El frío que penetra en la madrugada o el calor que irrumpe sin aviso no solo incomodan. En algunos casos, obligan al cuerpo a reaccionar con una rapidez para la que no siempre está preparado. Especialistas en salud advierten que esos cambios repentinos de temperatura pueden desencadenar eventos cardiovasculares graves, incluso en personas que no presentan síntomas previos.
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La alerta fue emitida por el Ministerio de Salud del Perú tras los reportes del Senamhi sobre el descenso sostenido de temperaturas en la costa de ese país. Aunque se trata de una advertencia localizada, los expertos coinciden en que los efectos fisiológicos asociados a estas variaciones térmicas son universales y pueden presentarse. en cualquier entorno donde el clima cambie de forma abrupta.
El riesgo no está únicamente en el frío extremo o en el calor intenso, sino en la velocidad con la que el cuerpo debe adaptarse. Cuando esa transición ocurre sin tiempo de ajuste, el sistema cardiovascular entra en una zona de estrés que puede tener consecuencias varias.
El frío y el calor extremos exigen una adaptación gradual del cuerpo. Foto:iStock
El cuerpo frente al frío y al calor repentinos
El organismo humano regula su temperatura mediante mecanismos que implican la dilatación y el estrechamiento de los vasos sanguíneos. Estos procesos permiten conservar o liberar calor, pero no se activan de manera instantánea. Según especialistas del Minsa Perú, cuando una persona pasa de un ambiente cálido a uno frío de forma repentina, se produce una vasoconstricción inmediata que eleva la presión arterial.
Ese esfuerzo adicional aumenta la carga sobre el corazón y facilita la formación de coagulos en las arterias. En personas con hipertensión, diabetes u otras enfermedades crónicas, el riesgo se incrementa, aunque la advertencia también alcanza a quienes se consideran sanos.
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El calor extremo genera una reacción opuesta. El cuerpo intenta enfriarse mediante sudoración y vasodilatación, lo que puede provocar deshidratación, fatiga intensa y desmayos. Estos cuadros, conocidos como golpes de calor, también representan un peligro cuando no se detectan a tiempo.
A esto se suman los efectos musculares. La exposición súbita al frío, especialmente después de realizar actividad física, favorece la aparición de espasmos y contracturas que pueden evolucionar de forma compleja y prolongada.
Los cambios bruscos de temperatura afectan músculos y articulaciones. Foto:iStock
Señales que el cuerpo envía antes de una emergencia
Un infarto ocurre cuando una arteria coronaria se obstruye y reduce el flujo de oxígeno al corazón. En Perú, se registran cerca de 100 infartos agudos cada día, una cifra que las autoridades sanitarias de ese país consideran alarmante y que refleja la magnitud del problema en la región.
El dolor opresivo en el pecho, la sensación de presión que se extiende hacia el brazo izquierdo o la mandíbula, la dificultad para respirar, las náuseas y la sudoración fría son señales que no deben minimizarse. En muchos casos aparecen de forma arrepentida y pueden confundirse con malestares menores.
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el golpe de calor, en cambio, suele manifestarse con un aumento brusco de la temperatura corporal, piel caliente y enrojecida, confusión, mareos y pérdida de conciencia. A diferencia del infarto, la sudoración puede estar ausente, lo que indica una falla en la capacidad del cuerpo para regular su temperatura. Identificar estas diferencias resulta clave para buscar atención médica oportuna y reducir el riesgo de desenlaces graves.
La prevención sigue siendo el escudo principal. Los especialistas recomiendan evitar exposiciones repentinas al frío o al calor, Permitir que el cuerpo se aclimate de forma gradual y mantener una hidratación adecuada incluso cuando no hay sensación de seda. También insisten en la importancia de los controles médicos periódicos, sobre todo a partir de los 30 años.
La aclimatación progresiva ayuda a reducir las complicaciones médicas. Foto:iStock
En un escenario de climas cada vez más impredecibles, la advertencia es clara. Los cambios de temperatura No siempre se sienten como una amenaza inmediata, pero pueden convertirse en un riesgo silencioso cuando el cuerpo no alcanza a adaptarse a tiempo.
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MARÍA PAULA LOZANO
REDACCIÓN ALCANCE DIGITAL
