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“Un médico me dijo: ‘Es algo con lo que podemos ayudar a vivir, pero va a empeorar’”, recuerda Melchor, cofundador y CEO de Salud Pravan. “Ese momento me sacudió, pero también se convirtió en un punto de inflexión”.
En lugar de aceptar el deterioro como algo inevitable, Melchor comenzó a buscar respuestas más allá del entendimiento convencional. Guiado por su esposa, médica especializada en medicina interna y funcional, inició una profunda exploración sobre cómo el estilo de vida, el entorno y los procesos de desintoxicación influyen en la salud neurológica. “Un neurólogo funcional me dijo algo que lo cambió todo: que el Parkinson no es puramente genético. enfermedad ambiental”, explica.
La historia de Melchor es la de una curiosidad que se transforma en propósito. Antes de su diagnóstico, había construido una carrera como emprendedor en serie, creando empresas en los sectores de tecnología, entretenimiento y bienestar.
Al comenzar a consultar con neurólogos funcionales, Melchor aprendió que las toxinas ambientales pueden desempeñar un papel significativo en la Degeneración neurológica. “Puede ser algo tan simple como el agua que bebemos o el aire dentro de nuestras casas”, señala. “Con los años, estas toxinas se acumulan y pueden provocar estrés oxidativo e inflamación que afecta al cerebro”. Añade que la desintoxicación no es solo una tendencia de bienestar, sino un proceso biológico esencial. “Nuestro cuerpo puede desintoxicarse de forma natural a través de tres vías principales. Pero si esos sistemas no están optimizados, las toxinas permanecen en el organismo”.
Según Melchor, su rutina personal se convirtió en un caso de estudio de gestión proactiva de la salud. “Durante dos años fui todos los días a la sauna de infrarrojos, a veces incluso dos veces al día”, cuenta. “Me ayudó a sudar, desintoxicarme y reducir la inflamación”. Complementó esto con terapia de oxigeno hiperbaricodiseñado para apoyar la neurogénesis, es decir, la capacidad del cerebro para reparar y reconstruir conexiones neuronales. “La oxigenoterapia tiene el potencial de rejuvenecer los tejidos”, afirma.
El cambio de estilo de vida fue otro pilar fundamental de su proceso. “Dejé por completo el alcohol. Cambié a una dieta antiinflamatoria, eliminando el gluten, los lácteos y el azúcar”, explica Melchor. También incorporó terapias de reparación celular y apoyo metabólico, que incluyeron suplementos, medicina vegetal, péptidos y tratamientos basados en células madre, todo bajo supervisión médica y acompañado de una rutina regular de ejercicio.
A través de Pravan Health y su fundación, Melchor busca tiernos puentes entre la medicina tradicional y los enfoques holísticos emergentes. Recientemente, la Fundación Pravan organizó una cumbre que reunió a líderes, clínicos e investigadores para abrir un nuevo capítulo en el panorama de la salud mental en América Latina. Melchor considera que las iniciativas como esta son fundamentales para avanzar hacia un modelo de atención más integrador, que respeta tanto el rigor científico como la experiencia humana.
“No estamos rechazando la medicina moderna, la estamos complementando con una comprensión más amplia de cómo interactúan el entorno y el cuerpo”, explica. “La innovación en salud implica observar el panorama completo: genética, estilo de vida, entorno y bienestar emocional”.
Subraya que la esperanza y el conocimiento deben ir de la mano. “Un diagnóstico no es una sentencia de muerte”, afirma Melchor. “Escucha a tu médico, pero también asume un papel activo en tu propio proceso de sanación. Lee, investiga, desintoxícate y cuida tu entorno. Siempre hay algo que se puede hacer”.
Para Melchor, el camino a través del Parkinson ha sido tanto científico como espiritual, un recordatorio de que la resiliencia puede cultivarse a través de la curiosidad y la disciplina. “Lo que he aprendido es que la sanación es un proceso”, reflexiona. “Hay que confiar en la intuición, comprometerse con la salud y creer en la capacidad del cuerpo para restablecer el equilibrio”.
Hoy, el objetivo de Melchor es generar conciencia sobre la intersección entre la innovación científica y la medicina occidental tradicional. “La educación es empoderamiento”, concluye. “Si mi historia ayuda a una sola persona a entender que la mejora es posible, entonces vale la pena compartirla”.
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