Entre el aluvión de libros sobre el conflicto actual de Palestina publicados el pasado 2025 destaca Genocidios. Una lectura forense (Galaxia Gutenberg). Se trata de un estudio colectivo sobre el hecho mismo del genocidio que, en el caso de la franja de Gaza, sería el primero perpetrado con ayuda de la inteligencia artificial. Lo más interesante de esta obra –más allá del drama y el horrible crimen que denuncia– son las herramientas utilizadas por los autores para analizar el conflicto, sus métodos y la manera en que el poder y la tecnología pueden servir tanto para ocultar como para desvelar y denunciar los hechos.
Júlia Nueno Guitart (Barcelona, 1994) es profesora del Center for Research Architecture de Goldsmiths (Universidad de Londres) y forma parte de Forensic Architecture, un grupo interdisciplinar de investigación, integrado por arquitectos, ingenieros, cineastas y artistas. Nueno es editora de la obra y autora del prólogo y de uno de los estudios. La arquitectura forense, explica para Historia y Vida“combina herramientas de diseño arquitectónico, el análisis espacial, la recopilación de la información abierta existente en Internet y el desarrollo de software, para investigar actos de violencia perpetrados por Estados, corporaciones y fuerzas reaccionarias. En esencia, se trata de una forma de arquitectura que lee el territorio como testimonio de la violencia”. Las pruebas digitales y espaciales de la arquitectura forense deben su credibilidad a que las evidencias pueden ser verificadas, auditadas y contrastadas, ya que son de libre acceso.
De Namibia a Gaza
Dice el adagio que la primera víctima de la guerra es la verdad, aplastada por la censura o la propaganda. Sin embargo, como nos advierte Nueno en el prólogo, “en la era digital la censura rara vez se manifiesta como un vacío. En su lugar prolifera como un exceso”. Las redes, los medios de comunicación y la propaganda de los poderes multiplican las voces hasta convertirlas no ya en un espectáculo, sino en ruido, que genera apatía y, al final, una renuncia colectiva a cambiar las cosas.
Frente a ello, mediante el análisis minucioso de evidencias y archivos de imágenes, la arquitectura forense propone mostrar cómo se construyen los hechos, cuya aparente neutralidad oculta procesos mucho menos inocentes de lo que suele asumirse.
Por razones evidentes, el empleo del término genocidio generó fuertes resistencias cuando comenzó a vincularse con las acciones de Israel en la Franja de Gaza. No obstante, los genocidios, recuerda Nueno, distan mucho de ser acontecimientos excepcionales, pues con frecuencia constituyen “la culminación de un proceso colonial prolongado”. El libro incorpora, en este sentido, un estudio dedicado a un genocidio a menudo relegado al olvido: el cometido contra los pueblos ovaherero y nama por el ejército colonial alemán en Namibia entre 1904 y 1908. El padre del futuro líder nazi Hermann Göring fue gobernador alemán de Namibia.
Antes de ser exterminadas o confinadas en campos de concentración, estas poblaciones, autóctonas de la región, fueron expulsadas de sus tierras para que estas pasaran a manos de colonos alemanes. “La violencia letal es el último eslabón de una cadena que previamente ha despojado a las personas de tierra, agua, movilidad y futuro”, advierte Nueno. Tal como demuestra el análisis de Arquitectura Forense, las consecuencias de esta operación colonial persisten hasta hoy: el 0,5% de la población blanca concentra el 70% de las tierras cultivables de Namibia, hoy promocionada como un paraíso turístico de dunas y ciudades de impronta “alemana”.
La tecnología al servicio de la justicia internacional
Uno de los apartados más impactantes del libro es “Cartografía del genocidio”, en la que se muestra con toda la crudeza los métodos de guerra israelíes contra la población de Gaza. A partir de imágenes de satélites comerciales, que permiten observar cambios en el territorio a lo largo del tiempo, se presentan 24 mapas, de la Franja de Gaza o de detalles de esta, con los que se documenta la destrucción de las infraestructuras de la población palestina, como hospitales, escuelas, redes de canalización de agua y cultivos.
