Durante mucho tiempo, el trabajo de la manicurista pasó desapercibido. Era un oficio presente en casi todos los barrios, pero pocas veces reconocido como una profesión con futuro. La informalidad, los bajos ingresos y la falta de oportunidades marcaron la rutina de miles de mujeres que sostenían, desde la discreción, una parte esencial de la industria de la belleza.
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Esa realidad comenzó a cambiar hace 12 años, cuando una marca colombiana decidió replantear el lugar de la manicura dentro del salón y, sobre todo, el valor de quien la ejerce. Super Wow nació con una idea sencilla pero ambiciosa, convertir un servicio tradicional en un modelo de negocio capaz de generar. dignidad, estabilidad económica y crecimiento profesional.
Lo que empezó en un segundo piso, con una sola máquina para pintar uñas, hoy es una compañía que reporta. más de 60 mil millones de pesos en ventas anuales. Su crecimiento a doble dígito se sostiene en una red de franquicias que opera en seis ciudades de Colombia y tiene presencia estratégica en Ciudad de México, consolidando un modelo que combina expansión y propósito social.
La compañía apuesta por la dignificación del trabajo femenino. Foto:Instagram @superwownails
Del anonimato a la profesionalización
Durante décadas, la manicurista fue vista como una figura secundaria dentro de la peluquería. Super Wow decidió cambiar esa lógica y ubicarla en el centro de la experiencia. El proyecto fue fundado por Liliana Franco, diseñadora industrial, junto a Andrés Torres, administrador de empresas, quienes aplican diseño, estructura e ingeniería a un sector históricamente informal.
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Más del 50 % del talento humano de la compañía está conformado por mujeres cabeza de hogar. Para ellas, el oficio dejó de ser una opción temporal y se convirtió en una profesión con proyección. La dignificación no se planteó como un discurso, sino como una estructura real de trabajo, formación y crecimiento.
Ese propósito quedó claro desde el inicio. “Cuando fundé Super Wow, mi propósito iba más allá de pintar uñas; se trataba de devolverle el valor y el poder económico a la manicurista”, señaló Franco. La idea, según ha explicado, siempre fue que esta profesión se convertiría en el centro de la experiencia y en el pilar económico de muchos hogares.
Liliana Franco y Andrés Torres, fundadores de la marca colombiana Super Wow. Foto:cortesia
Un modelo que crece con ellas.
Para sostener ese enfoque, la marca creó la Academia SuperWow, un sistema de formación continua que fortalece habilidades técnicas y personales. La iniciativa busca que las manicuristas se conviertan en profesionales integrales, capaces de mejorar su calidad de vida y de elevar el estándar del sector para los clientes.
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El crecimiento de la compañía se apoya en un modelo de franquicias que permite la apertura de entre ocho y diez tiendas al año. Esta estructura ha sido clave para una expansión ordenada y rentable, sin perder de vista la inversión en el talento humano que sostiene el negocio.
Andrés Torres ha explicado que “el crecimiento sostenido y rentable a doble dígito año a año es el resultado directo de nuestra sólida estructura de operación y de la escalabilidad del modelo de franquicias”. Según ha indicado, este enfoque ha permitido consolidar la marca como un negocio atractivo y replicable en la región, al tiempo que se sigue invirtiendo en la profesionalización de las manicuristas.
Mujeres fortalecen su independencia a través del oficio de la manicura. Foto:Instagram @superwownails
A esta estrategia se suma el desarrollo de una línea propia de productos de belleza y cuidado personal, diseñada por su fundadora y comercializada en las tiendas de la marca. Súper guau también fórmula esmaltes exclusivos para las tiendas D1 en todo el país, una apuesta que fortaleció su presencia en el mercado minorista.
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Hoy, la compañía realiza más de 1 millón de servicios al año y lidera la dignificación de más de 900 mujeres manicuristas en Colombia y México. A sus 12 años, Super Wow no solo celebra cifras y expansión, sino el impacto social de haber demostrado que un oficio históricamente invisibilizado puede convertirse en un camino real de autonomía económica y transformación para cientos de familias.
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MARÍA PAULA LOZANO
REDACCIÓN ALCANCE DIGITAL
