Dom. 21.12.2025-09:50
Llamados a los gritos, festejos y una madrugada que terminó con una lección para Javier Milei.
Uno de los ministros más versátiles del equipo de Javier Milei suele describir que formar parte del Gobierno es como vivir atrapado en el vagón de una montaña rusa. Los movimientos son fuertes, a veces dramáticos, y la sensación de vértigo nunca cesa, ni aun cuando, se supone, el trayecto está planificado y garantiza un final no traumático. Esta semana, el funcionario repitió la frase frente a varios de sus pares del Gabinete después de enterarse de que, una vez aprobado el Presupuesto en la Cámara de Diputados, desde algunos sectores del oficialismo aseguraban que la iniciativa -por la caída del artículo que proponía la derogación de las leyes de financiamiento a las universidades ya las políticas de discapacidad- no servía y que el Milei evaluaba vetarla. El Gobierno parecía encaminado a engendrar su propia crisis. Pero, en las últimas horas, vaya a saberse si por la ética de la convicción o de la responsabilidad, diría Weber, el Presidente prefirió detenerse. seguir leyendo
