José Manuel Albares ha salido este lunes a fijar con nitidez el perímetro político y moral del Gobierno ante la crisis abierta en Venezuela. Tras la ofensiva militar lanzada por Estados Unidos en suelo extranjero para capturar a Nicolás Maduro y pilotar una transición, el ministro de Asuntos Exteriores ha reforzado el rechazo ya expresado por Pedro Sánchez cimentado en la defensa del multilateralismo y del derecho internacional, y ha situado el foco en una advertencia de alcance mayor: “Cuando se pone en jaque el orden internacional, se pone en jaque la democracia como sistema de convivencia pacífica” (…) “No nos vamos a resignar a que se imponga la ley del más fuerte o la ley de la selva, la ley del que puede conseguir a través de la coerción una parte de la soberanía, de los recursos naturales, del territorio de otro país”, ha señalado.
En una entrevista en la Cadena Ser, Albares ha insistido en que ninguna salida para Venezuela “puede llegar impuesta desde fuera y, menos aún, por la fuerza”. Por lo que ha subrayado que solo una solución democrática, pacífica y acordada entre venezolanos puede aspirar a ser estable. Todo lo demás, ha dicho, conduce de forma inexorable a la “desestabilización”. El mensaje no ha sido retórico puesto que, con tono áspero ha vinculado específicamente el respeto a la soberanía ya las normas internacionales con la posibilidad misma de que arraiguen la paz y la democracia.
El ministro, eso sí, ha evitado definir deliberadamente como secuestro la detención de Maduro. Pero ha calificado la operación estadounidense como una acción “claramente contraria al Derecho Internacional”. Y ha registrado que la resolución pacífica de los conflictos entre Estados no es una suerte de cláusula decorativa, sino el pilar que sostiene el orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial. Dinamitarlo, ha venido a señalar, tiene consecuencias que trascienden a Venezuela y “lo único que puede traer es caos y desestabilización”, ha apostillado poniendo como ejemplo precedentes como el de Irak.
Frente a la vía militar, el jefe de la diplomacia española ha reivindicado el papel del diálogo insistiendo en la disposición de España a hablar tanto con el Ejecutivo que encabeza Delcy Rodríguez como con la oposición venezolana. El objetivo, ha explicado, es “evitar una confrontación civil” y abrir un horizonte de estabilidad que permita a Venezuela avanzar por cauces democráticos y pacíficos.
