Pedir disculpas después de una discusión alegando que el hambre tuvo la culpa no debería sonar una excusa: la ciencia respalda que pasar muchas horas sin comer puede alterar el estado de ánimo y la forma en que reaccionamos ante los conflictos.. Es normal que aumenten la irritabilidad y los dolores de cabeza porque el cuerpo desata una serie de procesos hormonales, metabólicos y neuroquímicos que resulta en el mal genio. Por eso, estar hambriento (tener mal genio por el hambre), como se le llama en inglés, no es más que un síntoma biológico.
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Como lo explica la endocrinóloga Mayerly Zapata, la glucosa y el oxígeno son los principales motores de energía que utiliza el cuerpo para su funcionamiento. Al comer, las enzimas de la saliva y el estómago dividen el alimento en pequeñas unidades de glucosa y esto se convierte en la gasolina o la energía que las células utilizan para operar.
El cerebro es el órgano más glucodependiente; entonces, en el momento en el que detecta una baja de glucosa, entra en estado de alerta y desencadena un proceso llamado glucogenólisis. bajo el cual hay un aumento en la hormona glucagón, que estimula la liberación de glucosa desde el hígado. Este órgano guarda una reserva limitada de glucosa para darle energía al cuerpo, pero cuando se empieza a agotar, y seguimos sin comer, entonces el estado de alerta se incrementa.
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Andrea Huertas, endocrinóloga especialista en procesos metabólicos, explica que “es en ese momento que se liberan hormonas como las catecolaminas, la epinefrina y la norepinefrina, también conocidas como adrenalina. También empieza a liberarse el cortisol, otra hormona relacionada con la alerta y el estrés, pero de acción más lenta y progresiva, que cumple la función de movilizar los ácidos grasos. Entonces, el cuerpo comienza a utilizar las reservas de grasa del llamado tejido celular subcutáneo, es decir, la grasa ubicada debajo de la piel, por ejemplo, en el abdomen. Esa grasa se transforma en energía y se consume”, explica Huertas. Asimismo, se libera la grelina, una hormona gástrica del hambre que aumenta el apetito y facilita la búsqueda de alimento.
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Ese estado de alerta, adrenalina y estrés genera el mal genio. Esto se debe a que las neuronas cuenten con circuitos en el hipotálamo con sensores a la sal, al agua y al azúcar. Estos sensores detectan cambios en el organismo y desencadenan una respuesta en la conducta orientada a la búsqueda de alimento; es una reacción completamente primitiva.
Con el hambre, las personas suelen estar más alerta, y en quienes son más sensibles o reactivas, ese estado de alerta se traduce en irritabilidad, ansiedad o impaciencia.; pues con las alteraciones del metabolismo se dan cambios en neurotransmisores relacionados con el estado de ánimo, como la serotonina y dopamina. Además, el centro de la saciedad se encuentra en el hipotálamo, una región que no solo integra señales metabólicas, sino que también modula circuitos neuroquímicos vinculados con la regulación del estado de ánimo.
Con el hambre, las personas suelen estar más alerta y ese estado se traduce en irritabilidad. Foto:iStock
Desde la psicología también se explica el síntoma de estar ‘hambriento. La nutricionista y doctora en psicología Paola Sabogal explica que, según la teoría psicológica conocida como pirámide de Maslow, en la medida en la que una necesidad de supervivencia, como comer, no está satisfecha, entonces otras necesidades pasan a un segundo plano. “En el momento en que tenemos hambre, lo único importante para nuestro cerebro y para todo nuestro cuerpo es buscar comida. Entonces, ahí vamos a encontrar mayor activación de todos los órganos sensoriales alrededor de la comida”, puntualiza.
En el momento en que nosotros tenemos hambre, lo único importante para nuestro cerebro y para todo nuestro cuerpo es buscar comida.
Paola SabogalNutricionista y doctora en psicología
Precaución con los ayunos
Si bien cada cuerpo es diferente, cuando el ayuno se prolonga por mucho tiempo, más allá del mal genio momentáneo que se puede sentir, a largo plazo el cuerpo entra en un proceso de adaptación metabólica y puede cambiar su tasa metabólica basal, que es la energía mínima que el cuerpo necesita para sobrevivir. Incluso un cuerpo en coma, sin actividad física, sin movimiento ni esfuerzo consciente, gasta una gran cantidad de energía cada día solo para mantener funciones vitales como el latido del corazón, la respiración, la actividad cerebral, la transmisión de señales neuromusculares y la producción de hormonas.
