La práctica de la pelea con los puños entre dos contrincantes se conoce desde hace muchísimos siglos, siendo una de las disciplinas que ya se practicaban en la Antigua Grecia y conocida como pigmaquia (Πυγμαχία), que literalmente significaba ‘lucha con puños’siendo incluido en los Juegos Olímpicos (de la antigüedad) en el año 688 aC (23ª Olimpiada).
Por aquel entonces los luchadores no utilizaban guantes acolchados para pelear (tal y como conocemos hoy en día), sino que protegían sus manos enrollándolas con unas largas tiras de cuero de buey, conocidas como ‘himantesque dejaban los dedos libres y cuya misión era la de proteger los nudillos y así soportar el golpe hacia el contrincante.
Posteriormente, en la Antigua Roma se llevó esa idea al extremo con el ‘cestouna manopla de cuero que a veces incorporaba piezas de metal o tachuelas, en lo que se denominaba ‘Pugilātus’nombre en latín de lo que conocemos como ‘Pugilismo’ (denominación en español del término anglosajón ‘boxeo’).
Durante los siguientes siglos la práctica de este deporte se desarrolló a puño limpio (con las manos desnudas) y el predecesor del guante acolchado no llegó hasta el siglo XVIII, cuando el primer campeón de peso pesado de la historia del boxeo moderno, Jack Broughtondesarrollado en 1743 las primeras reglas de boxeo (Reglas del anillo de premios de Londrestambién conocida como Las reglas de Broughton) en un intento de hacerlo más seguro. Para ello también inventó una especie de guantes acolchados, a los que llamó silenciadoreslos cuales solo eran utilizados durante el entrenamiento y las exhibiciones, pero los combates oficiales seguían realizándose a puño limpio.
La adopción plena llegó en 1867 con el código establecido por el Marqués de Queensberrydonde se exigía el uso de guantes (acolchados y de tamaño adecuado), normalizándose los asaltos de tres minutos y conteo hasta diez.
