La primera cabalgata que surco Madrid un 5 de enero tuvo lugar en 1928. La impulsó Alfonso XIII para llevar regalos a los niños de un orfanato. Lo curioso es que aquel desfile, aún tan precario, protagonizado por los artistas del Circo Price, marcó un antes y un después en esta tradición navideña. Desde entonces, Melchor, Gaspar y Baltasar no han faltado a su cita anual en todos los pueblos de España. Parece que siempre han estado ahí. Sin embargo, antes hubo otro rito para celebrar la llegada de los reyes magos en la capital. Encendían antorchas, gritaban cánticos, tocaban cencerros: la fiesta de la escalera era toda una institución.
Tuvo distintos precedentes históricos: principalmente, los villancicos indecorosos que la Inquisición se encargó de censurar en 1663 y las obras que se popularizaron en los teatros a finales del siglo XVIII. De hecho, Auto de los Reyes Magos es el texto teatral en español más antiguo que se conserva. Así hasta que, a principios del siglo XIX, en tono carnavalesco, los vecinos empezaron a tomar las calles.
‘La noche de Reyes en la Puerta del Sol’ (1939). / MUSEO DE HISTORIA DE MADRID
Serenos, carboneros, porteros y aguadores, entre otros, junto a sus familias, formaban comparsas que se distribuían por el centro de la villa. El oteador jugaba un papel clave: utilizaba una escalera para subirse sobre la valla fiscal que rodeaba Madrid y avisar si sus Majestades estaban llegando. Para ello, empleaba una caracola en modo megáfono.
Las risas no tardaban en brotar al ver que éste, tan pasional, tan efusivo, asumía su papel como un mandato divino. Vestían disfraces, usaban maquillajes. Portaban grandes cirios para iluminar las plazas donde se reunían. Entre ellas, la concurridísima Puerta del Sol. “Hay en Madrid, el pueblo más culto de España, costumbres tan ridículas y chocarreras que harían poco a favor a la aldea más miserable. Una de las escenas grotescas que no ha podido destruir la Ilustración es la que ofrecen en la llamada noche de Reyes”, escribió el político y escritor Juan Martínez Villegas en la revista El señor Lucas. enciclopedia pintoresca universal de 1844.
Y prosiguió: “Desde lejos se siente un gran ruido de cencerros y zambombas que Parece que va a pasar una procesión de demonios.. Y un gallego cargado con una enorme escalera, acompañado por una multitud de granujas que le van alumbrando con sendas hachas al viento. Otros le dan una música infernal de cencerros. No creo que la preocupación llegue al extremo de que todos los que cargan con la escalera vayan de buena fe a esperar la venida de los Reyes Magos, pero algunos lo creen tan de veras que, cuando amanece el 6 sin haberles visto, se llevan un chasco solemne”.
Un impuesto acabó con ella
El furor no decayó hasta que los vecinos se toparon con la Administración local: en 1882, el alcalde José Abascal y Carredano aprobó una ordenanza para cobrar un impuesto y prohibir los ruidos. Así lo reconoció el historiador Eduardo Valero en su blog Historia urbana de Madrid: “Intentó abolir el festejo. Y, desde luego, lo consiguió. El 5 de enero de 1883 reinó la paz y la armonía en Madrid. Sólo en algunos barrios de la periferia se manifestaron los adeptos a la celebración. Lo hicieron con sus hachones encendidos, pero en silencio y cabizbajos”.

La Prohibida, en la cabalgata celebrada en Vallecas durante 2018. / VÍCTOR LERENA
Aquel alboroto, poco a poco, ante la insistencia de la población, fue transformándose en las cabalgatas actuales. La de Madrid arrancó en 1928, pero no fue la primera de España: la más antigua que aparece documentada es la de Alcoy en 1866. 46 años después, el Centro Artístico de Granada recuperó las representaciones teatrales sobre la llegada de Melchor, Gaspar y Baltasar. Y, entonces, organizaron un desfile para recaudar juguetes y dárselos a los desfavorecidos. Sevilla se unió en 1918. Y, paulatinamente, fue extendiéndose por toda la geografía.
Cada lugar tiene su particularidad: en Logroño, los reyes aterrizan en helicóptero; en Ceuta, cogen el barco; en Cerler, se atreven con los esquís, en Pamplona, cruzan puentes… Una costumbre que, además, tras representarse en el cine en películas como Mensajeros de la paz (1957) y Barcelona, noche de invierno (2015), entre otras, ha dado el salto a otros países: Venezuela, México, Polonia, Andorra, Reino Unido…
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