresiva. Y lo era. Metálico, ruidoso, sucio, genial. Ese fue el primer disco que compré en mi vida. Una reedición en realidad. Con 2.000 pesetas que pedí adelantadas de paga, diciéndole a mi madre que tenía que comprar rápido, porque era una edición especial. Era una trola.
somos unos animales, Deltoya y ¿Dónde están mis amigos? decían las cosas con la crudeza que las decía Robe, que lo mismo hablaba de follar, de morir, de drogarse, de la cárcel, que de poesía, de filosofía…
“Concreté / La fecha de mi muerte con Satán / Le engañé / Y ahora no hay quien me pare ya los pies”, dice Robe en Jesucristo García. No creo que esté con Satán. Si creyera en Dios, estaría con él. Un caótico detalle de su forma de ser: no le gustaba la IA porque le preguntó en una ocasión quién ganaría en una pelea entre Alá y Yahvé. Como la IA se fue por las ramas, le pareció una mierda.
Mis hijos protestan cuando en el coche nos turnamos para poner canciones y las mías “duran mucho”. Siempre les amenazo con poner en mi turno pedra. 29 minutos y 28 segundos de canción. A su edad, con 16 primaveras, colé una cámara de fotos analógica escondida entre mis piernas a un cocierto en la Kanciller. Estaba prohibido hacer fotos. Hice dos: una de Robe, desenfocada. Otra de mi colega José Cebrián y yo, con Robe detrás. Era el 96 y fuimos pioneros del selfie. Mi primer concierto de Extremo fue, sin embargo, en el 95. El último, en el 2024. Casi 30 años llenando una vida de canciones. En los conciertos de Robe se veían igual calvas que melenas. Viejos que jóvenes. Heavies que pijos. Hombres y mujeres. Locales y foráneos. Época universal.
Robe fue nuestra musa (una musa con el pelo desaliñado, haciendo descansos en los conciertos para a saber qué) y Javi, Manu y Jose acabamos por montar un grupo (Etílica, se llamaba la banda, no nos juzguen) versionando canciones, muchas de Robe. Le preguntó a Robe qué le hacía sentir haber sido el motor de muchos músicos jóvenes. “Me hace sentir muy bien. Me hace sentir orgullo. A los músicos ya los artistas en general hace falta que se les apoye”, me dijo.
“METROe encuentro con mi hada, que esta loca también”… Las musas de Robe debían ser todo un caso. Entre ellas estaba siempre Manolo Chinatosolo que en lugar de vestiditos vaporosos y liras, él gasta pantalón de pana y camisa de campesino, además de un doble de cerveza encima de una barra.
También fueron su inspiración Marcos Ana, Antonio Machado, Cervantes, Raul Lomas, Federico García Loca, Sor CampanaHomero, Miguel Hernández, Pablo Neruda, Ramón Romero Ruiz., Santos Isidro Seseña… menú mezcla. Pero ya sabéis que “ty juzgarán sólo por tus errores”, pero Robe no. Los prejuicios no componen canciones.
Robe Iniesta componía porque sabía que cada canción era mejor que la anterior, que se iba sublimando. “A mí la canción que más me gusta siempre es la última que hago. Lo último que hago es lo que más me gusta y siempre pienso ‘coño, ¿cómo no se me ha ocurrido esto antes?‘”, continuó.
Ésta es mi opinión: Ágil Fue su último disco rabioso ya partir de ahí comenzó a dulcificarse. Pero un dulce relleno de licor. Canciones prohibidas, Yo, minoría absoluta, La ley innata, Material defectuoso, Para todos los publicos…ponían a copular las guitarras metaleras o rockeras con los violines, el piano… el ruido dejando paso a lo sinfónico.
Si te vas te hace llorar. Y te emociona. Es un puto himno que le canta a todo lo bueno que puede tener un ser humano: valor, empatía, amor, sexo, amistad, respeto, admiración… “Si te vas / Me quedo en esta calle sin salida“. No pasa nada, en esa calle cortada hay un Peugeot viejo donde suena la música de Robe.
Extremoduro dejó de ser y comenzó a ser Robe. Así, a secas, porque el apellido lo usaban solo los que no hablaban de él a menudo. Vinieron Lo que aletea en nuestras cabezas (¿qué leche va a aletear sino un verso de alguna canción de Robe?), destrozares, Bienvenidos al temporal, Mayéutica (con su coño conceptual de portada) y Se nos lleva el aire.
“Que el poder del arte / Bien nos pudiera salvar / De una vida inerte / De una vida triste / De una mala muerte”, se oye en El poder del arte. Te salvaste, Robe. La vida de Iniesta fue caótica, llena de drogas, noches en vela, amigos, alcohol, desfases y excesos. Pero el arte siempre le dio la mano justo antes de hundirse. Se puede navegar en una guitarra. Se puede respirar en una canción. Toda la vida de cualquiera puede resumirse en un verso cantado.
A Robe la mayoría de la gente le parecía idiota. Iros todos a tomar por culo. Gente idiota viviendo en un mundo idiotizado de banqueros y abogados y no de indios desnudos. Pero joder, cómo entendía a la gente. Cómo sus canciones hablaban de ti. De tus mierdas. De tus pasiones. Cómo meneaban los sentimientos pateándoles el culo. Y ya no habrá más canciones así. Las putas ultimas veces.
“Quisiera que mi voz fuera tan fuerte / Que a veces retumbar la montaña / Y escucharais, la mente social-adormecida / Las palabras de amor de mi garganta.“, cantaba en Ama, ama, ama y ensancha el alma. Sí la oímos, Robe, tu voz fuerte. Oímos tu voz rasgada. Para siempre.
