Camino de los 36 años, y sin equipo desde finales de 2024, Asier Illarramendi (Motrico, Guipúzcoa, 8 de marzo de 1990) recibió a finales del pasado verano la llamada de Íñigo Calderón, entrenador vitoriano del Kitchee SC, el club más afamado de la Premier de Hong Kong … . Hasta la otra punta del mundo se ha ido el mediocentro para disfrutar de los minutos de descuento de una carrera que no siempre fue un camino de vino y rosas. La repasa con ABC desde su casa en Kai Tak.
—Vive donde estaba el antiguo aeropuerto.
-Si. Han hecho una zona nueva residencial y se está muy bien aquí. Y a mi mujer también le gusta, que es algo muy importante.
— ¿Qué nivel tiene el Kitchee y el fútbol en Hong Kong?
—Es el mejor equipo del país. Es verdad que lleva dos años sin ganar la Liga, pero históricamente es el mejor. Y, en cuanto al nivel, para que se haga una idea, es inferior a la MLS de Estados Unidos (Asier jugó en el Dallas FC en 2023 y 2024). Aquí solo puede haber seis extranjeros sobre el campo y siete en total en la plantilla, y eso se nota. El jugador local no tiene mucho nivel y tampoco trabaja mucho las canteras.
—¿Por qué ha terminado allí?
—Yo no conocía este campeonato, pero me llamó Íñigo, su entrenador, que es vitoriano, y estoy aquí por él. Si no, no hubiera venido. Y hay más españoles en el equipo. Su segundo, Nando, lleva quince años, primero como jugador y ahora como asistente, y hay tres jugadores también de nuestro país.
—Ha estado casi un año sin equipo.
-Si. Jugamos los playoffs con Dallas y nos eliminamos en octubre. Luego no llegamos a un acuerdo de renovación y regresó a mi pueblo, donde entrenaba con un preparador físico. Tenía ofertas, pero tampoco me motivaban mucho, y ya en verano me salió lo de Hong Kong. Me pareció interesante. Las primeras dos semanas vivimos en un hotel, en otro barrio, y todo era nuevo: idioma, comida, costumbres, cultura… pero ahora ya estamos asentados.
— ¿Cómo está el país tras la tragedia de los rascacielos?
—Pues ha sido un golpe grande. Aquí hay muchos edificios altos y los andamios no son de metal, como en España. Los hacen de bambú y los cubren con plástico, que es un material más inflamable. Y el edificio que ardió es, en su mayoría, de gente mayor y poco pudo hacer para salvarse. Con esta tragedia se van a replantear los materiales de las construcciones y lo que estamos haciendo el resto es ayudar en lo que podamos. La recaudación del último partido de Liga que jugamos fue íntegra para las personas afectadas por esta tragedia.
—¿Cómo son los hongkoneses?
—Pues siempre intento ayudarte y están a tu disposición. Son muy educados, nobles, tranquilos, prudentes y silenciosos. No tienen mucho que ver con los chinos. Ellos no se sienten chinos. Yo he cruzado ya tres veces la frontera y se notan las diferencias de un país a otro.
—Vayamos hace 25 años. ¿Qué fue de aquel Asier de 10 años que entró en la Real Sociedad?
—Yo jugaba al fútbol por diversión. Y las pruebas en la Real también las hice por diversión. Entrenaba y jugaba torneos porque me gustaba, pero sin pensar más allá. Fue en juvenil cuando ya pensé que, quizás, podía ser futbolista profesional y es ahí cuando entendí que había que dar un paso más en el esfuerzo. Soy un afortunado porque había chavales muy buenos conmigo que, por una razón u otra, pues no llegaron.
«En el Madrid me falló el aspecto mental, dudé de mí mismo y por eso no triunfé»
—En ¿quién se fijaba?
—Yo era recogepelotas en aquel Real que casi gana la Liga y compite en Champions. Y me encantaban Xabi y Aramburu, que eran el doble pivote de ese equipo. Dos perfiles distintos, pero muy buenos los dos.
—Hace dos años muy buenos con el primer equipo y, con 23 años, el Madrid paga 30 millones por usted. ¿Estaba en sus aviones?
—Fue un poco raro, yo no pensaba irme de la Real. Quería estar allí toda la vida. Habíamos quedado cuartos en la temporada 2012-13, nos metimos en Champions, luego gané el Europeo sub-21, y entonces llegó la llamada del Madrid. En ese momento la Real no estaba en una situación económica buena, acababa de salir de una Ley Concursal que casi le hace desaparecer, y tenía que vender para ajustar cuentas. Y eso es lo que pasó. Por eso fichado por el Madrid.
—Su presentación fue inolvidable.
—(Risas) Yo creo que fue una cosa bonita. Siempre que veo la presentación de un jugador del Madrid me acuerdo de la mía. A ver, mis amigos tampoco tenían intención de ir al palco; ellos venían a la grada a darme su cariño, pero cuando el presidente me preguntó si todos esos eran mis amigos, les invitamos a subir al palco ya estar a mi lado. Y luego les invitamos a todos a comer. Se portó fenomenal.