“La superposición de múltiples capas de información que, aisladas, pueden parecer fragmentarias, revelan juntas un patrón sistemático de destrucción”, nos explica Nueno. Así, la tecnología puede servir para matar (drones, programas de reconocimiento facial, escuchas o bombas de precisión), pero también para denunciar mediante el retrato certero de la violencia. Sabemos así que entre el 1 y el 18 de noviembre de 2023, el segundo mes de la guerra, en el eje de avance de las Fuerzas de Defensa Israelí (FDI), 18 de los 25 hospitales y clínicas en la zona norte de la Franja de Gaza dejaron de estar operativos. En julio de 2025, el 94% de las tierras agrícolas habían sido destruidas.

Los brutales bombardeos fueron usados para obligar a la población a abandonar sus hogares, empujándola hacia el sur de la franja y la frontera egipcia, con el objetivo deliberado de provocar una crisis humanitaria. Además, mediante ataques a las ONG internacionales y locales, las fuerzas israelíes han procurado que la ayuda dependa de un “modelo militar”, que solo sirve para perpetuar la violencia y reafirmar el control sobre las condiciones de vida.
La cartografía muestra la coherencia entre decisiones militares, tecnologías de control y los efectos acumulativos sobre la población civil. Es, en ese sentido, una herramienta para leer el territorio como archivo de una violencia planificada y sostenida cuya intención es destruir las condiciones materiales que hacen posible la vida en Gaza. En 1944, el jurista judío polaco Raphael Lemkin definió el genocidio como “un plan coordinado de diferentes acciones dirigidas a la destrucción de los fundamentos esenciales de la vida de los grupos nacionales, con el objetivo de aniquilar a los propios grupos”.
Parte del trabajo de Arquitectura Forense ha sido citado en el proceso que Sudáfrica entabló con Israel ante la Corte Penal Internacional de Justicia. Este material contribuyó a que el CPIJ reconociera la plausibilidad de genocidio en la franja de Gaza.
La fábrica de objetivos
Otro de los trabajos del libro, firmado precisamente por Nueno, parte de una noticia inquietante: en mayo de 2024, la Fuerza Aérea israelí y la División de Inteligencia del ejército recibieron un premio por su utilización de una “fábrica de objetivos”, que usaba algoritmos avanzados y programas de IA para identificar objetivos humanos. En octubre de 2023, el general Barack Garmy, jefe de la división de datos y medios de combate de las FDI, declaró que “los sistemas de IA del ejército generaban nuevos objetivos a una velocidad superior a la que podían ser bombardeados”. Mientras que en las guerras de 2014 y 2021 en la Franja de Gaza solo se creaban 50 objetivos en un año, ahora la IA puede producir 100 en un solo día. En pocas palabras, la IA señala cada vez más objetivos, y estos van a buscarse entre los civiles.

Con la IA, nos explica Nueno, “la vida palestina es traducida a métricas de riesgo y sospecha, asignando a cada persona una puntuación de 1 a 100 (nunca 0) de posible afiliación a la resistencia armada. Cuando el bombardeo de una persona o un lugar provoca la muerte de decenas de otras, la selección individual se convierte en la justificación del asesinato en masa”.
Estas técnicas no nacieron con los ataques de octubre de 2023, sino que han sido refinadas por las FDI a lo largo de décadas de ocupación y control, hasta alcanzar niveles orwellianos. Con programas como Blue Wolf, una base de datos biométrica masiva, las FDI escanean los rostros de los palestinos con una aplicación en sus teléfonos móviles que determina si una persona puede pasar los controles que segmentan los territorios ocupados, ser registrada o detenida. En Gaza se utilizan controles biométricos mediante cámaras que a veces incluso filman el interior de las viviendas.
La entrevista termina con una advertencia: “Las mismas tecnologías que en Palestina se aplican bajo ocupación militar se trasladan a contextos policiales y administrativos, donde la sospecha también se distribuye de forma automática y preventiva”. El Servicio de Control Aduanas de Estados Unidos (ICE) utiliza algoritmos de “riesgo” para las personas antes de que hayan cometido ningún delito. “Estudiar Gaza no es solo una forma de documentar un crimen en curso, es también la manera de entender el futuro político que estas tecnologías están construyendo”.
