A lo largo de los últimos meses, personas cercanas al presidente Donald Trump, entre ellos varios senadores republicanos, venían prediciendo que el reinado de Nicolás Maduro en Venezuela no pasaría de diciembre.
Todos se equivocaron, aunque solo fue por tres días. El sábado, en horas de la madrugada, fuerzas de EE. UU. lanzaron un impresionante operativo militar sobre el país vecino que dejó al mundo boquiabierto y en el que fueron capturados Maduro y su esposa, Cilia Flores.
El líder venezolano, según el propio mandatario estadounidense, fue extraído en helicóptero por fuerzas élite de su país y llevado al buque de la armada USS Iwo Jima para ser transportado a Nueva York, donde los esperan cargas por narcotráfico y terrorismo.
El presidente Donald Trump observando el operativo de las Fuerzas Delta para capturar a Nicolás Maduro en Caracas, Venezuela.
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Buena parte de los detalles del operativo los dio el propio presidente durante una rueda de prensa en su residencia en Mar-A-Lago, Florida, rodeado por su secretario de Defensa, Pete Hegseth; de Estado, Marco Rubio; y el general Dan Caine, jefe de las Fuerzas Armadas Conjuntas.
Aunque con el paso de los días habrá más claridad, el recuento inicial de los sucesos fue digno de un guion escrito para Hollywood.
Muy similar al golpe en mayo del 2011 que acabó con la vida del terrorista Osama Bin Laden en Pakistán, pero con ribetes del operativo que lanzó EE.UU. UU. en 1989 en Panamá para derrocar a Manuel Antonio Noriega. De acuerdo con Trump y otros funcionarios, la planificación se había iniciado desde hacia semanas y luego de que fracasaron las conversaciones con Maduro para que abandonara el país voluntariamente.
“En algún momento estuvo a punto de aceptar, pero no lo hizo y ahora pagará por eso”, dijo el mandatario en alusión a conversaciones sostenidas en noviembre pasado.
Varias unidas de las Fuerzas Delta del Ejército, especializadas en rescate de rehenes y operaciones encubiertas, fueron desplazadas desde Oriente Medio y el Norte de África para liderar la estocada final contra el mandatario venezolano.
Las unidades, reveladas el presidente, hasta entrenaron en una réplica de la residencia en la que esperaban encontrar al líder venezolano cuyos movimientos venían siendo monitoreados por personal de la CIA infiltrado en el país al igual que con drones y satélites.
“Sabíamos dónde dormía, con qué prendas se vestía, qué comía y hasta el número de sus mascotas”, afirmó el presidente tras resaltar la “perfección” de un asalto en el que no hubo bajas ni pérdida de los equipos utilizados.

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De acuerdo con Caine, la operación estaba prevista para el 30 de diciembre pero tuvo que ser cancelada en el último momento por mal tiempo. De allí en adelante, dijo el general, fue un ejercicio de paciencia mientras se habría una ventana ideal.
Esta se presentó en la noche del viernes, a las 10:21 de la noche cuando Trump dio la bendición para que se ejecutara la misión, que fue bautizada ‘Resolución Absoluta’.
El golpe tuvo dos momentos claves que sucedieron casi en paralelo. La primera fase consistió en el despliegue, vía helicóptero, de las fuerzas Delta hacia las costas venezolanas, sobrevolando a apenas 30 metros de altura en helicópteros para evitar ser detectados.
Simultáneamente, otros 150 aviones estadounidenses que habían despegado desde 20 bases distintas “a lo largo del Hemisferio Occidental” (una combinación de cazas furtivos F-35 y F-22, cazas F/A-18, aviones de ataque electrónico EA-18, aeronaves de alerta temprana E-2, bombarderos B-1, y drones) brindaban cobertura área para el avance
Mientras las fuerzas encargadas de capturar a Maduro se acercaban a Caracas, los aviones comenzaron a neutralizar las defensas aéreas venezolanas tanto en la capital como en otras zonas del país.
El equipo de extracción aterrizó en el complejo donde se encontraba Maduro poco después de la 1 am y fueron recibidos por una intensa lluvia de balas que afectó a una de las aeronaves –según Trump hubo algunos heridos–, pero sin descarrilar el operativo.
Las fuerzas irrumpieron en las instalaciones cargando enormes sopletes para penetrar una sala de seguridad de acero que debía servir como su último refugio en caso de una invasión. Sin embargo, Maduro no pudo cerrar la puerta y terminó entregándose a los militares.
De acuerdo con el mandatario, que Presenció el asalto en directo desde Mar-A-Lago, Las tropas que protegían al líder venezolano intentaron impedir su extracción, pero fueron neutralizados en medio de una gran balacera.
“Lo vi literalmente como si fuera un show de televisión. Fue una cosa impresionante”afirmó Trump.
Hacia las 3 am, con Maduro y Flores ya esposados, los helicópteros abandonaron Caracas rumbo al Iwo Jima, uno de los buques más grandes desplegados desde septiembre de este año y que lo transportó hasta Guantánamo, en Cuba, donde los subieron a un avión Boeing 757 con rumbo a Nueva York. Allí Maduro fue entregado a los fiscales del distrito sur para su primera comparecencia ante la justicia.

