Durante más de una década, Google Fotos ha sido una de esas aplicaciones que casi das por sentadas porque siempre están ahí. En mi caso, se ha convertido en una parte esencial de mi vida digital, pues es el lugar en el que confió, en vez de iCloud, para almacenar millas de fotos y vídeos.
Lo que pasa es que los cambios recientes en la app me generan una sensación incómoda, como si Google hubiera perdido un poco el foco de para qué nació realmente este servicio y dando un excesivo protagonismo a lo de siempre: La Iowa.
IA por aquí, IA por allá
Uno de los grandes aciertos historicos de Google Fotos ha sido su sencillez. Editar una imagen era rápido, intuitivo y, sobre todo, adaptado para cualquier persona que hubiera usado un teléfono una vez en su vida.
Con unos controles simples Ajustabas brillo, contraste o temperatura de color. y esos cambios se sincronizan automáticamente en todos tus dispositivos. Una herramienta práctica, directa y muy bien pensada que, lamentablemente, ha ido perdiendo terreno en los últimos tiempos.
Google es uno de los principales caballos de batalla de la IA, con Gemini por un lado, Nano Banana por otro y un claro enfoque en las funciones inteligentes, y es hacia aquí a donde Google Fotos está girando, relegando a un segundo plano funciones básicas que antes estaban mucho más a mano.
No es que la IA no tenga sentido en una aplicación de fotos. De hecho, algunas funciones como la búsqueda inteligente pueden ser útiles cuando se manejan bibliotecas enormes. No niego que ahí la inteligencia artificial sí aporta valor real, porque te ahorra tiempo y te facilita encontrar recuerdos concretos sin tener que bucear manualmente entre millas de imágenes.
El problema llega cuando esa obsesión por presumir de IA Empieza a complicar tareas que antes eran inmediatas.
Google complica su aplicación de fotos.
Ahora, al entrar en el editor, lo primero que te encuentras es un campo de texto para decirle a la aplicación qué quieres hacer con la foto. En lugar de deslizar un control de brillo o ajustar la calidez de forma manual, Google te invita a escribir instrucciones para que la IA “interprete” lo que necesitas.
Para alguien con experiencia en apps de edición con IA, no es que sea un cambio radical, pero para usuarios con menos conocimientosque simplemente quieren mejorar una foto sin complicaciones, el resultado es una interfaz más confusa y menos accesible.

El ejemplo más claro está en cómo han escondido ajustes básicos que antes estaban a uno o dos toques de distancia. Opciones como la temperatura de color, los niveles de negro o el contraste ahora requieren navegar por varios menús, mientras que las funciones basadas en IA ocupan el lugar principal.
No es un cambio dramático, pero sí un cambio de filosofía. que, desde mi punto de vista, va en la dirección equivocada. Google Fotos debería priorizar lo esencial: almacenar, organizar y editar fotos de forma sencilla, no convertir cada edición en una demostración de cuanto manejan de inteligencia artificial.
