La economía colombiana llegará al 2026 con la sensación de estar en un “segundo tiempo”: hay señales de reactivación, pero el marcador sigue en contra. Los análisis de algunas de las grandes instituciones financieras y centros de pensamiento ubican el crecimiento del producto interno bruto (PIB) para ese año entre 2 y 3,2 por ciento, un rango que muestra mejora frente al bache de 2023–2024, pero todavía insuficiente para cerrar brechas sociales y salariales.
Bancolombia es de los más optimistas y proyecta un crecimiento de 3,2 por ciento en 2026, tras un 2,9 por ciento estimado para este año que está por concluir. Los economistas del banco esperan que el impulso provenga del fortalecimiento del consumo de los hogares y de una recuperación gradual de la inversión fija. especialmente en industria y construcción, apoyada por el mayor gasto público que habilitó la activación de la cláusula de escape de la regla fiscal.
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BBVA Research se ubica en un escenario algo más prudente: prevé un PIB del 2,8 por ciento tanto en 2026 como en 2027, después de un 2,7 por ciento previsto en 2025, con un consumo jalonando a toda marcha, pero a partir de 2026 “la inversión tomará el relevo”, con obras civiles liderando –túneles, troncales, puertos, proyectos de generación y sistemas de metro– y una vivienda que comienza a reaccionar conforme mejora el ingreso de los hogares.
Corficolombiana también habla de una economía que “mantendrá la senda de reactivación” pero sin un salto estructural: proyecta un crecimiento alrededor del 2,8 por ciento e año que está por despuntar, pero advierte que se trata de una tasa “inferior a la necesaria para cerrar brechas sociales y converger hacia niveles de economías de ingreso medio-alto”.
César Pabón, director ejecutivo senior de Investigaciones Económicas, espera que 2026 “mantenga la senda de reactivación, con un crecimiento alrededor del 2,8 por ciento, impulsado principalmente por el consumo, pero todavía con una inversión muy débil”.
En 2026 habrá otro ciclo electoral, elecciones legislativas y primera y segunda vuelta presidencial. Foto:Yuri CORTEZ/AFP
Davivienda y su filial comisionista mueven sus pronósticos en un rango similar, con un PIB apoyado en comercio, transporte, hotelería y actividades financieras, y con el potencial de que las obras civiles 4G/5G y los proyectos urbanos –como el metro de Bogotá– aporten más, siempre y cuando la situación fiscal no obliga a un frenazo del gasto.
ciclo electoral
BNP Paribas, por su parte, se ubica en el extremo más conservador del abanico: se habla de un “recalentamiento” de la demanda doméstica en 2025, con un crecimiento entre 2,6 y 2,8 por ciento, pero anticipa una desaceleración al 2 por ciento en 2026, a medida que se agotan los impulsos de corto plazo y se encarecen las condiciones financieras.
A este consenso de crecimiento moderado se suman los analistas de Acciones & Valores, BTG Pactual y Banco de Bogotá, que ven a Colombia entrando a 2026 en un entorno de “incertidumbre”, marcado por tensiones geopolíticas, alto endeudamiento global y un ciclo electoral local que puede redefinir las expectativas de inversión.
Munir Jalil, director Ejecutivo y Economista Jefe para la Región Andina de BTG Pactual, dice que Colombia tendrá un crecimiento moderado el próximo año condicionado por un entorno internacional volátil —en particular por los cambios arancelarios globales, el ajuste monetario en economías avanzadas y la desaceleración en América Latina—.
A nivel local, advierte por los efectos de un año altamente condicionado por el ciclo electoral, con elecciones legislativas y primera y segunda vuelta presidencial entre marzo y junio. Esto, advierte el economista, aumentará la volatilidad en variables clave como la tasa de cambio, el apetito por TES y las decisiones de inversión privada.
