Es casi un lugar común afirmar que, desde la perspectiva judía, la historia del pueblo de Israel avanza sobre dos vías paralelas, como un tren que jamás se detiene. Una de esas vías está forjada por la letra y el espíritu, por la enseñanza rigurosa, la transmisión intergeneracional y la convicción de que el estudio es un hogar portátil. Un pueblo que se reinventa en cada generación y que ha demostrado, tanto en la tradición del libro como en la creatividad intelectual, una vocación de conocimiento que rara vez se extingue.
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