El primer año de Donald Trump en su retorno a la presidencia de Estados Unidos ha causado una sacudida mundial y las relaciones internacionales enfrentan una nueva era geoestratégica de aún imprevisibles efectos, aunque algunos ya se apuntaron en las primeras órdenes ejecutivas firmadas desde el despacho Oval la misma noche de la toma de posesión. El endurecimiento de las relaciones con México o Panamá han sido las primeras señaladas por la nueva administración norteamericana, y ni la extrema Groenlandia ha esquivado el ojo de Trump, aunque eludiera mencionarla durante su discurso. A preguntas de los periodistas sobre sus intenciones hacia el territorio ártico, fue vehemente: “Groenlandia es un lugar maravilloso. Lo necesitamos por seguridad internacional. Y estoy seguro de que Dinamarca se avendrá (a venderla), le está costando un montón de dinero mantenerla, conservarla”. Trump insistió. “La gente de Groenlandia no es feliz con Dinamarca, yo creo que serán felices con nosotros”.
Tras la intervención en Venezuela, con la captura de su presidente Nicolás Maduro y sus declaraciones en torno al control que va a ejercer el mismo Trump sobre el petróleo y las finanzas del país que ahora gobierna Delcy Rodríguez con su apoyo explícito, Groenlandia ha vuelto a ponerse en el foco de las ambiciones del presidente norteamericano.
¿Qué pasaría si Estados Unidos comprara Groenlandia?¿Y si ese escenario ya tuviera un escritor que lo hubiera imaginado, y que hubiera publicado varias novelas especulativas con esa trama de fondo? Christoffer Petersen se diría que lo vio venir y ha situado a uno de sus personajes, el oficial de policía David Maratse, en esa coyuntura en una saga tituladauna ‘guerrilla de Groenlandia’, un nombre que ya apunta que el sentimiento de los groenlandeses está lejos de la felicidad ante la posibilidad de pasar a formar parte de los Estados Unidos de América.
Tres volúmenes de la saga ‘Guerrilla Greenland’ de Christoffer Petersen / EPC
El origen del ‘Estado ártico’
Petersen, de origen inglés, ya había escrito varias novelas negras ambientadas en Groenlandia, donde ha vivido durante 7 años y ha conocido a la comunidad inuit desde su trabajo como profesor. Una de sus primeras novelas, ‘Siete tumbas, un invierno’, ya está protagonizada por Maratse y ha sido publicada en castellano por RBA. En conversación con EL PERIÓDICO, el escritor recuerda el momento en que sintió la necesidad de llevar a una novela la posibilidad. “Recuerdo el día, el presidente Trump dijo que estaba interesado en comprar Groenlandia con un acuerdo de tipo inmobiliario. Fue muy frustrante escucharle hablar del país sin hacer ninguna referencia a la gente de Groenlandia, a su historia o costumbre”. Sucedió en 2019, y Petersen apunta que por entonces Trump tenía fama de decir lo que pensaba y de sentirse insultado cuando era rechazado, de hecho canceló un viaje que tenía previsto a Dinamarca cuando su primer ministro le dijo que Groenlandia no estaba en venta”.
El novelista entiende el interés de Trump por el estado ártico, tanto estratégicamente como por sus minerales y otros recursos naturales, pero no parece respetar que es “un país con sus propias leyes y gobierno”. “Escribí ‘Estado ártico’ -el primer libro de la saga ‘Guerrilla Greenland’-como reacción, no podía creer que pudiera llegar a ser realidad, pero aquí estamos, con un Trump que parece aún más decidido si cabe a ‘hacerse’ con Groenlandia”, lamenta Petersen.
Cuando Trump lanzó la primera ofensiva política sugiriendo la compra del país, en enero de 2025, “algunos opinadores daneses sugirieron ya que Elon Musk “Debería estar susurrando al oído a Trump que América necesita los recursos groenlandeses, y no sé si es verdad, lo que sé es que es Groenlandia quien decide qué hacer con su territorio, no Dinamarca”, sentencia.