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Por eso, cuando una persona hace dietas de forma constante, esta tasa metabólica basal puede disminuir, porque el organismo interpreta que no está recibiendo suficiente energía y comienza a ‘ahorrar’: el corazón late más lento, la respiración se hace menos frecuente y se reducen distintos procesos metabólicos.
Sabogal explica que a largo plazo, “esto puede generar dificultades en la formación de masa muscular, inestabilidad en la producción hormonal e incluso desregulaciones en la insulina, relacionadas también con el deterioro muscular. Además, en personas que han sufrido hambrunas prolongadas –ya sea por dietas restrictivas, ciclos repetidos de pérdida y ganancia de peso, o casos de anorexia nerviosa– se ha observado una afectación importante del sistema óseo y muscular: los huesos se debilitan y se pierde densidad mineral, lo que conlleva consecuencias más graves a largo plazo”, puntualiza.
En personas que han sufrido hambrunas prolongadas –ya sea por dietas restrictivas, ciclos repetidos de pérdida y ganancia de peso, o casos de anorexia nerviosa– se ha observado una afectación importante del sistema óseo y muscular: los huesos se debilitan y se pierde densidad mineral.
Paola SabogalNutricionista y doctora en psicología
Huertas también advierte que cuando se hace un ayuno crónico se genera una cetoacidosises decir, que el metabolismo empieza a girar alrededor de las grasas y no de la glucosa; Esto incluso puede producir una fibrosis miocárdica, provocando alteraciones en la función cardíaca.
Ahora bien, en algunos casos los médicos indican ayunos y estos pueden ser beneficiosos para la salud. Sin embargo, se debe realizar con el acompañamiento de un experto.
impacto social
Hoy en día, los ayunos, las dietas y la restricción alimentaria se han idealizado de manera excesiva.. Por eso, cualquier esquema de alimentación debe pensarse teniendo en cuenta el contexto de cada persona, pues “la alimentación tiene un componente psicológico y cultural que, con frecuencia, se olvida. Este también está relacionado con la forma en que las personas establecieron una relación con los alimentos”, expone la nutricionista Sabogal.
Cualquier esquema de alimentación debe pensarse teniendo en cuenta el contexto de cada persona. Foto:iStock
El especialista explica que, al pensar demasiado en la comida, las personas pueden generar vínculos nocivos con ella. En ese sentido, la también doctora en psicología no apoya ninguna forma de restricción: “Ya sea ayuno intermitente, ‘alimentación intuitiva’ u otros modelos, no está comprobado que los beneficios metabólicos que suelen prometerse se den a largo plazo, y al contrario, sí existe evidencia de que pueden deteriorar seriamente la relación con la comida”, y esto puede resultar fácilmente en conductas de riesgo asociadas a los trastornos de la conducta alimentaria.
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Ademáslos discursos que promueven el ayuno como una solución universal suelen ignorar las profundas diferencias biológicas, psicológicas y sociales entre las personas. Sabogal invita a cuestionar el enfoque restrictivo, pues este suele responsabilizar de manera individual a las personas, sin considerar las condiciones estructurales que influyen en su alimentación: el acceso a alimentos saludables, el precio de los productos, las largas jornadas laborales, la precarización del tiempo y hasta la inseguridad en los territorios.
En ese sentidopromover el ayuno sin considerar estos factores refuerza una visión simplista del bienestar que desconoce la diversidad de cuerpos y las desigualdades sociales en las cuales pueden estar enmarcados.
Lejos de fomentar una relación sana con la comida, estos modelos tienden a reproducir la idea de que comer menos siempre es mejor, cuando en realidad una alimentación saludable también implica placer, contexto, cultura y sostenibilidad en el tiempo, dicen los especialistas.
ELENA BERMÚDEZ RIVERA
Escuela de periodismo multimedia el tiempo – berele@eltiempo.com
