La industria musical es un reflejo de lo que está aconteciendo en la sociedad en un momento determinado. Aunque alguien solo sea fan de ciertos grupos o incluso no frecuente las salas de conciertos, asomarse a la realidad de los artistas es una forma de vislumbrar también nuestras propias realidades. No hace falta subirse encima de un escenario para comprender la relevancia de la brecha de género, la precariedad laboral o la digitalización, pero observarlo desde fuera ayuda a acercarse a estos temas con otras perspectivas. Es lo que hace la obra No sonamos mal (Muzikalia) al viajar por la escena musical española.
Los periodistas Dani Vega, Enrique Zamorano y Víctor Terrazas publican un libro que funciona como radiografía de la juventud del país, ahondando en los nuevos artistas que han surgido en el sector estos últimos años y que tienen que enfrentarse a la era de internet y las redes sociales. Ellos, además, aparecen en el ensayo, con nombres que van desde Alcalá Norte o Yawners hasta Cariño, Depresión Sonora o Biznaga. Se trata de una crónica oral del panorama indie nacional en un momento en el que el indie está empezando a convertirse en algo corriente principal. Enrique Zamorano apunta que “el indie, aunque es pop o rock alternativo en el estilo, es más una cierta actitud con el público y con la industria”.
