Tras el partido del Barça en Guadalajara, algunas reflexiones sobre el sentido de esto Copa del Rey a partido único y en casa del más débil. El formato se condiciona desde el sorteo para que los equipos de la Supercopa —este año Barça, Madrid, Atlético y Athletic— se midan contra los de categoría más baja, y se percibe como una lotería por parte de los equipos pequeños, que ven una oportunidad para hacer caja y quizás, con algo de suerte, pasar a la historia como matagigantes. Se busca un David contra Goliat, vamos. Por un día las distancias se reducen, y me pregunto si en el reverso de este homenaje al fútbol no hay también un impulso sádico, de emperador ante el combate desigual de los gladiadores en el circo romano —hombre contra león—. Pero esa es otra historia.
La realidad es que en la eliminatoria única los jugadores del equipo pequeño se crecen, aspiran a dar la sorpresa; al final, cuando menos, se llevan la camiseta de sus ídolos y una noche para revivir con sus nietos. Para las estrellas se trata de recordar que a veces también son colosos con los pies de barro, y que en esa nostalgia del fango —de cuando jugaban en el barrio, en campos de tierra y vestuarios fríos— tiene su papel el destino: ese día en que un alevín es elegido para subir de categoría y otro no.
Noche de goles
Todo esto es la teoría, claro, pero luego la práctica lo distorsiona. Hoy elogiamos el orgullo competitivo del Guadalajara ante el Barça, pero en su táctica defensiva a ultranza primaba la portería a cero por encima del espectáculo, y luego esperar una sorpresa (casi la hubo) y llegar a los penales. O quizás su idea del espectáculo era el sufrimiento defensivo, no el placer de atacar sin complejos.
Lamine Yamal, contra los jugadores del Guadalajara. / Rudy García / AP
Por mi parte, no he olvidado la eliminatoria de Copa que vivió cuando tenía 18 años, en 1986, también a partido único: Manlleu-Español. Estafa Javier Clemente en el banquillo y jugadores como Lauridsen y Valverde en los blanquiazules, y el legendario Tanco en mi equipo. Al final un 4-4 en el marcador, noche de goles, diversión, alegría ya la prórroga, y el Español que ganó la tanda de penales. Pero volvimos a casa a pie, cantando, afónicos y tan felices.
Suscríbete para seguir leyendo
