Mirar atrás y comprobar que ha conseguido encadenar 45 años de trabajo ininterrumpido en una profesión tan inestable como la interpretación es, en sí mismo, un hecho poco común. María Adánez (Madrid, 1976) es consciente de ello. “Es una barbaridad. Tengo una vida laboral que me permitiría jubilarme, pero no lo pienso. Todo lo contrario, creo que lo más interesante está por llegar”, reflexiona en conversación con La Vanguardia.
Su llegada al cine fue temprana y fruto del azar. Con apenas cinco años participó en Mar Brava de Angelino Fons, gracias a Jorge Herrero, un prestigioso operador de cine y vecino de sus padres en la sierra. Siempre fue una niña tímida, recuerda, pero aquella primera experiencia confirmó su vocación incipiente.
Desde entonces, no ha dejado de trabajar. Serie como farmacia de guardia oh Aquí no hay quien viva consolidaron su popularidad, mientras que su trayectoria en teatro y cine la llevó a ponerse a las órdenes de directores como Miguel Narros, Gerardo Vera, Vicente Aranda o Gracia Querejeta.
Ahora, más de cuatro décadas después, Adánez sigue en plena actividad. Participa en diversas ficciones recién estrenadas como La que se avecina , Atasco 3 y Ciudades de las sombras . Además, la madrileña se encuentra inmersa en los ensayos de Panorama desde el puente su próximo proyecto teatral.

Pese al ritmo de trabajo frenético la actriz compañera a sus 49 años su extenuante vida laboral con la crianza de un hijo pequeño. Pese al desgaste, asegura que la maternidad le ha convertido en mejor actriz.
“Me veía cogiendo un tren a las diez y media, pero antes haciendo purés y dejando unas lentejas a las ocho y media de la mañana. Pensé: no, María, no puede ser, porque te estás pegando una paliza y luego llegas muerta a la función”.

Estamos hablando de feminismo y, por otro lado, estamos continuamente haciendo ‘skincares’ y maquillándonos
Ese cansancio acumulado marcó un punto de inflexión en su manera de ver la vida. “Todo tiene un límite, y ese límite es nuestra responsabilidad ponérnoslo. Porque, además, casi siempre nos lo exigimos solo nosotras mismas”, subraya la actriz, que desde su maternidad lanza también un llamamiento social sobre la nociva influencia de las redes sociales, especialmente en los más jóvenes.
A su juicio, las redes han conseguido que “seamos absolutamente adictos al teléfono”, un hábito que, según afirma, conduce a un estado creciente de insatisfacción, pérdida de intimidad y frustración, alimentado por la comparación constante con vidas ajenas y por un culto cada vez más exacerbado a la estética. “Me dan escalofríos y me horroriza que la gente joven se esté todo el rato maquillando. Estamos hablando de feminismo y, por otro lado, estamos continuamente haciendo”. cuidado de la piel y maquillándonos en las redes sociales”.
En ese contexto, Adánez reivindica referentes como Kate Winslet, a quien admira por defender un cuerpo alejado de los cánones fiscales, una actitud con la que se siente identificada desde joven, cuando nunca se obsesionó con la báscula ni con los comentarios sobre su físico, que recuerda que le llegaban sobre todo de otras mujeres. “Uno elige la actriz que quiere ser”.

