Se inaugura una exposición que permite realizar una inmersión en una obra capital de la dialectología, el Atles Lingüístic del Domini Català un proyecto de investigación faraónico dirigido por Lídia Pons y Joan Veny, digno de figurar junto a las grandes obras lingüísticas de Pompeu Fabra, Antoni Maria Alcover o Joan Coromines. Puede visitarse en el claustro de la Casa de Convalecencia, un nombre apropiado para albergar la sede central de la academia de la lengua catalana, el Institut d’Estudis Catalans. Se trata de una exposición compacta para garantizar una larga itinerancia por esos claustros de Dios. La dialectología suscita una paradoja muy fértil: muestra los particularismos de la lengua estudiada y refuerza su unidad. Porque la variación dentro de un mismo código lingüístico es una fortaleza, como la diversidad para una sociedad. La parte inicial del proyecto se desarrolló entre 1964 y 1978, con la recopilación de materiales lingüísticos mediante cuestionarios completísimos en 190 localidades del dominio lingüístico catalán (nota para sospechas: en lingüística, “dominio” designa la zona donde se habla una lengua). La fase de trabajo y publicación de estos materiales se prolongó durante décadas, hasta completar la publicación del atles propiamente dicho, nueve volúmenes de gran formato con los resultados de los cuestionarios, otros nueve volúmenes del Pequeño Atles de carácter interpretativo, con mapas que permiten realizar comparaciones de las palabras equivalentes recogidas en cada territorio, y tres volúmenes de etnotextos charlas espontáneas —un fuera del registro con la grabadora en marcha—reproducidas con transcripción fonética y en grafía convencional.
La dialectología muestra los particularismos de la lengua y, de paso, refuerza su unidad.
La imagen más emblemática de esta obra magna es un mapa coloreado que distingue los territorios donde, por ejemplo, judío se dice mongeta ( tendra oh tenra ), bajoca , bajoqueta , monja tenra , fesol oh tavella . Esta visualización territorial de la lengua apela a la autenticidad, un valor refugio en tiempos de mentiras globales, y entronca con la reivindicación de los alimentos de kilómetro cero. La exposición reúne la ingente actividad de los equipos de encuestadores, algunos tan ilustres como Joan Martí o Joaquim Rafel, que hace medio siglo recorrieron los confines del dominio lingüístico cargados con aparatos tan poco portátiles como un magnetófono, practicaron la puerta fría con todo tipo de hablantes y les hicieron más preguntas que un reportero de crímenes . Si las excursiones filológicas de Alcover o Coromines suscitaron crónicas, las del atles merecerían un documental. La prosa de Pla o de Sagarra cartografió el catalán de antes de la guerra. Los mapas atléticos de Pons & Veny cartografían el catalán de antes de la transición. ¿Quién cartografíará el catalán después de la IA?