El dinero que envían los colombianos al país equivale al 17 por ciento de las exportaciones. Foto:AFP
Empuje del consumo
Si algo comparten las proyecciones de los distintos analistas es el diagnóstico sobre los motores del PIB, siendo el consumo de los hogares el que más promete impulsar en 2026.
Bancolombia subraya que, pese a las altas tasas, el consumo privado continuará liderando la demanda interna gracias a la resiliencia del mercado laboral ya la fortaleza de las remesas, que inyectan liquidez a regiones enteras —solo este año se esperan unos 14.000 millones de dólares—.
El informe de Acciones & Valores muestra, además, que estas transferencias se consolidaron como la principal fuente de divisas del país, compensando la menor entrada por petróleo y flujos de cartera más volátiles.
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Corficolombiana recuerda que el consumo se ubica ya 27 por ciento por encima del nivel prepandemia, impulsado por tres factores: el salto de las remesas asociadas a la migración de colombianos, la bonanza cafetera y el avance de actividades informales o ilegales. Pero lanza una advertencia: “El resultado es una economía que gasta, pero no invierte lo suficiente para sostener su crecimiento futuro”.
De hecho, la tasa de inversión ronda el 17 por ciento del PIB, “la más baja de lo que va del siglo”, y la formación bruta de capital fijo se mantiene en el 10 por ciento por debajo de 2022. Sin un cambio en este frente, insiste Pabón, “sin inversión no hay crecimiento futuro, no hay oportunidades de largo plazo ni mayor producción”.
BBVA coincide en que el gran reto es lograr que desde 2026 el convoy económico sea impulsado por la inversión. “La mayor actividad de la construcción será clave para que la inversión retome la tracción. En el consumo, el gasto en bienes duraderos, normalmente cíclico, se mantendrá fuerte a 2026, impulsando el gasto total”, explica Mauricio Hernández, economista de BBVA Research. A medida que el servicio de deuda de los hogares se aligera y la relación deuda/ingreso desciende, el banco espera que una fracción mayor del ingreso se destine a vivienda, equilibrando consumo e inversión.
Mesa tripartita no logra consenso frente a la cifra del incremento del salario mínimo de 2026. Foto:El Tiempo / cortesía
Inflación y salarios bajo la lupa
En materia de precios, el mensaje central es que la inflación seguirá por encima de la meta del Banco de la República (3 por ciento) al menos hasta 2027.
Por ejemplo, Bancolombia elevó sus pronósticos de inflación para 2026 a 5 por ciento, desde 4,1 por ciento, y calcula que la inflación básica sin alimentos ni regulados se ubicará en 4,2 por ciento. Sus argumentos están en “las presiones persistentes en los precios de los servicios” y en los efectos de indexación derivados del aumento del salario mínimo.
BBVA traza una trayectoria similar, aunque ligeramente más benigna: prevé una inflación del 4,5 por ciento en diciembre de 2026 y cree que solo en 2027 se acercaría al 3,8 por ciento. A principios de 2026, advierte, la inflación seguirá relativamente alta por el ajuste del mínimo –que podría ser de dos dígitos– y por el aumento de tarifas reguladas como el gas.
BTG Pactual también estima una inflación cercana al 5 por ciento al cierre de 2026 y proyecta que la tasa de política monetaria termine ese año en 10 por ciento, por encima del nivel actual, reflejando la preocupación por que los precios no converjan al rango meta.
Pronósticos apuntan a un alza en la tasa de intervención del Banco de la República en 2026. Foto:John W. Vizcaíno
El Banco de Bogotá recoge las señales que ha venido enviando la Junta del Emisor: un salario mínimo excesivo, una reversión del reciente repunte del peso o un nuevo choque de precios de la energía podrían obligar a subir de nuevas las tasas. “Todos esperamos que eso no tenga que ser así, pero si las circunstancias siguen dándose esa podría ser la única forma de retomar la senda bajista de la inflación”, comenta Camilo Pérez, director Investigaciones Económicas y Análisis de Mercados de la entidad.