Illarramendi y los amigos de su cuadrilla posan con Florentino Pérez el día en que fue presentado como jugador del Real Madrid, en julio de 2013
—Igual ese fue su mejor momento como madridista, porque en lo deportivo esa mayonesa no ligó. ¿Qué pasó realmente?
—Me falló el aspecto mental, que es algo que hasta entonces nunca me había pasado. Siempre había jugado con confianza plena en mí mismo, pero cuando me salían las cosas mal les daba muchas vueltas y perdí la confianza. Yo tenía las mismas cualidades que en la Real, pero dudé de mí mismo y por eso no triunfé. Y no disfruté del Madrid lo que me hubiera gustado hacerlo.
—La salud mental entonces era invisible.
-Si. En aquella época no había psicólogos ni ‘coaches’. Solo existía la preparación física, no la mental. Hoy la ves hasta en las canteras, por suerte. En el fútbol de élite hay muchas críticas y mucha presión. Cuando ganas, todo va sobre ruedas, pero cuando no es así, da igual el dinero que ganas, el equipo en el que juegas, ser famoso… Te afectan las críticas como a cualquier persona. Y es verdad que, a veces, algunos se pasan. Vale, está dentro del oficio, pero gestionar una situación así es difícil.
— ¿Quién le ayudó en el Madrid?
—Pues no había psicólogos, pero teníamos a García Coll. No era su trabajo, pero a él le gustaba este mundo del entrenador y detectó que no lo estaba pasando bien y que no disfrutaba. Me echó una mano enorme porque yo no soy de abrirme y con él lo hice para, al menos, intentar darle la vuelta a la situación.
—Hay un partido que le deja muy señalado. Aquella vuelta de cuartos de Champions en 2014, en Dortmund, en la que el Borussia casi remonta el 3-0 de la ida. ¿Le pareció cruel el cambio al descanso?
—Fue la gota que colmó el vaso. Hasta ese partido yo no estaba disfrutando de mi juego, pero en aquel partido, en la primera mitad, nadie jugó bien. De hecho, fallamos un penalti al principio. Es verdad que sufrimos, pero acabamos pasando. Pero lo peor vino después de ese cambio: las críticas y el runrún que se generó hacia mí.
—Hay otro golpe. La final de Champions: Xabi está sancionado y Khedira llevaba siete meses fuera por una lesión de rodilla, pero aún así juega él, lo cambian al descanso, pero usted no juega ni un minuto.
—Me lo esperaba. Yo sabía que Ancelotti no confiaba en mí. Él tenía su grupo de 14-15 jugadores de confianza y yo no estaba entre ellos, así que tenía claro que no iba a jugar aquella final de Champions. Al final, los entrenadores tienen su núcleo de confianza, y Ancelotti no era una excepción.
— ¿Cómo de complejo es el vestuario de Madrid?
-Fango. El Madrid ha estado líder, iba bien en Champions y le estaban, y le están, criticando por todo. Es una presión de la leche. Da igual lo que hagas. Siempre se te pide más: más victorias, más goles, más juego… Nunca es suficiente.
—Y en lo humano? ¿Es más sencillo, por ejemplo, hacer amistades en un vestuario como el de la Real que en el del Madrid?
—Sí, sin duda. La Real es un club de cantera y conoces a casi todos tus compañeros desde pequeños. Hasta vas en taxi con ellos a entrenar y haces más amigos. En el Madrid hay muchos jugadores de distintos países, muchas culturas, otras costumbres y cada uno, al final, tira por lo suyo. Y eso se nota.
—Algo de eso anda sufriendo Xabi Alonso ahora. ¿Qué piensa cuando se habla de un sustituto?
—Xabi Alonso es el mejor entrenador que puede tener el Real Madrid. Ya demuestra lo bueno que era en el filial de la Real, luego en el Leverkusen, donde ganarle al Bayern una Bundesliga es muy difícil, y conoce perfectamente el Madrid, el club y el vestuario. Estoy seguro de que va a saber manejarlo. Lo de dentro y el runrún de fuera.
— ¿Hubiera encajado Zubimendi en este Madrid?
—Joder, claro. Sin duda. Es buenísimo. Y lo está demostrando en el Arsenal. Pero es que ya lo había hecho en la Real y en la selección. Entiende el fútbol como pocos, lee los partidos mejores que nadie y técnica y tácticamente es un animal.
—Su segunda etapa en la Real tiene unos primeros años muy buenos y unos últimos complicados por las lesiones. ¿Acabó satisfecho?
-Si. Yo necesitaba disfrutar del fútbol cuando salí del Madrid y eso iba a ser así en mi casa. No me equivoqué. Los primeros años fueron muy buenos y es verdad que luego vinieron lesiones y operaciones, y durante dos años apenas pude jugar, pero mi última temporada allí fue muy bonita.
— ¿Qué quiere hacer cuando esto se acabe?
—Pues hasta que me fui a Estados Unidos no pensaba ser entrenador. Allí me di cuenta de que quizás sé más de fútbol de lo que yo pensaba y ahí cambié el chip. Ahora sigo disfrutando de ser futbolista, pero no está lejos el adiós y lo de entrenador es posible.