Novelas de la saga ‘Guerrilla Greenland’ de Christoffer Petersen / EPC
choque cultural
Hablando ya de su saga, Petersen pone en valor que buena parte de su investigación para escribir ‘Estado ártico’ se ha basado en la cultura del lugar, sus valores y su forma de vida. “La forma de vida americana es muy diferente de la groenlandesa, y yo imaginé cómo sería el choque de las dos culturas cuando entraran en contacto”.
La vida en el ártico está muy determinada por el clima, por ejemplo, así que la adaptación a una forma más lenta de vida es una característica de sus habitantes, difícil de similar. “También es mi experiencia me dice que los groenlandeses son menos materialistas que los occidentales, y si los estadounidenses juzgarán la calidad de vida de un groenlandés basándose en lo que poseen o en cómo viven, de nuevo tendrían problemas para entenderse”.
El activismo independentista
En la primera novela de la saga, Maratse debe responder de su actuación policial como mediador local entre las autoridades de la IGA, la Oficina de Asuntos Intermedios de Groenlandia, y una anciana inuit que tiene un pasado como activista independentista y que Estados Unidos quiere deportar a Dinamarca en el marco de un plan para pacificar la zona. La mujer, que estaba hospitalizada en Dinamarca durante el inicio de la administración norteamericana sobre su estado, se conecta enseguida con Maratse, que intenta encontrar su lugar en el nuevo orden.
De las conversaciones del policía con la mujer se derivan costumbres y valores del ártico, muy distintos a los criterios de los trabajadores estadounidenses desplegados en Nuuk, la capital de Groenlandia. En la novela, el escudo defensivo de misiles se ha instalado en el norte de la enorme isla, y los habitantes dispersos deben ser reubicados en las zonas seleccionadas por las nuevas autoridades.
Petersen, que aclara que no habla por los groenlandeses, cuenta que ‘Estado ártico’ quiere contar la historia de dos culturas muy diferentes que son forzadas a convivir, “con América asumiendo el poder sobre Groenlandia e intentando entender por qué no les quieren”. “También gira en torno a la lucha por la independencia, el patriotismo, y la amistad, y acaba con esperanza por el futuro, pero un futuro por el que Groelandia ha de luchar”, añade.

Tasiilaq, Groenlandia. /Pixabay
El estado del bienestar groenlandés
Petersen también detalla que los groenlandeses tienen mejores opciones sanitarias y bienestar social y acceso a la educación que los estadounidenses corrientes. “La protagonista de ‘Estado ártico’ vuela a Dinamarca desde Groenlandia para una operación quirúrgica. El estado paga. Esto es normal. Los groenlandeses no necesitan un seguro médico, no pagan por su educación…de hecho, se les paga un subsidio para que estudien. Los estadounidenses podrán proporcionar fuerza militar, pero no pueden competir en salud y educación”.
Volviendo a la realidad con Trump en la Casa Blanca, los líderes políticos daneses y groenlandeses enfrentan una crisis de consecuencias difíciles de predecir. La amenaza de injerencia de Estados Unidos ha revivido a su vez las ansias independentistas de la población árticaque ya es de facto un estado autónomo de Dinamarca, y que en el último siglo ya ha sido objeto intermitente de interés de los norteamericanos, con anteriores propuestas de compra y con la instalación de bases militares durante la Guerra Fría en su territorio.
“Trump ha puesto a Groenlandia en el focoesto da al territorio ártico una posición fuerte respecto a Dinamarca, para mejorar las relaciones entre los dos países y para poner fin a la discriminación racial que existe hoy en día, es algo positivo”, valora el novelista danés.

Base aérea de Thule, en Groenlandia. /Reuters
El precedente de la base de Thule
De todos modos, apunta, si EEUU sigue adelante con sus planes muchos de los malentendidos que describe en la saga podrían suceder, son inevitables, aunque confío en que la historia que cuento sigue siendo una ficción”. Petersen hace hincapié en las amenazas de empleo de fuerza militar que sobrevolaron algunas de las declaraciones de Trump. “¿Para qué iba a hacer falta? los norteamericanos ya tienen una gran base militar en Thule”, indica.
“Thule es precisamente un buen ejemplo de la ‘sensibilidad’ de EEUU hacia Groenlandia”, relata. “Los habitantes de de Thule fueron reubicados a la fuerza desde Thule hasta Qaanaaq para que los americanos pudieran construir su base. Yo viví en Quaanaaq durante dos años. La historia demuestra que cuando los americanos quieren algo en Groenlandia, lo consiguen. ¿Puede la historia repetirse? Espero que no”.
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