Hace justo tres años, el 23 de diciembre de 2022, Juan Manuel Serrat proclamó solemnemente su adiós “por voluntad propia” en el Palau Sant Jordi, cantó por última vez aquello de “Cuando los amigos se’n van, sols queda una guitarra, per fer d’acompanyant” y puso rumbo a una jubilación que, lejos de la tumbona y el daiquiri, ha desembocado en un intenso vaivén de premios y homenajes. Una mascletá de reconocimientos que, un buen día detrás de otro, amenizan un retiro la mar de entretenido. En marzo de 2023 cayó el Honoris Causa de la Universitat de Barcelona, un año después llegó el Premio Princesa de Asturias de las Artes por “la trascendencia universal de su obra y su compromiso cívico” y ahora, a las puertas de su 82 cumpleaños, la Medalla de Oro de la Generalitat, condecoración mayor que el cantautor barcelonés comparte este año con la actriz y dramaturga. Nuria Espert. Y viceversa, claro.
“Recibir esta medalla y hacerlo al mismo tiempo que mi querida Núria Espert, a quien respeto mucho y admiraro aún más, es algo muy emotivo”recibió Serrat tras recoger la distinción de manos del presidente de la Generalitat, Salvador Illa. Espert, que no pudo estar presente en la ceremonia, envió un mensaje de agradecimiento grabado ya su nieta, la actriz y directora de escena Bárbara Lluch, a recoger la medalla. “Cuando la vea pasado mañana le contaré la belleza de este acto y lo querida que es”, informó la también actriz desde el escenario.
Hermanados en la relevancia cultural y la maestría artística, Joan Manuel Serrat y Núria Espert representan, destacó Illa, “el compromiso con la libertad y la democracia”. También, o sobre todo, los “valores de la mejor Cataluña”. “En un mundo cada vez más globalizado y con una tendencia creciente a la uniformización, vuestro ejemplo nos muestra que se puede hacer cultura desde la verdad, desde una obra que nos haga más críticos, sensibles y conscientes del mundo en que vivimos”, elogió el presidente catalán. Mención especial, agradecimiento explícito incluido, al notable desempeño de ambos como imponentes puentes creativos e idiomáticos. “Es un orgullo que hayáis promovido la fraternidad con el resto de España. Eso que algunos se entrestan en enfrentar, nuestra riqueza lingüística y cultural, vosotros lo fortalecéis”, enfatizó a Illa.
Hacer canciones y cantarlas
Serrat, que se despidió agarrando el micrófono para cantar una vez más, quién sabe si la última ya, esa oda a su niñez barcelonesa que es ‘El mi carrera’, aprovechó el marco institucional para reivindicar sus orígenes y evocar la insólita carrera de aquel ‘noi’ que iba para périto agrónomo y acabó haciendo historia con una guitarra entre las manos. Ya saben: canciones de amor, versos de poetas y ese ‘Mediterráneo’ que un músico callejero tocaba a media tarde a un paso de la Catedral. “He dedicado mi vida a hacer canciones y cantarlas. No me podía imaginar que tantos años después me encontraría en una situación tan complicada y gratificante como este”, dijo.
Illa, junto a Serrat y Bárbara Lluch antes de la entrega de la Medalla de Oro / MANU MITRU / EPC
La complicación, se supone, viene del lado de la emoción, del recuerdo. “Es maravilloso sentirse obrero y pertenecer a una clase que avanza y hace avanzar a un país. Yo era la esperanza de una familia que soñaba con que su hijo incrementase su nivel humano y social. Lo que menos podía esperar era que decidiera dedicarme a un mundo tan complejo como el de las actividades artísticas”, evocó el cantautor, a quien minutos Raimon Obiols había presentado como “símbolo de esa Cataluña que se hace y se rehace”. Algo de eso debe saber también Núria Espert, de quien su nieta dijo haber aprendido “el amor incondional, la pasión y el sacrificio. “La he visto actuar con los huesos rotos, a 40 de fiebre y dos días después de la muerte de mi abuelo. Desde que soy pequeña ha hecho virtuosismos para hacerme feliz. De mi abuela aprendí que nunca es tarde para aprender”, explicó.
Antes de los parlamentos y de la entrega de las medallas, Joan Albert Amargós inauguró el acto interpretando al piano ‘Cançó de matinada’; Àngels Gonyalons leyó un (muy oportuno) fragmento de ‘Medea’, uno de los papeles clave en la carrera de Espert; y Mario Gas glosó la deslumbrante carrera de Espert, una “jovencita de 90 años” que empezó casi por casualidad en el Teatro Romea y se convirtió en un auténtico fenómeno, la gran actriz trágica catalana y española. “No es solo una gran actriz; es una actriz icónica”, matizó el también director de ‘La isla del aire’, montaje con el que Espert ha querido poner fin a más de siete décadas de carrera.
Suscríbete para seguir leyendo
