La memoria de Héctor Alterio será imborrable para muchos de nosotros. Supo interpretar con naturalidad, con sobriedad y con profundidad las modulaciones del alma humana, alejarse de la retórica de las grandes palabras y de los grandes gestos y poner en pie un arte. … en el que la vida quedaba expresada en las maneras sencillas, en los sentimientos corrientes. Para Héctor Alterio el gran actor debía expresar sin altisonancias la naturaleza de nuestros actos, hacerlo con emoción, es decir, con seducción. Fue, a su manera, un gran seductor: tenía voz y presencia para ello, y trabajaba sus personajes para que se produjera ese milagro de dotarlos de una personalidad auténticamente dramática, sin aspavientos y superficialidades.
Fue argentino de origen, español de exilio y de destino, y su carrera como actor va desde aquellos revolucionarios finales de los 50 y toda la década de los 60 hasta el clasicismo hondo de sus interpretaciones de madurez. En efecto, en Argentina supo desbrozar el realismo de cartón piedra y renovar la escena y el cine, pero será de la mano de Carlos Saura en ‘Cría cuervos’ cuando su figura empieza a hacerse popular. Se puede decir que fue uno de esos actores que llevó a cabo la transición de nuestro cine mientras se producía la Transición hacia la democracia, ahí están sus papeles en películas muy polémicas en aquellos años como ‘El crimen de Cuenca’, de Pilar Miró, sin olvidar ‘El nido’, de Jaime de Armiñán, nominada al Óscar a la mejor película en lengua no inglesa en 1980. En el cine argentino destacará su participación en ‘Plata quemada’ (2000), la película basada en la novela homónima de Ricardo Piglia, uno de los textos narrativos más importantes de nuestro tiempo.
Sí, Héctor Alterio fue un gran actor porque supo dar vida a esos personajes que a través suyo se hicieron memorables: ¿quién no recuerda al Víctor Quintanar de ‘La Regenta’ interpretado por él? ¿O quién no lo recuerda en ‘El detective y la muerte’, de Gonzalo Suárez?
Pero él manifestó muchas veces que era un actor de teatro, que solo en el teatro se encontraba su ecosistema artístico, que allí estaba la obra haciéndose delante de uno mismo, la respiración del público, la magia de las palabras hechas emociones. Como actor de teatro es ya uno de nuestros clásicos, tan versátil ya la vez con esa personalidad que deja un poso en cada uno de los personajes.
Gran huella la que nos deja hoy Héctor Alterio, gran vacío, perdemos a uno de los grandes ya alguien que supo dar voz a las encrucijadas de nuestro tiempo.
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