Cientos de venezolanos se reunieron en Medellín para celebrar la captura de Nicolás Maduro.
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El sábado mismo, la fiscal general, Pam Bondi, reveló un nuevo encausamiento contra el chavista en el que se lo acusa de narcoterrorismo, tráfico de cocaína, corrupción y otros delitos. Ampliando el que ya existía contra el mandatario desde el 2020, pero incluyendo a Cilia, su esposa.
Y para las 5:30 pm, el mundo vio salir a un Maduro esposado del avión, donde lució un cambio de ropa y una leve cojera.
Las promesas de Trump
De lo que sí habló el presidente Trump, y extensamente, fue sobre los aviones que tiene para Venezuela y la región.
Durante la rueda de prensa en Mar-A-Lago, Trump anunció que tras la captura de Maduro Washington asumirá el gobierno de Venezuela de forma temporal.
“Vamos a administrar el país hasta que podamos hacer una transición segura, adecuada y cuidadosa”, dijo el mandatario desatando una multitud de interrogantes entre los medios asistentes.
El presidente explicó que un equipo de sus asesores, incluido Rubio, estaría a la cabeza de ese esfuerzo en coordinación con representantes venezolanos, pero sin mayores ofrecer precisiones sobre cómo funcionaría ese mecanismo ni por cuánto tiempo.
Asimismo, sugirió que la actual vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, había acordado cumplir todas las exigencias de EE.UU. UU. de aquí en adelante.
Rubio, sin embargo, pidió concentrarse más en los próximos pasos. “Vamos a tomar decisiones basándonos en sus acciones y sus hechos en los días y semanas que vienen. Creemos que tendrán algunas oportunidades únicas e históricas para prestar un gran servicio al país, y esperamos que acepten esa oportunidad”, dijo el diplomático.
Pese a ello, Trump insinuó que si sectores del chavismo no cooperaban con las directrices de Estados Unidos, podrían “correr la misma suerte” que Maduro.
El presidente, de paso, hizo mucho énfasis en recuperar el control de la producción de petroleo en venezuela y en el inminente regreso de multinacionales que se encargarían de la reconstrucción, pero omitiendo, nuevamente, detalles sobre cómo se daría ese proceso. Una de las declaraciones más sorprendentes que hizo el republicano fue la exclusión explícita de la líder opositora María Corina Machado de un papel importante en la transición venezolana argumentando que, a su juicio, no tenía ni el apoyo ni el respeto necesarios dentro de Venezuela para liderarla una transición.
Vamos a administrar el país hasta que podamos hacer una transición segura, adecuada y cuidadosa.
Hasta ahora, su aparente guiño a Rodríguez –segunda de Maduro y parte del gobierno chavista–, la exclusión de Machado y la falta de claridad sobre los planes para “gobernar” Venezuela desde Washington eran motivo de intensa especulación en la capital estadounidense.
Cuba, ¿en la mira?
En su intervención, además, Trump dejó entrever que Cuba podría ser el siguiente objetivo.
“Es algo de lo que vamos a hablar. Es muy similar a este caso (de Venezuela) y las cosas están muy mal”, dijo el mandatario antes de dar la palabra a Rubio, que fue aún más contundente.
Para Rubio, el régimen de La Habana “debería estar preocupado. Lo que la gente tiene que entender es que Trump hace lo que dice. El mensaje es muy claro y espero que con esto lo hayan entendido”.
En términos más generales, tanto Trump como Hegseth hicieron hincapié en que lo ocurrido en Venezuela era parte de lo que han bautizado como la “Doctrina Donroe”, en versión actualizada de la Doctrina Monroe del siglo XIX, que buscaba limitar la influencia europea en América Latina.
Pero ahora enfocada en repeler la influencia de países como China y Rusia y combatir de manera directa amenazas contra su seguridad nacional como el narcotráfico y la migración irregular.
Como se esperaba, la operación y las declaraciones del presidente provocaron reacciones encontradas dentro de Estados Unidos.
Si bien muchas personas celebraron en varias ciudades del país la caída de Maduro, sectores del Partido Demócrata y algunos legisladores republicanos criticaron duramente la intervención por no contar con la aprobación del Legislativo y por la falta de un plan claro para el futuro de Venezuela.
“Trump claramente no tiene idea de qué viene después. ¿Cómo vamos a gobernar Venezuela cuando no tenemos presencia en el país? ¿Hacia dónde conducir esto?”, dijo el representante Adam Smith, demócrata de más alto rango en el Comité de Servicios Armados.
La senadora Jeanna Shaheen, por su parte, calificó la acción como peligrosa debido a la ausencia de estrategia a largo plazo, calificando la incursión como un acto ilegal justificado por intereses petroleros.

El presidente Donald Trump realizó una conferencia de prensa desde su casa de Mar-a Lago
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El horrible Partido Republicano, sin embargo, cerró filas en torno a Trump. Para el senador Mitch McConnell, la acción no solo encajó claramente dentro de las autoridades constitucionales que tiene el presidente sino que era el paso correcto.
“Una Venezuela libre, estable y democrática, encabezada por venezolanos, hace parte de los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos”, dijo el poderoso senador.
No hay duda de que el debate en Washington apenas está comenzando y con toda seguridad irá subiendo de volumen con cada día que pase.
Especialmente, si la caída de Maduro no se traduce en un retorno a la democracia en el país vecino o provoca una nueva intervención de Estados Unidos.
Los interrogantes, además, abundan. Lo único claro y que ya no tiene reversa es el futuro de Maduro que, despojado del poder, le esperan –como a Noriega tras la invasión en Panamá– décadas dentro de una cárcel estadounidense.
SERGIO GÓMEZ MASERI – Corresponsal de EL TIEMPO – Washington
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