Corficolombiana pone el foco en el ruido salarial: “Cerca del 50 o 60 por ciento de la inflación está influenciado por la decisión del salario mínimo y, si la inflación se desborda, el Banco de la República se verá obligado a responder con un aumento agresivo de las tasas de interés”.
Tasas altas por más tiempo
En ese contexto, el consenso es que el ciclo de recortes de tasas se agotó. Varios bancos dan por sentado que 2026 será un año de tasas altas e incluso de nuevos incrementos.
BBVA pronostica que la tasa de política del Banco de la República se mantendrá estable en 9,25 % durante todo el 2026, con un reinicio del ciclo de reducciones solo a partir del segundo trimestre de 2027. La “rigidez” de la inflación, la fortaleza del gasto, en especial del consumo, y los desafíos fiscales explican esa postura más cauta.
El costo del crédito se mantendrá elevado tanto para los hogares como para las empresas. Foto:iStock
Bancolombia y BTG Pactual van un paso más allá: esperan tres alzas adicionales de la tasa en 2026, que la llevarían de 9,25 a alrededor del 10 por ciento, manteniendo la política en terreno claramente contractivo para anclar expectativas y contener los llamados “efectos de segunda ronda”.
BNP Paribas coincide en el diagnóstico y proyecta que el próximo ciclo de incrementos comenzará en enero de 2026, con aumentos de 25 puntos básicos hasta alcanzar una tasa de 10,5 por ciento en abril. Si el aumento del salario mínimo supera el rango de 10–12 por ciento, el banco no descarta que el mercado descuente 50 puntos básicos adicionales.
Desde el lado de los mercados, Davivienda advierte que el costo del crédito seguirá siendo elevado tanto para hogares como para empresas, lo que obliga a una asignación cuidadosa de nuevos préstamos. De allí que define 2026 como “un año de sacrificios y de organizar la casa fiscal”, en el que la prudencia y las señales claras serán determinantes para un crecimiento sostenible.
Otras variables clave
En el frente externo, los analistas coinciden en que el déficit en cuenta corriente se ampliará de nuevo en 2026, aunque se mantendrá por debajo de los promedios históricos. Bancolombia calcula un desequilibrio cercano al 2,9 por ciento del PIB, explicado por un mayor déficit comercial –las importaciones crecerían más rápido que las exportaciones–, parcialmente compensado por el flujo de remesas.
En el frente cambiario, las proyecciones apuntan a una combinación de apreciación reciente y mayor volatilidad hacia adelante, lo que podría hacer que el precio del dólar oscile entre 3.550 y cerca de 4.200 pesos.
Acciones & Valores resumen el sentimiento del mercado así: 2026 luce como un año de transición “desde una fortaleza cambiaria alimentada por factores transitorios hacia un equilibrio más ‘genuino’, donde el nivel del dólar/peso refleja de manera más directa la interacción entre política monetaria, disciplina fiscal, sector externo y resultados electorales”.
Pese al retroceso del dólar frente al peso, el próximo año ese terreno perdido se puede recuperar. Foto:Sergio Acero Yate
Avance condicionado
El año 2026 se perfila, en suma, como un avance condicionado. Colombia llegará con un consumo robusto, remesas históricas, un mercado laboral menos tensionado y oportunidades en infraestructura, energía y servicios. Pero también con inversión en mínimos históricos, inflación por encima de la meta, tasas altas, un déficit fiscal abultado y un ruido electoral que puede amplificar cualquier tropiezo.
“Colombia es el vagón que gana inercia impulsado por el consumo, pero Debe mantener la prudencia para asegurar que el motor de la inversión se active completamente en 2026 y que los riesgos fiscales no pesen demasiado en el trayecto”, concluye Juana Téllez, economista jefa de BBVA Research.
De si el país logra convertir el gasto de hoy en el crecimiento de mañana –como pide Corficolombiana– dependerá de que, al final del partido, 2026 se recuerde como el año de la remontada o como otro empate en la mitad de la tabla.
